Valoraciones sobre «Viaje por la última frontera de Europa»

Enero 2021

Luego de más de seis meses de la salida de mi libro “Viaje por la última frontera de Europa”, me gustaría compartir algunos de los comentarios y valoraciones que he recibido. Son mensajes recibidos a través de Amazon, Goodreads y otras plataformas.

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«Ese era en esencia el espíritu del viajero apátrida: flotar en un mundo que parecía no tener fronteras, pese haber cruzado tantas».

Un diario de viajes muy especial que entremezcla las aventuras y experiencias personales del autor con pinceladas de comentario histórico-político. Cada capítulo supone una nueva aventura en un país distinto: Suecia, Estonia, Finlandia, Bielorrusia, Ucrania, Chipre… y en cada uno de ellos aprendemos más sobre el viajero, sobre sus encuentros y fortuitas amistades y, por supuesto, sobre el contexto del país y las vidas e inquietudes de algunos de sus habitantes. Al final, lo que pretende no es sino descubrirnos lugares que no sabíamos que existían o de los que conocíamos poco más que su nombre.

‘Viaje por la última frontera de Europa’ consigue, gracias a la «inocencia del viajero» y la honestidad que desprenden sus páginas, mostrarnos, sin juicio alguno, otra parte del mundo muy diferente al que estamos acostumbrados.

De Ana Gracia

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Un libro especial y espectacular, escrito en un lenguaje sencillo para que todos los que no sabemos mucho de política ni conocemos esos países más que x lo que vemos en la tele o nos cuentan podamos verlos a través de sus ojos. Su escritor @barrio.viajero ha ido explicando su periplo por su cuenta de #instagram y ya me pareció interesante hasta el punto de hacerle preguntas que me respondía siempre con paciencia y buen humor. Un libro que cumple mis 3 requisitos para cualquier buen libro que se precie #leeydisfruta #leeyaprende #leeyviaja Completamente recomendada su lectura.

De Meraki Agudo

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Muy entretenido y fácil de leer, recomendable para cualquier persona. A parte de narrar lo que le acontece durante el viaje lo complementa con la historia, cultura, costumbres, consejos y curiosidades del país. Además, nos contagia sus ganas e interés de conocer países y a los «camaradas del mundo» abriendo la mente y reflexionando sobre sus vivencias.

En conclusión, un excelente libro para «viajar» sin salir de casa en estos tiempos de confinamiento.

Cristian

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Uno de los libros que más he disfrutado leyendo desde hace mucho tiempo. Hay quien puede pensar que su lectura puede resultar algo tediosa, pero no puede estar más equivocado. La manera de escribir del autor hace que su lectura sea relajada, para todos los públicos. Este libro me ha permitido teletransportarme a los lugares que describe Martín (@barrio.viajero) y conocer más acerca de culturas desconocidas para mí hasta el momento. Ha sido un viaje inolvidable.

Adri Torres

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Entretenido libro del periplo de Martín Madridejos por esos países entre Europa y el resto del mundo que, a veces, no sabemos ni deletrear, ni ubicar. Sabe introducir muy bien la historia de cada país y sus circunstancias. Con buenas citas escogidas, como esta para describir la situación política de Turquía:

«Turquía, un estado postimperial que aún está en proceso de redefinir su identidad, va en tres direcciones: a los modernistas les gustaría ver que se convirtiese en un estado europeo y, por lo tanto, mirar hacia el oeste; los islamistas se inclinan hacia Oriente Medio y al mundo musulmán y, por lo tanto, miran hacia el sur; y los nacionalistas de mentalidad histórica ven en los pueblos turcos de la cuenca del mar Caspio y Asia Central una nueva misión para una Turquía regionalmente dominante y, por lo tanto, miran hacia el este», de Zbigniew Brzezinski.

¿Quién es D.? 😉

Abre y cierra el libro las conversaciones con Juan Martínez el Sueco, el maestro que estuvo allí.

Montse Madridejos

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Pues ya puedo decir con cierto orgullo que he devorado el libro del compañero @barrio.viajero, una auténtica joya a la hora de conocer los difusos límites orientales de Europa. Desde el norte escandinavo hasta el corazón del Kurdistán turco, esta lectura nos ofrece una serie de reflexiones interesantes sobre el pasado, el presente y el futuro de nuestro continente, con un sinfín de anécdotas y la descripción de personajes diversos que hacen todavía más ameno y fresco el relato. Tal y como afirma el autor, «no hay nada como ver la realidad con tus propios ojos y extraer tus propias conclusiones».

Jordi Peralta

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Curiosa ruta por una parte de la Europa del Este tan poco conocida como fascinante narrada por el autor de manera sencilla y entretenida con buena aportación histórica y de los encuentros y visitas que realiza.

Cyranodejavier

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Es un excelente libro que mezcla viajes, análisis y anécdotas. Madridejos es un talento joven a seguir y apoyar.

José Antonio Chozas

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Trepidante. Descubrí el libro en el confinamiento y ha sido un placer leerlo. Muy buena opción para regalar!

Paco Espinosa

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Viaje por la última frontera es un muy buen libro de aventuras para conocer la política actual de países como Suecia, Finlandia, Estonia, Letonia, Rusia, Lituania, Bielorrusia, Ucrania, Moldavia, Rumanía, Bulguaria, Turquía, Chipre y Malta.

Martín Madridejos tiene una escritura y una narración única que en tiempos de Covid-19 me ha permitido viajar por todos esos países.

Xavier Blanco

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A pesar de que traten de encerrarnos en límites fronterizos -más o menos visibles o estrictos según nuestros privilegios-, el movimiento y la pasión por descubrir son características ancestrales del ser humano. El movimiento, la migración y el viajar son parte de nuestra esencia. Pero hay muchas vidas, distintas formas de vivir, y, en consecuencia, distintas formas de movimiento.

Este libro, una ópera prima de Martín Madridejos, a mi parecer, es un relato de quienes viajamos para construir respuestas -las cuales suelen ser más y mejores preguntas-. Respuestas a nosotros y al mundo que nos rodea: política, tradición, cultura y dilemas vitales y experienciales. Respuestas fruto de «barrioviajar»: conversar, callejear, perderse y observar.

A su vez, es un relato humano, sin grandes pretensiones, por unas tierras comúnmente desconocidas, sometidas a un proceso de cambio profundo -tras la caída del Telón de Acero- hacía un presente y futuro incierto: los países que conforman las fronteras entre el continente europeo y asiático.

La improvisación y curiosidad viajera, junto con las contradicciones, cambios convulsos e incertidumbre de Europa del Este y Eurasia, hacen de este relato una ventana a reflexiones y procesos de empatía para aventureros/as reflexivos/as, amantes del movimiento y del aprendizaje constante.

Te invito a leer este relato, vincularlo con tus experiencias y reflexiones y nunca dejar de hacerte más preguntas.

Marina García

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Me ha gustado mucho el libro, muy dinámico y das una descripción sencilla pero muy completa de los lugares.

Castro “Elsolo”

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He acabado tu libro y quiero felicitarte. Me ha gustado mucho. Me ha resultado entretenido y además me ha dado información que desconocía…..soy un poco inculta ya sabes que a los de ciencias nos pasa un poco. Un abrazo.

Rosa

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Es una mezcla de reflexión sociopolítica y búsqueda interior. De hecho, no se diferencian una de otra, siendo ambas el canal de expresión por el qué el autor nos guia por sitios que, aún siendo en Europa ,parecen tanto de otra parte, de otro mundo.

Lo pondría en la sección de libros realistas, cuál dietario de un explorador del siglo XIX, solo que esta vez es por Europa, el explorador tiene apenas 25 años y aunque no lo parezca, todo lo que se nos muestra es el crudo siglo XXI.

El enorme catálogo de citas de distintos escritores y pensadores que se observa en la obra es una delicia para entender de donde se informa este autor tan sincrético a la hora de esclarecer sus neblinas de juicio.

Demasiado recomendable para dejarlo pasar, joder

Otto

Viajar por Cuba

Agosto 2016

Cuba no es un país para mochileros.

La falta de Internet y de un sistema de hostales, así como la existencia de dos monedas, dificultan el hecho de viajar por libre.

En Cuba las cosas funcionan diferente y uno tiene que ser consciente de eso. Si eres un turista blanco occidental, el viaje no te saldrá tan barato y intentarán sacarte el máximo de dinero posible. En líneas generales, habrá aspectos de la cubanía que te saldrán económicos (comer, beber y visitar cosas sencillas), pero otros que no tanto, como el alojamiento y el transporte, aunque también depende de lo avispado que seas y de las ganas que tengas de pasarte horas regateando.

También es importante plantearse qué tipo de viaje quiere hacer uno y con cuánta gente va. En mi caso viajé en grupo, cosa que tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Viajar un grupo permite ahorrar dinero en según qué sitios, por ejemplo en taxis o alojamiento, pero al mismo tiempo es más difícil encontrar suficientes habitaciones o plazas para todos a la hora de dormir o moverse.

Más allá de eso, viajar en grupo supone un enriquecimiento cultural increíble ya que diferentes puntos de vista aportan un mayor conocimiento y un mayor aprendizaje. La mejor manera de aprender es debatir. Y durante el viaje debatimos sobre millones de temas, sumándole el añadido que éramos gente  muy politizada y con cierto activismo político.

Por otro lado, el hecho de ir tanta gente dinamita muchas veces la toma decisiones y lo hace todo más lento y, lógicamente y sanamente, puede haber fricciones. En nuestro caso, más allá de algún momento de tensión, apenas hubo problemas. Se ha de tener en cuenta que pasar 30 días con la misma gente genera conflictos que en algunos casos hacen prosperar y en otros no, pero que son inherentes en nuestra conducta humana.

Para mí hay, principalmente, dos tipos de viajes en Cuba. Uno es el turista clásico que viene la isla a relajarse y no piensa en relacionarse con la gente. Es el turista al que no le interesa la realidad del país y solo piensa en ir a cayos, tomar el sol o estar en Varadero con un mojito en cada mano. O, peor aún, el que va únicamente a hacer turismo sexual.

En Santiago conocí a un italiano que venía a Cuba cada año dos semanas únicamente a follar. Cada día con una diferente. No visitaba nada, solamente iba de la casa a la fiesta y de la fiesta a la casa. Decían por allí que a los italianos les gustan más las negras y a los españoles más las mulatas. Incluso me explicaron que había gente que contrataba a mujeres por dos semanas. Muchos dueños de las casas de alquiler se mostraban inquietos por la situación, ya que, legalmente, cada vez que una persona duerme en uno de sus alojamientos, tiene que notificarlo en una libreta que entregan mensualmente al Estado, siendo éste el mecanismo de control de los viajeros en Cuba.

Además, les sirve para “controlar” la situación de la prostitución, ya que si ven en sus datos que una chica cubana ha estado en muchas casas de alquiler de manera continuada, puede ser que se esté prostituyendo. Lo cierto es que en Cuba hay mucha prostitución y es sumamente fácil y barato. Este tema ha sido una de las mayores decepciones del viaje, aunque ya me habían advertido masivamente al respecto.

El otro tipo de viaje es el que busca conocer la isla en su esencia y busca el contacto con los cubanos. Para ello la mejor manera es hospedarse en casas de alquiler, que te ofrecen habitación para tres por 15-25 dólares. En ellas descubrirás mejor la cubanía, el modus vivendi de los cubanos. Te ofrecerán excursiones, que comas con ellos, que pasees con ellos y podrás charlar con ellos.

Aprenderás más que nunca. Que convivas con cubanos no significa tampoco que vayas a vivir baratísimo, ya que según qué actividades son caras en general. Existe una vida para el turista y otra para el cubano, pero con excepciones. Para dormir en Cuba uno tiene varias opciones, que van desde las casas de alquiler hasta los hoteles y hostales.

El transporte en Cuba es lo más caro. Más allá de las ciudades, donde uno puede usar la guagua baratísima, el viajero tiene tres opciones: taxi, Viazul o colectivos. El taxi es más barato que en España, pero es lo más caro, aunque el transporte es de puerta a puerta. Viazul es la línea estatal de buses de alta calidad, principalmente utilizada por turistas. 

Es extremadamente lenta, ya que para en cada ciudad cinco minutos y es bastante cara. Además, el aire acondicionado está altísimo, así que cuidado con los catarros. También es muy cómoda y para un viaje largo vale la pena. La última opción son los colectivos, buses que utilizan los cubanos para moverse por la isla que resultan muy económicos. Para coger estos buses colectivos uno tiene que preguntar, salen normalmente desde las terminales de buses y cuidado que no os cobren de más.

Viajar por Cuba también puede ser ligeramente peligroso porlo que llaman “la enfermedad del viajero”, pero tampoco es un motivo de excesiva preocupación. Esta enfermedad es debida a los parásitos que lleva el agua en Cuba, a los cuales los cubanos están acostumbrados pero no los foráneos.

Lo normal es que los primeros días estés con cagarrinas, así que mejor no tomar cosas de la calle que lleven agua del grifo. Aun así, nuestro estómago se acaba acostumbrando y finalmente deja de afectarte. Yo estuve la primera semana yéndome “pata pa’ bajo”, pero acabé tolerando la bacteria. Ésta se llama giardiasis, y produce descomposición, náuseas, hinchazón, vómitos e incluso fiebre. Del grupo que íbamos, tres cayeron.

Gastronomía, alcohol y drogas en Cuba

Agosto 2016

La esencia de la gastronomía es la comida criolla, es decir, la que tiene orígenes españoles y a la vez americanos. Si hablamos de comida uno tiene que saber que el plato más consumido diariamente en Cuba y en casi toda Latinoamérica es el arroz con frijoles. 

Los frijoles, también llamados habichuelas, judías, alubias y habas, entre otros, dan el aporte proteico, mientras que el arroz proporciona los carbohidratos. Prácticamente todos los días me alimenté de lo mismo, ya que la dieta es poco variada. En general, este plato suele ir acompañado de pollo o cerdo, así como de plátanos fritos, pepino, yuca, tamales y otras verduras y legumbres.

En Cuba se respeta mucho la comida de temporada, sobre todo en las frutas. Durante el mes comimos mango, papaya, guayaba, plátanos y melón (sandía para nosotros), las típicas frutas del verano. Una cosa curiosa y divertida es que la papaya en según qué lugares de Cuba se llama fruta bomba y, además, el término “papaya” significa “coño”. Las bromas son constantes. Cuando dices “quiero comer papaya”…  Lo dejamos ahí.

En cuanto a la bebida, lo que más gusta a los cubanos es la cerveza y, en menor medida, el ron, sobre todo el blanco. Se ven esencialmente dos marcas de cerveza: La Cristal, de 4,9º, más suave que las españolas, y la Bucanero, de 5,4º, más parecida a las nuestras. La cerveza de pipa la toman en ferias y es bastante más barata, ya que las dos mencionadas anteriormente valen como mínimo un peso convertible (95 céntimos de euro). Lógicamente, también toman agua. Ellos pueden tomar la del grifo, pero a los extranjeros nos puede sentar mal debido a los parásitos que lleva.

En Cuba me hinché a refrescos, todos de la marca Ciego Montero. Tenías de cola, piña, limón y naranja. Además, me gustó especialmente el guarapo, el jugo de la caña de azúcar. En las guaraperas (los establecimientos dónde los vendían), uno podía ver la máquina con la que exprimían el jugo. Esta bebida típica les encanta y cuesta únicamente un peso cubano (4 céntimos de euro).

Recuerdo un momento en el que se paró un autobús delante de una guarapera, bajó el conductor y se bebió uno. Yo siempre que podía me tomaba uno. A primera hora de la mañana beber medio litro de guarapo era un auténtico subidón. Creo que después de Cuba mis niveles de azúcar aumentaron. Además, me aficioné a los jugos de fruta, especialmente al de mango. Por dos pesos tenías un vaso. También son muy comunes los cócteles, que van desde el mojito hasta el cuba-libre.

Al igual que el ron, el tabaco y los puros constituyen una de las esencias de Cuba. Cuando los españoles llegaron a Cuba quedaron maravillados por una planta cuyas curiosas hojas, una vez secas, eran fumadas por los indígenas en sus rituales y con fines medicinales. A partir de allí, el tabaco comenzó a expandirse a lo largo del globo. En Cuba, hoy en día, el tabaco es barato y principalmente se fuma Hollywood (suave) o Popular (fuerte). Por la calle también se ve a gente fumando habanosLa marca Cohiba es la más conocida internacionalmente.


Para concluir, quería hacer una mención especial a la situación de las drogas en el país. En los años de Batista, Cuba era un país que servía para los negocios oscuros de los norteamericanos, en los que las drogas abundaban. Con la Revolución, las drogas se ilegalizaron y se comenzó una lucha contra el narcotráfico. En el libro ¿Cómo ganar la guerra antidrogas? Una respuesta desde Cuba, de Juan Francisco Arias Fernández, el investigador describe la lucha emprendida por la Revolución contra el narcotráfico y el crimen transnacional.

El autor desmonta la gran farsa que supone el negocio de las drogas a nivel mundial y la implicación de los estadounidenses. Pese a la lucha existente, en Cuba existen drogas, pero en menor medida que otros países. En 30 días no vi a nadie fumando un porro y solamente me ofrecieron dos veces marihuana y una vez cocaína. En España suele ser más común.

Rumbo a Albania

Agosto 2017

Albania fue una especie de leyenda a lo largo del viaje. Las historias que habíamos oído hablar del país giraban en torno a la mafia y a los coches de lujo.

En nuestro imaginario colectivo el término “albano-kosovar” está totalmente corrompido, el cual hace referencia a gente delincuente que roba chalets en la Costa Brava. Sin embaro, la experiencia de diez días con la sociedad albanesa fue la mejor ayudante para conocer que ocurre y evitar caer en tópicos racistas y clasistas.

La visita al país supuso un punto de inflexión. Estábamos diciendo adiós –de manera temporal, ya que a posteriori íbamos a ir a Kosovo y a Macedonia- a la antigua Yugoslavia. Nos adentrábamos en un sistema y una sociedad totalmente distintos.

Pese a las diferencias existentes entre eslovenos, croatas, bosnios, serbios, montenegrinos y macedonios, todos ellos comparten un origen étnico común: el eslavo o sur eslavo. Por contraste, Albania y Kosovo son étnicamente albaneses, constituyendo un pueblo muy alejado de Yugoslavia.

El idioma también cambia de manera radical. Mientras que el serbo-croata tiene un origen eslavo y se habla –con variantes- por Eslovenia, Croacia, Bosnia, Serbia, Montenegro y Macedonia, el idioma albanés es completamente diferente. Forma parte de uno de esos idiomas con orígenes desconocidos como el vasco, el húngaro y el finlandés, entre otros.

Por último, la religión también ejerce un papel fundamental. En Albania, al igual que en Bosnia, conviven las tres religiones principales de la zona: la cristiana católica, la cristiana ortodoxa y el islam. La mayoritaria, con más del 50% de población, es el islam, concentrada sobre todo en el centro y este del país. El sur, cercano a la frontera griega, es más cristiano ortodoxo. El norte oriental se muestra más católico. Pese a todo esto, Albania es un país poco religioso en comparación a los demás balcánicos, debido a la influencia comunista de Enver Hoxha.

Nos encontramos, pues, tres grandes diferencias respecto a Yugoslavia: etnia, religión y lengua. Estamos hablando de pueblos completamente distintos, separados por tan solo unos kilómetros.

El caso de Kosovo, sin embargo, se trata de un caso especial. Aunque formase parte de la antigua Yugoslavia era un territorio menos desarrollado y olvidado, habitado principalmente por albaneses y una minoría serbia en el norte del país.

En general las experiencias en el país fueron muy positivas, en la que la hospitalidad y curiosidad del albanés te inundaba y te convertía en un apasionado de la observación y la búsqueda de lo atípico.

Abandonamos Montenegro con mucha tranquilidad. Nuestro colega francés estaba alarmado por si su coche no era capaz de llegar a Albania debido a sus problemas con las marchas. Pero soportó nuestro peso. Nos fuimos alejando paulatinamente de la zona montañosa montenegrina, pasando con el coche por Podgorica, la capital de Montenegro. Se trata de una ciudad muy poco popular en el turismo balcánico. Prácticamente todos los viajeros me habían dicho que no valía la pena, que era una especie de Albacete (con todo el respeto a los albaceteños): una ciudad con poca cosa que hacer y sin placeres estéticos.

Siguiendo por la carretera principal llegamos al lago Shkodër (Skadarsko Jezero en serbo-croata) que hace frontera con Albania. En el norte de Montenegro, debido a la montaña, hay escasez de carreteras, por lo que para ir Albania es recomendable ir desde el sur. Para los apasionados de los mapas, echar un vistazo a las conexiones es sumamente importante a la hora de viajar por la región ya que las zonas montañosas ejercen de barreras naturales y dificultan las conexiones entre países.

Estuvimos bordeando ligeramente el lago hasta que llegamos a la zona fronteriza, con un tráfico abrumador que nos supuso prácticamente dos horas de espera. Los primeros atisbos de Albania comenzaron a aparecer. El ambiente era diferente. En primer lugar, había una gran cantidad de italianos, los cuales bajaban desde su país para disfrutar de las vacaciones en el sur de Albania con económicos precios. En segundo lugar destacaban los coches, en los que había Mercedes, Land Rover, BMW’s, Audis y un largo etcétera de coches de lujo.

La cola avanzaba lentamente, mientras el calor atacaba. Íbamos moviendo el coche por la fuerza bruta porque le costaba mucho arrancar. Era una situación bastante divertida. En el transcurso de la espera se produjo alguna pelea y varios gritos, por gente que intentaba colarse o hacer triquiñuelas. 

Justo antes de entrar al control fronterizo, vimos a lo lejos un Land Rover de lujo con niños siendo registrado, del cual salió el típico hombre de negocios. El coche fue registrado al completo. El puesto fronterizo no daba una gran sensación de seguridad. Había cierta dejadez. Cruzar fronteras se convertía en algo cada vez más divertido y anecdótico.

Paz en Montenegro

Un precioso lago se observaba desde el coche. Enorme y paradisíaco, inspirando una calma pocas veces vista. Por fin habíamos llegado a nuestro destino: Plužine, un pueblo situado en el norte de Montenegro.

La calma en Montenegro nos poseyó de golpe. Después de un turismo puramente urbano, la relajación que supone estar rodeado de montañas, lagos y ríos es indescriptible. Pese a que era época veraniega y tratarse de un lugar de apariencia turística apenas había foráneos, por lo que nuestra ataraxia se pronunciaba aun con más fervor

Al llegar al pueblo no teníamos donde dormir. Habíamos consultado por Internet algún hostal barato por la zona que rondaba los 10 euros por noche. Pero al entrar al pueblo, vimos un cartel que ponía Apartamentos por 5 euros. Procedimos a ir allí y nos encontramos con esa grata sorpresa. Se trataba de un agradable camping situado a unos metros del lago, en el que había varios bungalows. Reservamos para dos noches. Antes de eso estuvimos comiendo un pescado de la zona en un restaurante cercano; una auténtica delicia para nuestras papilas gustativas.

Seguidamente, aprovechamos para darnos un baño en el lago. Nos acabamos metiendo y nos refrescarnos un buen rato. Hacía un clima perfecto, alejado del calor que habíamos pasado. Cuando caía el sol la temperatura comenzaba a descender, llegando a hacer incluso frío. Suerte que llevábamos ropa de abrigo. Con una sudadera y un pantalón largo nos bastó.

Esta calma montenegrina está totalmente relacionada con su historia y su geografía. Se trata de un país completamente rodeado de montañas. De acuerdo a Tamara Djermanovic es “una tierra impenetrable, inconquistable, indomable”. Su pequeño tamaño (600.000 habitantes y 13.800 kilómetros cuadrados, menos que la mitad de Cataluña) le ha permitido aislarse con más facilidad, inclusive en la Guerra de los Balcanes, en la que el país apenas salió perjudicado.

De ahí es conocido el carácter montenegrino. O como dice Jovan Cvijich (un reputado geógrafo serbio) el montenegrino es “de temperamento vivaz, impulsivo y combativo. No aguanta ninguna injustica ni ofensa, siempre dispuesto para la lucha y la venganza”. El montenegrino es principalmente de origen eslavo, de religión cristiana ortodoxa y muy próximo a Serbia. Cabe destacar, además, una característica de este pequeño y desconocido país: su enorme y consolidada afición por el Waterpolo y el Baloncesto, compartida con muchos estados balcánicos.

Sin embargo, Montenegro se independizó de Serbia en 2006, lo que supuso un cambio enorme en todos los sentidos. Desde ese momento, entre otras cosas, su costa se ha convertido en un lugar de vacaciones para los rusos pudientes. Se han construido muchos casinos. A algunos nos sonará de la película Casino Royale de James Bond.

Montenegro obtuvo la membresía en la OTAN en junio de 2017, siendo el 29º país en adherirse a la organización. Una decisión que no sentó bien a Rusia.

En este sentido, Montenegro se ha convertido en un lugar cada vez más turístico. Su costa, de unos 300 kilómetros, es muy parecida a la croata. Gracias a ello ha comenzado a desarrollar sus atractivos. El país resulta más económico y tranquilo que Croacia. A pesar de ello, la costa fue justamente la zona que no visitamos, por cosas de la vida. 

Optamos por otro tipo de turismo de parque natural y disfrute montañero. Al estar hospedados en Plužine decidimos hacer alguna excursión por la zona, ya que teníamos un magnífico coche con el que movernos.

Nos dirigimos a la oficina turística tras dar vueltas por el pueblecito durante media hora, preguntando a la gente donde se encontraba. Las indicaciones de los montenegrinos tenían buenas intenciones, pero la comunicación era un grato problema. Pero al final la encontramos. Estuvimos hablando con la trabajadora y nos recomendó algunas hazañas. Definitivamente decidimos ir a visitar unos pequeños lagos a unos kilómetros más allá.

Las peripecias con el BMW fueron de naturaleza épica. Al únicamente funcionar con la tercera marcha, nuestro conductor tenía que hacer triquiñuelas para hacerlo funcionar. Sorprendentemente, la marcha atrás era la que tenía más potencia, por lo que fuimos desde el camping hasta el inicio del pueblo de esa manera, subiendo una empinada cuesta.

Recuerdo la escena con sorpresa y diversión, ya que los montenegrinos nos miraban atónitos, pero a la vez con una seguridad única. Qué bien conducía nuestro amigo francés mediante la marcha atrás.

Emprendimos dirección a los lagos, que se encontraban unos kilómetros al norte, siguiendo la carretera que rodeaba al pantano. Conforme íbamos avanzando, las cuestas iban aumentando y, consecuentemente, el coche sufriendo. Recuerdo especialmente como tomaba las curvas, con unos acelerones dignos de película de acción. Con una técnica muy acurada. Al final llegamos a la zona base para comenzar la ruta caminando, con el coche convaleciente. Aparcamos al borde de la carretera.

Caminamos unos minutos hasta que llegamos a la “zona de control” en la que había un pastor que te cobraba un euro por ir a visitar los lagos, con el objetivo de preservarlos. Pagamos como buenos ciudadanos, al igual que una familia montenegrina que iba delante de nosotros. Eran las 12-13 de la mañana y comenzamos a caminar por los bosques de la zona: preciosos, densos, tranquilos, solitarios y recónditos.

El transcurso de la excursión fue sumamente emocionante, pero también tuvo sus momentos de sufrimiento. Fue una larga caminata, de unas 4-5 horas contando ida y vuelta, en la que también aprovechamos para darnos un baño en ambos lagos y observar la naturaleza virgen. Pero el problema ocurrió por no tener comida en la mochila, lo que al cabo de las horas repercutió en una creciente debilidad física y mental. El alimento es el combustible. Sufrimos un poco de desnutrición.

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Segundo lago. Rostros de victoria. Foto hecha por Junior.

Llegamos sobre las 18:00 al camping donde dormíamos. Lo primero que hicimos fue ir al puesto de comida que había al lado y pillar todo lo que pudiésemos. Disfrutamos comiendo unos interminables cevapcici.Después de eso, estuvimos jugando un rato a las cartas y seguidamente fuimos a tumbarnos para ver las estrellas. Vimos un par de estrellas fugaces. Me recordó a cuando estuve en Eslovenia.

La paz en Montenegro nos absorbió durante dos días tranquilos e intensos a la vez. Al día siguiente, nos esperaba otro día de viaje. Esta vez solo con nuestro colega francés, debido a que el brasileño se volvía al norte. Nos íbamos a dirigir a la recóndita y desconocida Albania, un mundo totalmente diferente que estábamos ansiosos por descubrir.

La idea de Yugoslavia

Agosto 2017

Nos despertamos congelados en la habitación del hostal. Al salir de nuevo al aire libre, volvimos a notar la exuberante ola de calor. Nos esperaba el último día dedicado a conocer Belgrado. Pensamos incluso en quedarnos más. Pero este era uno de los dilemas. No siempre puedes quedarte allí donde estés bien; a veces tienes que irte y ya está.

Es importante cerrar etapas, y más en un viaje largo en el que conoces a muchísima gente y te tienes que mover. Es una especie de mística viajera que nos afectó durante el viaje. También podríamos explicarlo debido al cálculo racional de nuestras mentes, que eran conscientes de que estar demasiado tiempo en un sitio luego te lo resta a otros. Es decir, que teníamos unos 25 días para ver 6 países más. Y digamos que era un poco justo e inabarcable. Si hubiese sido por nuestro corazón, habríamos estado más. Pero la mente esta vez venció la batalla.

  •  David, ¿Nos quedamos más o qué?
  • Puf, no sé, no sé. Deberíamos irnos.
  • Yo me quedaría.
  • No tío, nos tenemos que ir. Que nos liamos.
  • Venga va.

Para decidirnos, por muchos cálculos racionales que hiciese nuestro cerebro, se basaba al final en la insistencia y la motivación. Por lo tanto, decidimos que era nuestro último día y que mañana partíamos hacia Sarajevo. No sabíamos cómo aun. La opción preferible era autostop, ya que resultaba más económica y más sociológicamente interesante. Debido a nuestra experiencia anterior y el calor sofocante, nos decantamos a última hora por el bus, que salía al día siguiente a media mañana.

Tras nuestros debates acerca del cuándo y dónde viajar, decidimos pasar la mañana en el hostal, descansando. En esos momentos es cuando me ponía a reflexionar, buscando información por Internet, hablando con la gente o leyendo libros. Y es de esta manera, en este pequeño descanso en el caluroso Belgrado, comenzó mi estudio de los Balcanes. Había tratado de escribir en Budapest, pero no conseguí inspirarme, más allá de ciertas notas que apuntaba en mi móvil. Parecía que había llegado el momento en el que podía ponerme un rato con la tablet.

Todo iba bien.

Todo iba relativamente bien para Serbia mientras los otomanos se descomponían, hasta que estalló la Primera Guerra Mundial en 1914 tras el “Atentado de Sarajevo”, con el asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria, posiblemente uno de los acontecimientos más importantes de la historia. La IGM (1914-1917) enfrentó al bloque de la Triple Entente (Reino Unido, Francia, la Rusia zarista y demás potencias) y la Triple Alianza (el imperio alemán, el imperio austrohúngaro e Italia). Las razones de la guerra, ampliamente estudiadas por los académicos, se deben a los profundos conflictos económicos y sociales y las tensiones derivadas de la colonización, que suponía una competición para las potencias europeas.

La IGM fue el máximo exponente de lo que Lenin llamó “imperialismo”, es decir, una nueva fase del capitalismo en la que éste se expande por todo el globo y necesita apoderarse de todos sus recursos. Así pues, Lenin, inspirador de las doctrinas socialistas que acompañaron a la futura Yugoslavia, calificó a la IGM como una “guerra imperialista”, criticando con vehemencia la actitud del imperio ruso. La IGM supuso el inicio de la Revolución rusa (1917), momento en el que Lenin puso en práctica sus doctrinas.  

La IGM volvió a reconfigurar la geopolítica de los Balcanes y se comenzaron a observar los primeros vestigios de la unión de los eslavos del sur. El territorio que ocupaba anteriormente el imperio austrohúngaro fue el lugar en el que se fundó el  Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos (1918), bajo el dominio de Pedro I y posteriormente de Alejandro I.

La configuración de este nuevo Estado fue polémica y se desarrolló con muchas complicaciones, en la que convivieron múltiples grupos étnicos y religiosos. El Reino duró a duras penas hasta 1928, cuando comenzó la dictadura absolutista –con una creciente serbización del sistema- y se creó el Reino de Yugoslavia (1929-1945). Alejandro I organizó el nuevo país solamente durante cuatro años, debido a su muerte por asesinato en 1934. Seguidamente, la familia real siguió ostentando el poder.

Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos. Fuente: Wikipedia

Esta sucesión de trágicos acontecimientos y luchas por el poder fue la regla común que se produjo en los Balcanes desde la caída del imperio otomano. Pero se fraguando con más intensidad a partir de la IGM, con el inicio de lo que E. H. Carr llamó “la crisis de los veinte años”. El historiador británico alertó a los idealistas que, en un sistema internacional inestable, garantizar la paz mundial era un sueño peligroso que podía desembocar en la hecatombe.

Mientras la Sociedad de Naciones (1919) -la antesala de Naciones Unidas-, creada en el Tratado de Versalles para propugnar por la paz y la cooperación internacional, se mostraba inútil e ineficaz, el crack del 29, una gran crisis económica mundial que puso en vilo los principios del capitalismo de libre de mercado, estaba engendrando un monstruo: el fascismo.

Este monstruo, fruto de las contradicciones del capitalismo y herramienta útil para el freno de los movimientos obreros en Europa, influenció a una parte importante de la antigua Yugoslavia.  Las ideas del nacional-socialismo llegaron hasta Croacia, bajo el movimiento ustachi.

La Segunda Guerra Mundial empezó en 1939 y las potencias comenzaron a organizarse. Por un lado, las potencias del eje: Alemania, Italia y Japón). Por otro lado, Francia, Reino Unido, Estados Unidos, la URSS y la República de China. La situación era sumamente complicada e inestable. El ejército alemán avanzaba imparable y había logrado convencer a otras naciones para la consecución de su deseado III Reich. ¿Qué pasaba, pues, con la idea de Yugoslavia, amenazada por el nazismo?

En esos momentos, mientras Serbia se intentaba desprender del yugo nazi, diferentes movimientos políticos comenzaron a organizarse para dar una salida al conflicto. En primer lugar estaban los monárquicos y conservadores, llamados chetniks. En segundo lugar estaba Josip Broz Tito -alias “Tito”- un militar comunista que dirigió al grupo de los partisanos desde el 1941, tras la invasión de los nazis. Mientras se luchaba conjuntamente contra el nazismo, se libraba entre las propias fuerzas serbias el futuro del país que, tras el fin de la guerra, cayó en manos Tito y los comunistas.

A partir de allí nació Yugoslavia, una confederación única hasta el momento. Yugoslavia se  presentaba como un país alejado de la ortodoxia y el centralismo de la URSS, por lo que a los americanos no les molestaba tanto. Más aun, tras la ruptura entre Tito y Stalin en el 1946. Criticado y financiado por las dos superpotencias. Situado entre ellas, ejerciendo de balance. Lo que le llamaron una “vía original hacia el socialismo” bajo el liderazgo de Tito. El socialismo de Tito fue un experimento único, por su componente autogestionario y su lograda multiculturalidad que duró con cierta harmonía hasta principios de los ochenta.

El liderazgo de Tito me sorprendió, ya que a diferencia de la URSS y el pacto de Varsovia, su figura estaba bastante legitimada y aceptada por las diferentes repúblicas yugoslavas.  Decidí comprarme un pequeña estatua de Tito. Un recuerdo con un toque étnico: el marketing postcomunista que impera en los países eslavos ortodoxos. Una muestra, al fin y al cabo, del soft power postsoviético. Y nostálgico, muy nostálgico. Una nostalgia muy común en la vida belgradense.

Nuestro último día tenía que ser intenso. Así que desistí de escribir, como era común ya en mis andares y fuimos a hacer el free tour de la ciudad. Visitamos lo que le llaman el Montmartre (barrio bohemio de París) de Belgrado, llamado Skadarlija, una calle muy bonita con centros de arte, restaurantes típicos y mercadillos. Seguimos visitando la ciudad durante ese lluvioso día que nos hacía verlo todo con otra perspectiva. Se trataba de una ciudad gris por regla general, siendo esta la consecuencia de una historia tan dramática y convulsa. 

Las ciudades grises y nuevas siempre tienden a tener una amplia cultura underground. La gente necesita expresarse de alguna manera cuando tienes un barrio viejo reconstruido. Es ahí cuando sale el arte urbano. Si tus edificios tienen 500 años de historia no los llenarás de grafitis. En cambio, si estos son grises sí.

Después de la visita fuimos a comer con Milan por su barrio, al típico bar-restaurante serbio. Comimos una cantidad impresionante de carne, además de pan, chupitos de rakkia (licor de allí), ensaladas y un largo etcétera. Vamos, un atracón de esos parecidos a los navideños que hacen que tu estómago permanezca funcionando varias horas. Y todo por un precio irrisorio. Nuestra compostura merecía un descanso tras la comilona, pero había quedado para dar una vuelta con la familia de canarios que conocimos en el tren.

Quedamos exactamente en uno de los lugares más impactantes de toda la ciudad: el ex Ministerio de Defensa de la antigua Yugoslavia. Este impresionante edificio fue bombardeado por la OTAN en 1999 y se convirtió en uno de los símbolos nacionales del sufrimiento serbio. Tras la destrucción del edificio, el gobierno serbio puso una gigantesca pancarta para el alistamiento al ejército serbio, con una mujer militar en la portada. Como vemos, las heridas y la nostalgia de Serbia son las consecuencias inevitables del nacionalismo serbio.

De alguna manera, Yugoslavia funcionó más o menos bien y la gente de allí llegó a creerse el proyecto. Pese muchos problemas, como las desigualdades, la diversidad religiosa, la diversidad étnica y las demandas de más autonomía, la idea yugoslava aguantó durante un tiempo, pero acabó de una manera trágica: la guerra. Y concretamente, una guerra muy sangrienta y que ha dejado muchas heridas abiertas. Por lo tanto, Yugoslavia fue un experimento que pereció, que dejó muchas huellas en las mentes sudeslavas. 

Tras visitar las famosas ruinas de Belgrado, paseamos a lo largo del río Danubio y estuvimos al lado de uno de los puntos por donde pasa la ruta en bicicleta del Danubio, una de las más conocidas a nivel europeo. Así que si hay algún interesado en recorrer Europa en bicicleta, que sepa que esta es una de las mejores opciones.

El calor se iba yendo y anochecía, por lo que volvimos de nuevo a Svezdara para despedirnos de Milan. Debido a nuestro uso fraudulento del transporte público en Belgrado, nos llegamos incluso a conocer cómo funcionaba, a grandes rasgos, el servicio de buses y tranvías. Así que quedamos y fuimos a tomar las últimas cervezas. Fue un momento muy emotivo. En apenas unos días habíamos comenzando una relación de amistad que dura hasta el día de hoy. Y despedirse, cuando las cosas suceden con mucha intensidad, es duro. De hecho, no nos queríamos ir de Belgrado. Pero debíamos. Al día siguiente, sobre las 12:00 del mediodía nos dirigiríamos hacia Sarajevo (capital de Bosnia) en bus.

Budapest nocturno

Agosto 2017

Llegar a una ciudad por la noche es complicado. Cuando algo no te resulta familiar es más difícil adaptarse y orientarse. Y cuando la gran Budapest te come por la noche yendo en solitario, solamente puedes ser apañado y utilizar la gran herramienta del mochilero: la pregunta. Preguntando se consiguen las cosas, muchas más de las que el GPS puede darte.

A veces, las simples preguntas se convierten en actos de gran generosidad por los locales de la zona, que valen más que cualquier algoritmo que te pueda ofrecer google. Mi desorientación, a la vez que emoción, era tal que no sabía ni donde pillar el autobús, así que tuve que preguntar a un funcionario que, mediante señas pudo ayudarme. Casi una hora más tarde llegué al hostal, y en el camino ya me ofrecieron drogas en cada calle. .

Tenía muy buenos recuerdos de Budapest, que en esas épocas destacaba por el extremo calor. Estaba en pleno barrio judío, que coincide con la zona fiestera de la ciudad. El hostal estaba literalmente metido en un bar, como uno que estuve en Cracovia hace años, un party hostel que no me gustó nada.

Enfrente del Danubio. El parlamento detrás.

Llegué, hice el check-in, dormí a duras penas por el ruido, y fui a desayunar, a la vez que conocí a una uruguaya que llevaba un año viajando. Cuando crees que has oído la historia más impresionante, otro nuevo mochilero te cuenta otra que te deja boquiabierto.

En Budapest aproveché para ir al Museo del Terror, en el que se narra el pasado comunista y nazi de Hungría. Por un precio asequible (unos 3 o 4 euros con carnet de estudiante) uno puede visitar el enorme y bien detallado museo, que poseía una gran cantidad de información. No voy a decir que el museo me gustó especialmente, ya que me parece una falta de respeto comparar al nazismo con el comunismo.

Tras el comunismo en en Hungría se impuso la democracia liberal, hoy en día gobernada por el ultraderechista Orban, famoso por sus políticas antirefugiados. A la derecha de Orban está Jobbik, un partido abiertamente nazi. En toda Europa del Este ha habido un auge muy grande del populismo de derechas, y en Europa Occidental está cada vez más presente.

Los otros días estuvieron marcados por una extrema socialización en el hostal en el que nos hospedamos, después de la llegada de mi amigo. Estábamos enfrente del río Danubio. El hostal no estaba muy bien gestionado ya que no tenía ningún tipo de control de entradas y salidas, solamente algunos administrativos que estaban en la parra. Por la noche ponían a un tío con muy mala leche durmiendo en una hamaca fuera del hostal.

Cuando uno está de hostales se harta a conocer gente. En la primera noche el hostal estaba repleto de alemanes, australianos y holandeses, que formaron un guetto anglosajón, formado por blancos de piel, nivel de inglés perfecto y poder socioeconómico elevado.

De hecho, la nacionalidad es clave para la socialización, ya que de ahí sacamos el primer prejuicio. Después, la persona nos podrá sorprender, pero en general, mal que pese, los tópicos de toda la vida se cumplen. Españoles ruidosos, argentinos psicólogos, italianos modernos, australianos egocéntricos, etc.

Al día siguiente el hostal fue dominado por lo latino, con la lengua española como hegemónica. Nos juntamos de bascas, catalanes, argentinos, un canadiense y un ruso. Hubo un desequilibro norte-sur en ese hostal, una pequeña lucha de clases a nivel internacional. La tarde se fue animando y salimos de fiesta por el barrio judío, primeramente a un bar enorme con grafitis y luego a una discoteca.

Pasamos en dicho hostal en Budapest un total de tres noches, hasta que partimos hacia Serbia haciendo autostop. Digamos que aquí comenzó la auténtica aventura, la Odisea Balcánica. Cuando partimos del hostal hacia las afueras de Budapest no teníamos nada en mente, solamente un host que había encontrado por BeWelcome (una aplicación similar a CouchSurfing) que nos dejaba alojamiento gratuito dos días.

Mediante la página web hitchwiki.org, una Wikipedia para autostopitas, localizamos una de las mejores paradas par hacer autostop. Así que fuimos y nos encontramos a otros dos grupos de autostopistas, todo chicas. Dicen por ahí que es más fácil siendo mujer, pero a la vez más peligroso.

En general la gente no suele raptarte y llevarte a casa para descuartizarte. Al revés, seguramente será una experiencia increíble a nivel sociológico, y las historias y la amabilidad que desprenderán te sorprenderán.

Tras 1.30h esperando, una mujer húngara nos recogió. Teníamos un cartelito que ponía Serbia y Szeged. Partimos hacia Belgrado por la mañana y llegamos por la noche al día siguiente. ¿No decían que el autostop era fácil?

Mientras tanto, mi padre me envió un mensaje avisándome de la ola de calor que acaecía en los Balcanes, llegando a cuarenta grados en Belgrado. Pero sí, tras dos días largos y duros, pero increíbles a nivel de anécdotas y aprendizaje vital, llegamos.