El gran bazar del ferrocarril (1975) de Paul Theroux

Marzo 2020

Un clásico de la literatura de viajes, en el que el viajero Theroux da una vuelta completa por Asia, empezando en Londres y tomando el famoso Orient Express, luego pasando por Turquía, Irán, Afganistán, India y el sudeste asiático, y finalmente por Japón y con el transiberiano ruso, de Vladivostok a Moscú, hasta llegar a Londres de nuevo. En total cuatro meses de viaje centrados en la idea del tren, un bazar donde ver un vivo retrato de un país.

Muy bien escrito y con constantes diálogos, Theroux te hace sumergir en su personal viaje, mezcla de euforia y frustraciones. El tren es fascinante, pero también fatigante ¡Y cuánto ha cambiado todo desde entonces! Existía Yugoslavia, el Sha permanecía en el poder, Afganistán no estaba en guerra, Vietnam estaba destrozado y Rusia era aún soviética.

Mi viaje al sur de Asia (1990) de Jorge Sánchez

Febrero 2020

Este libro debería ser obligatorio para cualquiera con ganas de explorar el sur de Asia. Confieso que he leído varios libros de él pero esta aventura de casi un año por los mundos de dios me ha dejado atónito ¿Por qué el ser humano toma tantos riesgos en busca de lo desconocido?

Jorge es único y posee habilidades ganadas de una vida viajera y gallarda: viaja casi sin dinero y sin equipaje, aprender las lenguas locales, penetra en lugares prohibidos, convive con monjes de todas las religiones… en su eterna búsqueda del Conocimiento mediante viajes por el mundo. En este periplo lo encarcelan en Afganistán por entrar ilegalmente, se hace trekkings con mocasines y se une a los tamiles en Sri Lanka, entre otras anécdotas.

¡Hay momentos en los que temí por su vida, qué osadía! Pero además de las constantes aventuras, Jorge hace un extenso ejercicio antropológico describiendo a las gentes y a las religiones de la región, interesándose en el misticismo del Islam, del Hinduismo y del Budismo.

Libros en las fronteras de Europa

Diciembre 2019

Una de las aficiones que consolidé durante el viaje fue acudir a librerías y a bibliotecas.

Las razones son dos.

En primer lugar, para estudiar; estos lugares son tranquilos y hay libros que uno puede leer de manera gratuita.

En segundo lugar, para saber a dónde miran los países; buscaba ediciones en inglés o accesibles para extranjeros. Era una manera de ver como de accesible era el país para los que venían de fuera.

Los libros son mágicos. Son de los mejores acompañantes de viaje (leí varios durante). Me considero un aficionado a los libros.

A continuación se muestran fotografías sobre 15 lugares donde hay libros, en diferentes países a lo largo de las fronteras de Europa.

La biblioteca de El Sueco, en Gotemburgo (Suecia)

Juan, alias «El Sueco», tenía una extensa biblioteca, principalmente situada en su salón. Había libros de todo tipo; historia, novelas y filosofía. Destacaban los libros sobre marxismo. Había una gran cantidad de libros en sueco y en alemán, algunos en francés y ruso, y también muchos en español. Indagué en ellos. Me estuvo enseñando acerca de la revista popular de su pueblo, Quesada, donde había escrito algun que otro artículo (y mi abuelo también). Recuerdo un texto ficticio que leí que Juan escribió y que todo el pueblo le creyó, causando un gran revuelo.

El Sueco me habló de Ángel Ganivet, autor de la generación del 98 y diplomático, siendo el primer español en tener memorias escritas sobre los países nórdicos. Leí «Cartas finlandesas» de finales del siglo XIX y no me pareció que distara mucho de la realidad actual.

Academic Bookstore, en Helsinki (Finlandia)

Tras pasear un rato por Helsinki me fui en busca de una librería, para hacer algo de tiempo mientras esperaba a unos amigos. Academic Bookstore era gigantesca, silenciosa y bien iluminada. En primer lugar me dirigí a la sección de libros en inglés, donde había novelas y libros de historia y política. Todos ellos eran principalmente de ediciones inglesas y estadounidenses, y tenían los mismos precios que en esos países. Tenían muchas estanterías. Los finlandeses hablan muy buen inglés y miran al mundo exterior.

Luego fui a la sección de libros sobre Finlandia, y ojeé alguno de fotografía, hasta que por fin encontré uno de historia general, y estuve leyendo una hora. Había un café en el piso superior pero era muy caro, así que no consumí.

Biblioteca de Marko, Tallin (Estonia)

Marko fue un estonio que me acogió en su apartamento en Tallin. Era un día lluvioso, estaba oscuro y me costó encontrar el lugar. Su piso estaba al lado de un descampado.

Mi host era un tipo especial. Ya casi en sus cuarenta, me explicó que tras una «vida modélica», en la que estudió en Estados Unidos y se dedicó a la comunicación política para un partido, lo dejó todo para estudiar budismo en Tailandia. Así pues, desde hace diez años pasa las épocas invernales en una isla tailandesa, aprendiendo sobre la meditación budista. Hoy en día se dedica al coaching, y ayuda a introducir el mindfulness (la meditación budista para occidentales) en la vida profesional.

Marko era un tipo muy relajado, con una casa humilde, vegetariano, con pareos de budas por la casa y con música trance. Mientras hablábamos sobre religiones y política internacional, me explicó que cualquier persona independientemente de su religión podía adoptar postulados de la meditación budista e incorporarlos a su vida diaria. Me transmitió buenas sensaciones y me recomendó algún libro, por si quería conocer un poco más acerca del budismo.

Librería (no recuerdo el nombre), Riga (Letonia)

Llegué a Riga en autostop; me llevaron unos pastores protestantes que rezaron por mí. Lo primero que hice al arribar fue caminar, comprar unos bollos y un café en una panadería, hasta que encontré esta librería, cercana al centro de la ciudad.

Creo recordar que no había ni un título en inglés. Todo estaba en letón o en ruso. Parecía que había algún libro interesante de historia, pero era inaccesible para mí. Allí comencé a pensar que si quería viajar más libremente por el mundo postcomunista debía aprender ruso.

En Letonia noté un cambio importante. A diferencia de Estonia el inglés estaba menos presente, tanto en la gente como en sus libros. Luego, posteriormente, encontré algun lugar donde había libros en inglés.

Biblioteca Nacional de Letonia, Riga (Letonia)

Me costó llegar a la Biblioteca Nacional. Se encontraba al otro lado del río. Me metí por el lado equivocado y tuve que hacer malabarismos para llegar; no había pasos de peatones y el tráfico era caótico.

Al llegar había una estatua que expresaba calma y tranquilidad. Entré en la biblioteca, la más grande de la país con unos 5 millones de libros y paseé por el vestíbulo ya que no se podía acceder más allá. Estaba limpia y era bonita por dentro, mientras que por fuera parecía demasiado mastodóntica.

Había dos exposiciones gratuitas sobre la historia de la biblioteca, que fue fundada en 1919 tras la parcial independencia del país. Los planes de la nueva biblioteca databan de los años treinta, pero no fue hasta 2014 que se abrió este moderno edificio.

Librería Catarsis, Kaliningrado (Rusia)

Tras una búsqueda exhaustiva en Kaliningrado por fin encontré esta agradable librería, situada en el centro de la ciudad. Parecía la más moderna, o por lo menos la más accesible. Era tipo «hipster» y se podía tomar café en una terraza. Hacían presentaciones de libros.

Sin embargo, no encontré nada en inglés. Estaba todo en ruso. Solamente había algun libro de gramática de otros idiomas. Había muchos libros y parecían muy interesantes. La industria rusa parecía muy potente; era como un universo al que no podía acceder, pero quería. Eran muy baratos en comparación a las ediciones anglosajonas.

El ruso es un idioma poderoso y hegemónico, y la población rusa es principalmente monolingüe. El mundo exterior anglosajón queda más lejos; sus ideas y sus libros cuesta más encontrarlos. Cosas de la política internacional.

Mint Vinetu, Vilnius (Lituania)

En Kaunas conocí a una chica en un hostal, con la cual estuve «tocando» música, que me recomendó algún lugar en Vilnius. Le pregunté por librerías y me dio el nombre de ésta.

Una vez en la capital lituana, junto a una amiga japonesa que hice, fuimos a este café-librería. Era bonito, coqueto, con un buen y caro café. Yuriko, la chica japonesa, estaba enamorada de Cataluña. Su novio era catalán, como yo, y sabía palabras en catalán, cosa que me hizo mucha ilusión.

En otra ocasión volvería a esta librería en solitario.

Bukinist, Minsk (Bielorrusia)

En la capital bielorrusa me costó enormemente encontrar libros. Sobre Bielorrusia apenas había nada, y lo que había estaba en ruso. En aquel entonces solamente buscaba una novela para leer, nada en concreto.

Gracias a mi amiga Lera, que conocí mientras me tomaba una foto enfrente de una estatua de Lenin, logré encontrar algo. Me llevó a Bukinist, cerca del mercado de Minsk, y encontré algunos libros de segunda mano. Me compré uno de una niña esquimal que al final no acabé leyendo. Lo perdí en algún lugar.

Realmente, encontrar información de un país hermético como Bielorrusia era una ardua tarea.

Bookstore Ye, Lviv (Ucrania)

Al llegar a Lviv me fui directamente al centro de la ciudad, paseé y me detuve en una librería llamada Ye, que resultó ser una cadena.

Después de Rusia y Bielorrusia, el material se encontraba mucho más accesible. Había libros sobre Ucrania de ediciones anglosajonas. Ucrania recibe más turistas y pretende acercarse más a Europa. Luego había libros en ucraniano y ruso. Me dijeron que Lviv era la capital cultural de Ucrania.

En concreto, avisté un libro que me llamo la atención llamado «The Gates of Europe: A History of Ukraine». Me senté en un sillón y me puse a leer. Tenía muy buenos mapas y aprendí cosas de Ucrania muy interesantes, como su papel repeliendo a las invasiones nómadas que atravesaban las estepas euroasiáticas o su pasado cosaco.

Cărturești Brașov, Brasov (Rumanía)

Brasov fue una ciudad que no me gustó, ya que más allá de la montaña tenía poco atractivo, además de ser cara y muy turística. Así pues, fui a esta librería en busca de material y encontré un libro sobre Rumanía de Robert Kaplan, uno de mis autores preferidos.

Me pasé unas horas leyendo, fui a cocinarme una sopa de patata y tomate, y a la tarde volví a leer. Me leí el libro entero en un día. Robert Kaplan tenía una pequeña obsesión con el país; para él, que había vivido y visitado varias veces, Rumanía era una especie de experimento que combinaba el «comunismo ortodoxo» con la «latinidad».

Carturesti Carrusel, Bucarest (Rumanía)

En Rumanía la presencia de librerías era mayor que en todos los países que había visitado anteriormente. Encontrabas librerías de segunda mano, otras normales y otras más modernas. Y había libros en inglés, muchos de ellos a precios más accesibles de lo que creía. Además, volvía a ver alfabeto en caracteres latinos, por lo que sea hacía todo más fácil. Parecía que la cultura se promovía más!

Carturesti era una librería espectacular, preciosa, señorial. Tenía una gran bola del mundo colgada en el techo. Me pasé una hora leyendo en unos de sus sillones ojeando libros de política internacional.

Хеликон (Khelicon), Plovdiv (Bulgaria)

Fui a Khelicon a eso de las 5 de la tarde, para hacer tiempo mientras esperaba mi bus hacia Estambul, que salía a media noche. Llovía, estaba muy cansado y resacoso, por lo que busqué refugio allí.

Me puse a buscar libros y encontré algunos, pero finalmente pillé un Atlas y comencé a estudiar sobre la geografía de Turquía. Me senté en un sillón, y al cabo del rato una trabajadora me llamó la atención diciendo que estaba sentado en una mala posición. Me recoloqué para no causar inconvenientes.

Notaba que esa desagradable trabajadora me miraba, como si fuese un gorrón que leía gratuitamente. Media hora más tarde vino hacia mi y me quitó el Atlas de las manos agresivamente, y me invitó a irme de la librería. Protesté efusivamente y me fui muy enfadado. En general, el «servicio» en Bulgaria dejaba mucho que desear.

Mephisto Bookstore & Cafe, Estambul (Turquía)

Ese día en Estambul tenía ganas de estudiar. Primero fui al museo de la casa de Atatürk, pero estaba todo en turco. Era el único visitante, y entré en una pequeña biblioteca con cientos de libros de Atatürk, pero solamente encontré uno en inglés, de un diplomático argentino. Era una biografía muy bondadosa con el fundador del estado turco.

Luego fui a Beşiktaş, un moderno barrio de la ciudad, para visitar otro pequeño museo de Atatürk. Era gratuito y estaba todo, otra vez, en turco, por lo que prácticamente di media vuelta. Luego me tomé un café turco mientras leía el Corán. En Beşiktaş había un ambiente juvenil y progresista.

Mientras caminaba vi por casualidad la librería Mephisto y fui en busca de libros. Quería comprarme uno para que me acompañase en Estambul. Encontré varios, algunos de ediciones anglosajonas y otros turcos, mucho más baratos. Había buenos libros, muchos de ellos en inglés, sobre asuntos turcos. Pillé unos cuantos pero al final no adquirí ninguno; estaba esperando recomendación de algún turco.

Durante ese rato pillé «Chaotic Uncertainty: Reflections on Islam The Middle East and The World System» de Wallerstein, un autor de referencia para mí, y leí los capítulos dedicados a Turquía.

En Estambul se podían encontrar muy buenos libros.

Biblioteca SALT Galata, Estambul (Turquía)

Tenía este centro cultural al lado de mi hostal. Era un lugar señorial, antigua sede bancaria durante el periodo otomano, hoy reformado.

Se tenía que cruzar por un detector de metales. Creía que me pedirían carnet universitario, pero no (en otros lugares me habían rechazado por no poseerlo, como en la universidad). Entré y pillé un libro de una diplomática sueca sobre el paso al autoritarismo de Erdogan. Estuve leyendo un buen rato.

D&R, Ankara (Turquía)

Tras haber subido a Ankara Atakule, una torre desde la cual se contempla a la ciudad, Alex me llevó a esta librería, la mejor de Ankara según ella, situada al lado del lago de los cisnes, el único lugar en la ciudad donde está permitido beber alcohol.

La librería era grande y tenía varios pisos. Había variedad y muchos libros baratísimos en inglés, pero excesivamente propagandísticos del gobierno turco. Pensé que podrían ser interesantes para conocer una visión de Turquía, pero finalmente compré uno del mejor novelista turco contemporáneo, Orhan Pamuk.

Cuba y el mundo exterior

Agosto 2016

Cuando veía botellas de Heineken o helados Nestlé en algunos establecimientos significaba que Cuba tiene relaciones comerciales con esas empresas multinacionales europeas.

Pero la política internacional es mucho más compleja. Pensar en términos individuales (“yo haría”) es imposible cuando hablamos de Estados; estos son los actores más poderosos del sistema internacional. Lord Palmerston, un importante político británico del siglo XIX, pronunció está frase: “Las naciones no tienen amigos ni enemigos permanentes, solo intereses permanentes”. ¿Hasta qué punto es cierto?

Pero vayamos al kit de la cuestión. Cuba ha sido, sobre todo en el periodo de Guerra Fría, un elemento distorsionador del sistema internacional. En comparación a sus países vecinos, que sufrieron golpes de Estado y expolio económico, Cuba plantó cara a los norteamericanos y sirvió de referente a toda latinoamérica en su lucha contra el imperialismo.

Después del triunfo de la Revolución y la nacionalización de los medios de producción, los americanos establecieron un bloqueo económico total sobre el país. La confrontación Cuba – Estados Unidos fue constante.

La perla del Caribe se convirtió, tras los sucesos de Playa Girón y Bahía Cochinos, en uno de los principales aliados de la Unión Soviética, siendo así su satélite geopolítico por excelencia en América Latina. Fidel Castro se declara definitivamente socialista. Famosa fue la crisis de los misiles de octubre de 1962, el “momento más tenso de la historia”, como dicen algunos. Las relaciones políticas, militares y económicas (venta de azúcar principalmente) fueron constantes en ese periodo.

Cuando hablaba con un cubano sobre el tema, explicaba el cariño que le tenían a los rusos por todas las ayudas que les habían proporcionado.

Después de la caída de la URSS, las relaciones entre los dos países desaparecieron. El vínculo socialista-revolucionario desapareció, Rusia tomó otro rumbo y entró en una grave recesión. La pérdida del gran aliado también sumó a Cuba en una grave crisis -periodo especial en tiempos de paz- y en un aislamiento internacional.

El bloqueo económico de Estados Unidos se hizo más fuerte a partir de ese periodo, empeorando aún las relaciones entre ambos países.  Cuba comenzó entre finales de los ochenta y principios de los noventa a cambiar su modelo económico y adaptarse así a su supervivencia en un capitalismo cada vez más globalizado. Cuba comenzó a reinventarse a partir de 1997, incentivando el turismo y la inversión extranjera, así como estableciendo relaciones con la Venezuela de Chávez.

Las relaciones con Estados Unidos se mantuvieron muy tensas hasta la visita de Obama en 2014, durante la cual ambos países se comprometieron a mejorar las relaciones económicas y diplomáticas. El bloqueo económico sigue en pie, aunque de manera menos pronunciada. Por ejemplo, desde este verano existen vuelos comerciales entre Cuba y Estados Unidos. Antes no se podía volar a la isla haciendo escala en aeropuertos estadounidenses. 

Un día paseando por el Malecón en La Habana vimos la contundente embajada de Washington. Otro tema que sigue siendo muy polémico es el de la base naval de Guantánamo, situada en el sur de la isla, acusada de una violación sistemática de los derechos humanos.

La influencia de los norteamericanos es cada vez más palpable. Taxis, pañuelos, camisetas, pantalones y gorras con la bandera de las 50 estrellas se observan constantemente. Se escucha frecuentemente música hip hop americana y se ven videoclips rodados en Miami en yates y mansiones de lujo de reguetoneros cubanos. Cruceros que paran en el puerto de La Habana. Gente que adora Estados Unidos.

Aun así, la relación entre ambos países separados por un canal marino de apenas 100 kilómetros es de amor y odio. El discurso del bloqueo y el imperialismo es muy común entre los cubanos.

Internet esta cada vez más presente. Lento y en ciertas zonas, sobre todo en parques, llenos de turistas y cubanos que desean conectarse. Para poder entrar a Internet uno necesita una tarjeta ETECSA, la empresa de telecomunicaciones del estado, que cuesta 2 CUC en tienda y 3-4 si te lo venden por la calle y dura una hora. En ella tienes un código y una contraseña larguísima. Dependiendo del móvil, puede costar bastante conectarse, pero casi todo el mundo lo acaba consiguiendo. Desde el 1996 existe conexión, pero solamente desde hace muy pocos años la ciudadanía puede conectarse.

La política exterior cubana es conocida mundialmente por su altruismo y por su cooperación internacional al desarrollo. Me compré un libro llamado Cooperación vs Cooperación. Ayuda Oficial para el Desarrollo, de Roberto Smith, en el que se hace una investigación sobre las diferentes realidades de la AOD.

El autor explica que la cooperación internacional de los países occidentales “tiene un desempeño especial en su estrategia general para mantener y ampliar su influencia en los receptores”. Desde la Revolución, comenta Smith, “un país pequeño, subdesarrollado y bloqueado, ha sido trascendental en el apoyo al vencimiento de la expresiones más perseverantes del subdesarrollo en los países del tercer mundo a través de la cooperación”.

Es decir, la política exterior cubana está marcada por un énfasis en la solidaridad con países subdesarrollados, dándole mucha importancia a la cooperación sur-sur. Algunos dirán que el país lo hace para “quedar bien y no fijarse en sus asuntos internos” o para “propagar revoluciones en otros países”, pero lo cierto es que su cooperación al desarrollo ha sido constante y ejemplar en muchos aspectos, pese a la carencia de recursos que tienen.

Cuba, por ejemplo, fue el mayor impulsor de la lucha contra el ébola en la crisis ocurrida hace un par de años y ayudó a poner al fin al Apartheid sudafricana. La de misiones en las que ha participado el país, sobretodo en la época de la Guerra Fría- en materia de ayuda humanitaria, enviando médicos y centros hospitalarios, en catástrofes naturales y conflictos, es enorme.

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Famoso cuadro sobre la Revolución

Para concluir, trataré el tema de la inmigración en Cuba. Comúnmente se dice que “todos los cubanos se quieren ir”, pero ¿hasta qué punto es cierta la afirmación y qué esconde detrás? Durante los 30 días que estuve en Cuba me encontré a mucha gente que no quería irse del país y que vivía feliz en él, aunque también hablé con gente que sí quería marcharse.

Conocí a una que estaba tramitando la nacionalidad española para así poder ir luego a México y cruzar la frontera para llegar a EEUU. Para que un cubano pueda salir de la isla necesita disponer de un pasaporte (muy caro para ellos), un permiso y el dinero necesario para viajar. Hasta hace poco tiempo, estas leyes eran bastante más restrictivas, enfocadas de acuerdo a la seguridad nacional del país. Sí que es cierto que existe una diáspora cubana, sobre todo en Estados Unidos (1,5 millones, la mayoría en Florida) y en España (130.000 aproximadamente).

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Santa Clara

Pero vamos a ir más allá para comprender mejor el fenómeno. Según Antonio Aja en Al cruzar las fronteras, tenemos que saber que Cuba es un país de migrantes. La mixtura cultural de norteamericanos, españoles, franceses, jamaicanos, puertoriqueños, asiáticos y etcétera es importante.

Con la Revolución, los patrones migratorios cubanos se rompieron, “con lo cual cobraron un protagonismo central los elementos políticos y económicos motivados por la propia evolución del proceso revolucionario”. A partir de allí, muchos sectores abandonaron Cuba, sobre todo la burguesía cubana, cierta clase media y amigos del régimen de Batista. En los años sesenta se registraron casi 400.000 cubanos en Estados Unidos. En las tres siguientes décadas, se fueron una media de 150.000. En general, la inmigración de Cuba a Estados Unidos ha sido notoria, pero no constante, sino por épocas.

En los años noventa, por ejemplo, el “periodo especial” y la mala situación propiciaron el fenómeno. Cabe decir que el hecho de la existencia de una diáspora tan grande es una factor negativo para el país, famosas son las balsas cubanas. Es peligroso incluso para su estabilidad y su seguridad nacional. Es decir, un país no puede permitir que todos los ciudadanos se vayan a otros a vivir.

La facilidad que tiene un cubano para obtener residencia norteamericana -bajo el supuesto de refugio político– dista mucho de la realidad que viven los millones de inmigrantes mexicanos.

Aja comenta que “La esencia de Cuba como un país de migración, muestra que todos los cubanos son actores o se relacionan de diversas formas con la migración. Descendemos de inmigrantes y nos vinculamos con los que emigran desde la Isla a través de fuertes relaciones familiares y personales; las circunstancias históricas y de la vida política marcan la conformación de una cultura de la emigración, en un mundo donde la movilidad de la población a escala internacional constituye uno de los problemas globales de mayor complejidades

Música, baile, religión y arte en Cuba

Agosto 2016

 Lo primero en lo que pensamos cuando aparece la palabra Cuba es la música y el baile. Tienen un ritmo impresionante. En cada esquina, en cada bar, en cada lugar, suena música. Sea el precioso son cubano o el reggaetón. Fijaos la de géneros musicales que nos dijeron: guaracha cubana, changui cubano, yuka cubana, palo cubano, mozambique cubano, dengue cubano, conga cubana, son cubano, rumba cubana, salsa cubana, casino cubano y el guaguanco.

Y es que esa mezcla de culturas hace que musicalmente Cuba sea increíble. Hay miles de grupos musicales y el Estado lo fomenta mucho. Los instrumentos típicos son las maracas, el tres (una guitarra de tres cuerdas), los bongos, el contrabajo, las claves y el güiro. De Cuba han salido músicos de renombre como Benny Moré, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Celia Cruz, Antonio Machín, Sara González y los conocidísimos Buena Vista Social Club.

El reggaetón ha llegado con mucha fuerza al país desde hace unos 10-15 años. Escuché muchas críticas al mismo, pero está totalmente aceptado en la sociedad y es la música más escuchada por los jóvenes. Pero es que los mayores se saben algunos temas. Un cubano me lo describió así: “El reggaetón ha invadido Cuba”. Aprendimos a convivir con eso y algunos –lo reconozco- acabamos enganchados a algunas canciones.

Además de cantar y tocar instrumentos, a los cubanos les encanta bailar, sobre todo la salsa, que combina el son, el jazz y otros ritmos latinos. Otro aspecto que me llamó la atención fue el amor que le tienen al flamenco. Camarón y Paco de Lucía son ídolos. La fiesta y los carnavales constituyen una de las esencias de Cuba. Concretamente el de Santiago de Cuba dura más de un mes.

En el deporte los cubanos son especialmente buenos, pese a ser solamente 11 millones de personas. Se trata de un aspecto que potenció mucho la Revolución y que se traduce, por ejemplo, en los buenos resultados que obtienen en los Juegos Olímpicos.  El deporte más practicado es el béisbol-por cierto, me compré un bate-, pero también son especialmente brillantes en atletismo, boxeo, lucha grecorromana, judo y voleibol. Es el segundo país americano con más medallas, solamente superado por Estados Unidos. En el medallero histórico de los JJOO ocupan el lugar número 18.

La religión en Cuba también me acarreó mucho debate interno. Cuando el papa Francisco visitó La Habana el pasado febrero, miles de personas fueron a a recibirlo. Incluso vi todavía pegatinas y carteles del aquel viaje. Muchos deben pensar que como Cuba es un país socialista desde hace más de medio siglo la religión ha dejado de existir.

Pero no. Aunque la religión no tiene mucha influencia en el Estado, en Cuba la gente es religiosa, sobre todo catolicismo, a lo que hay que sumar una gran dosis de santería traída desde África por los esclavos negros. Es lo que llaman sincretismo. Conocí a varios ateos, aunque tuvimos las típicas conversaciones de “Dios fue el primer comunista” o “los valores del cristianismo, bla bla”.

Algo que nos sorprendió fue el tema de la santería. Iba caminando con un amigo por el Malecón habanero cuando apareció una mujer que llevaba una sandía envuelta en una bolsa de plástico y la tiró al mar. ¿Qué carajo? Le estuvimos dando vueltas, confiados de que eso no era una expresión de la educación cívica cubana. Seguimos preguntando y nos dijeron que la santería es una creencia muy extendida en Cuba, de orígenes africanos, basado en rituales.

Los orishas son los dioses que median entre Olofi -similar al dios cristiano- y los creyentes. Atando cabos, llegamos a la conclusión de que la mujer había tirado el melón por una especie de ritual para curar a los enfermos o algo así. Hay mucha gente que se quiere dedicar a la santería, y para ello uno tiene que hacer ceremonias durante un año y vestir de blanco. Cuando veíamos a gente de blanco pensábamos que eran las famosas Damas de Blanco -disidentes cubanas-, pero no: eran aspirantes a santeros.

Otro día, hablando con un habanero de 22 años que era un RRPP de un grupo de música, tuve otra sorpresa con esto de la santería. Estuvimos charlando un rato y me comentó que había estudiado Economía y, hablando sobre el futuro laboral, me explicó que el se dedicaba a la santería. Era un chaval normal. Y me quedé sorprendido.  Me comentaba que le gustaba su trabajo, que lo hacía por raíces familiares y que quería dedicarse a eso. Y aún sigo sorprendido. No me quedó exactamente claro qué hacía.

Por último, el arte impregna la vida cubana. Mucha gente se dedica a la pintura, a la escultura, a la cerámica, a las artes gráficas, así como a la literatura y al cine. Todo lo que uno compra en Cuba es artesanal. Me traje muchos recuerdos. Sean pequeñas esculturas o camisetas, su producción es siempre artesanal.

Cienfuegos y Santa Clara

Agosto 2016

Cienfuegos, a 230 km de La Habana, es la siguiente parada de nuestra ruta por la isla. Casualmente es el nombre de mi calle en Barcelona, ya que en el barrio donde resido hay muchas calles que tienen nombres de los Indianos, catalanes que iban a hacer dinero a Cuba. Mi barrio también tiene calles con nombres de ciudades cubanas como Pinar del Río o Matanzas.

Más allá de esta curiosidad, Cienfuegos es una realidad totalmente diferente a La Habana. Pasamos prácticamente de 2 millones de personas a solamente 150.000. Lo que supone más tranquilidad, calles más anchas, arquitectura diferente, menos suciedad, acento ligeramente diferente y menos gente. En Cuba apenas hay edificios altos, solamente unos pocos en La Habana y en Santiago, lo que supone un descanso visual importante. Imaginaos mirar al horizonte y ver selva en vez de edificios altos.

Nos hospedamos en el barrio de Punta la Gorda, un barrio residencial rodeado por la costa. La casa de alquiler no era lo esperable y vivíamos superapretados. Cienfuegos, como La Habana, también tiene un bonito Malecón y un centro histórico agradable y bien conservado. No tiene grandes cosas a visitar, más allá de dar un paseo por el centro y visitar la Plaza José Martí.

 Ahora que ha salido este nombre, voy a dignarme a explicar unas palabras sobre él. Junto a Simón Bolívar, es el mayor libertador latinoamericano. En Cuba dicen que el siglo XX ha sido el de Fidel, mientras que el XIX fue el de Martí. Hay cientos de mausoleos y mensajes de él a lo largo de toda la isla. En líneas generales, fue un importante político, estadista, revolucionario, poeta y un sinfín de cosas, pero sobre todo lideró la guerra por la independencia de Cuba contra España. Es el héroe nacional de Cuba por excelencia.

La estancia coincide con los carnavales de la ciudad y además los tenemos a menos de cinco minutos caminando, por lo que los escucho todo el día. La canción de La Macarena me despertó a las 3 de la mañana. Música latina a toda pastilla, como en toda Cuba. Probé la cerveza de pipa, una asquerosa e insalubre bebida que cuesta 15 céntimos los 700 ml. A saber qué llevaría. Pero, vamos, que los carnavales están de lujo y hay muy buen ambiente. En Cienfuegos dormimos dos noches, pero tuvimos la visita de la “enfermedad del viajero” -que posteriormente explicaré-, que sacudió nuestros estómagos y nos vimos obligados a tomarnos un descanso.

Aprovechamos también para ir a Santa Clara, ciudad en la que está el mausoleo de homenaje al Che Guevara. Allí, uno puede disfrutar del enorme panteón del guerrillero, un museo gratuito sobre su historia (con el aire acondicionado a tope) y una sala con las tumbas de los revolucionarios caídos en la Batalla de Santa Clara.

Ernesto Guevara, otro de los líderes de la Revolución y de procedencia argentina, recorrió América Latina y conoció a Fidel en México. Desde sus primeras tomas de contacto con la Revolución cubana se mostró muy entusiasta y decidió participar, convirtiéndose en uno de sus exponentes. La Batalla de Santa Clara es especialmente trascendente en la vida del Che, ya que fue el comandante que lideró el ataque a unos trenes que llevaban armamento. Los acabó capturando y Batista tuvo que huir del país.

Después de ir a Santa Clara nos dirigimos a la mejor playa de Cienfuegos, llamada Rancho Luna. Pasamos una agradable tarde, relajándonos y descansando con agua cristalina.

Rumbo a Cuba

Agosto 2016

En Air France me sirvieron comida decente, barra libre y comodidad. Pero ojo, nueve horas de avión son una auténtica pesadilla, y más la primera vez que haces un vuelo de larga distancia. Pero cuando uno va solo la cosa cambia y tiendes a abrirte. Siempre acabas conociendo a gente por tu camino.

De la mayoría nunca más volverás a saber nada, pero hay otros que te dejan pequeñas huellas. Por ello, después de despertarme a las cuatro de la mañana para emprender un viaje de 24 horas, conocí a una mujer peruana haciendo la cola para embarcar hacia París. Casualmente, ella también viajaba a Latinoamérica y le esperaba una escala larga, aunque no tanto como la mía.

Vistas desde el avión.

Así, por cosas del destino, estuve charlando con esta interesante mujer y me estuvo explicando su vida. Me estuvo comentando acerca de su país. Me dijo que estuvo trabajando por Europa de manera ilegal durante más de 20 años. Era una mujer luchadora y orgullosa.

Aún recuerdo un par de cosas que comentó sobre Cuba. Una, “escucha a Benny Moré, es un gran cantante”.  Otra, “no te fies de las cubanas, que te la clavan por la espalda”. Y yo pensando: “Joder, qué mujer más directa”. Gracias a esto, las horas de espera se hicieron más amenas. Hicimos una bonita y corta amistad. En principio tiene mi correo electrónico, pero ya sabemos que las amistades viajeras tienden a desaparecer. Quién sabe.

Después de todo esto llegué a Cuba, a las nueve de la noche, semicongelado por el aire acondicionado del avión y sumando seis horas de más por la diferencia horaria. Y, de repente, el calor y la humedad habanera, que te meten un puñetazo en la cara.