Conserva tus bambas

Abril 2017

Tengo unas bambas que las compré hace como 1 año y medio y que me habían ido genial: me gustaban, eran cómodas y apenas se me rompían. 

Pero un día, hace unos meses, la lengüeta se comenzó a abrir paulatinamente, hasta que a la bamba le salió una boca que hacía que no pudiese usarlas.

Además estaban sucias, por lo que su aspecto era un poco deplorable. Decidí apartarlas, pero no matarlas; las dejé en el rincón del olvido para en algún momento poder repararlas. 

Mi mamá desde el primer momento me dijo que me comprase otras ya que daban asco. Yo le dije que no, que las quería arreglar poniéndole una lengüeta nueva; que lo conseguiría y que la bamba podía resurgir. No quería comprarme otras ya que creía que tenía solución, además las “sneakers” son carísimas por regla general, de mi talla me cuesta encontrar y no me gusta ir de compras. 

Después del zapatero.

Lo primero que hice fue meterlas en la lavadora, y la verdad es que salió bastante mejorada. Cada vez iba teniendo mejor aspecto. 

Dos semanas después tomé la gran decisión: llevarla al zapatero. Me comentó que por 8 euros me la podía arreglar. Al día siguiente fui a por ella y ya estaba arreglada. 

Fui a mi madre y le dije: “La dabas por perdida y ha resucitado. La historia me absolverá”. Evita comprar y si puedes reparar.

El comercio de barrio y de proximidad está para algo, sea con tus bambas en el zapatero o con la batería de tu Huawei en el pakistaní. O incluso con tu pantalón roto que te lo puede arreglar tu abuela con su alta técnica en costura. 

Así que mejor arreglar que consumir, para así meterle una pequeña patada en el culo a eso que le llaman consumismo, obsolescencia y cosas del estilo.

Resumen político del año 2015

Diciembre 2015 

El cierre de google noticias por parte del PP,

la fascista ley mordaza,

los atentados de Charlie Hebdo y del 13 de Noviembre, 

el #JeSuisCharlie

la hipócrita foto de los líderes europeos posando, 

el Estado Islámico, 

el terrorismo internacional, 

los debates sobre terrorismo, 

multiculturalidad, 

libertad de expresión, 

xenofobia, 

islam y imperialismo, 

la crisis de refugiados,

 la foto del Aylan muerto en las orillas del mar Egeo, 

la geopolítica de Oriente Medio, 

el ambiente de Guerra Fría vivido entre Rusia y Estados Unidos, 

la frase de Hollande “Francia está en Guerra”, 

el resultado histórico de Le Pen en las elecciones regionales francesas,

 las banderitas de la foto del perfil de facebook, 

la falsa solidaridad que creemos tener, 

Grecia y el sistema financiero, 

la dictadura del euro, 

Syriza y su domesticación, 

Varoufakis enfrentándose a Mordor, 

la caída del precio del petróleo, 

Cataluña y el procés, 

el resultado histórico del 27 de septiembre en Cataluña, 

los conflictos entre Junts pel Sí y la CUP, 

el empate técnico de la CUP en la ANE, 

el pressing cup vivido, 

la casta neoconvergente, 

las elecciones generales en españa y el aparente fin del bipartidismo, 

la emergencia de la nueva política con PODEMOS y C’s, 

el fenómeno “cuñados”, 

las elecciones municipales y la victoria de las confluencias de izquierdas, 

la COP21 y el compromiso con el cambio climático, 

los derribos de aviones, 

la distensión de las relaciones entre Irán y Estados Unidos por la reducción del programa nuclear, 

el fatídico terremoto en Nepal,

la victoria de la oposición en Venezuela,

la victoria de Macri en Argentina, 

la violencia estructural en México, 

la fuga del Chapo Guzmán de la cárcel, 

el acuerdo histórico entre Cuba y Estados Unidos, 

las 61 mujeres asesinadas por violencia machista en España, 

mi Interrail por Europa del Este, 

el ViñaRock, 

Y… mi penúltimo año de universidad… 

Después de la universidad

Febrero 2018

Hoy en día echo de menos ese ambiente universitario que tanto veo por Edimburgo. Son al fin y al cabo jóvenes felices que viven en una burbuja que acaba explotando cuando toca enfrentarse a cuestiones mayores, a eso que le llaman “la vida”.

De alguna manera ese sentimiento respecto a los universitarios es una mezcla entre rabia y envidia (aunque siempre hay excepciones, como gente que tiene que pagarse los estudios o que directamente no puede acceder por temas económicos).

Lo importante es conservar el espíritu de este niño.

Quizás por lo que fui y que ahora no soy, ya que me encuentro sirviendo pintas, estudiando inglés y entrenando, en una situación completamente distinta.

La vida son idas y venidas, y habrá momentos en los que te encontrarás mejor y peor. Aventurear y buscarse la vida por ahí es siempre un riesgo, ya que cuando empiezas nunca sabes cuándo vas a terminar. Además supone un enorme esfuerzo.

Pero ante todo voy poniéndome metas, unas a corto plazo y otras a largo. Intrepreto, al fin y al cabo, que cada etapa y cada meta de la vida tiene un propósito. No hablo del destino. Pero sí que creo que se debe dar un cierto misticismo a “la vida” y seguir palante sea como sea, en la situación que sea y dónde sea.

El límite entre la utopía y la realidad muchas veces es más pequeño de lo que creemos. El debate entre asentarse y alocarse, entre planear el futuro o disfrutar el presente. O del de si los milenials somos unos cobardes o unos liberales.

Y de cuanto nos pesa el miedo para tomar decisiones.

Ahora mismo estoy feliz y contento, o por lo menos cada vez más. Y el directo, me guste o no, determina demasiado.

Quién sabe dónde acabaremos.

Cuando un patinete eléctrico me adelantó

Septiembre 2018

El día iba viento en popa. Todo parecía ir bien. A las 14.45 de la tarde me dirigía hacia Monumental para comprar unos libros de francés de segunda mano (nunca sabes cuándo te puede ser útil la economía colaborativa). Iba con mi Bicing, con la tarjeta recién obtenida y dándole un uso a destajo. Como cuando te compras ropa y te la quieres poner el primer día.

De hecho, fue una de las primeras cosas que hice al volver de Edimburgo. Confiaba plenamente en la bicicleta como método de transporte. Haces relativo ejercicio, llegas rápido a los sitios (excepto si son de larga distancia), tiene un precio inferior a los cincuenta euros al año y, además, la red de carriles bici en Barcelona es cada vez mayor.

De todas maneras, la ciudad sigue siendo irritante. La contaminación, el ruido, las obras y la densidad de cosas en general convierten los trayectos en bicicleta en algo salvaje. La avenida Meridiana es un claro ejemplo. Frente a la Barcelona de los turistas, eso es un sálvese quien pueda. Los coches van muy rápidos y hay muchos cruces, a lo que hay que añadir las obras que dificultan el paso. Aun así, sigo pensando que Barcelona es una ciudad favorable a la bicicletización. Sin lugar a dudas.

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Orgullo ciclista

Pese a todo esto, el día iba bien. Hasta que, al dejar la Meridiana y tomar Consejo de Ciento, ocurrió algo muy extraño. Junto a más ciclistas (un Glovo y una hípster), íbamos en dirección al centro de la ciudad. Incluso se llegaban a formar colas entre los tres -aprovechando así el ventajoso rebufo- cosa que demuestra que la ciudad se sigue bicicleteando. También estábamos sufriendo, ya que hacía un calor supino y una ligera inclinación. Todos íbamos relativamente sudando, haciendo gemelos y manteniendo nuestro cuerpo en forma.

Hasta que, a toda velocidad, una chica en patinete eléctrico nos adelantó por la izquierda. El esfuerzo de los tres era evidente y las condiciones eran adversas, sumando también la competición subconsciente por ver quién llegaba primero, aunque no supiésemos nuestros destinos. Cuando la chica del patinete pasó, me puse a pensar detenidamente e incluso reduje mi intensidad al pedalear. Había sido, de alguna manera, humillado.

Pero no por la velocidad, sino por los aires de grandeza del patinete. Era una especie de grandeza espiritual lo que rodeaba a esa chica. Una posición erguida, con la bolsa de su trabajo colgada en sus hombros. La velocidad que cogía el patinete tenía efectos en el deslizamiento de su pelo hacia atrás, haciendo aún mayor su superioridad. Mi humillación me llevó a intentar adelantarla en varias ocasiones.

Las triquiñuelas del ciclista son bien conocidas, ya que a la vez uno es peatón y vehículo. Es decir, las reglas no existen. Sin embargo, con el patinete eléctrico no hay opción a jugársela tanto. Así que aprovechaba esos momentos para adelantarla. Pero a la que había una recta de nuevo, el patinete me adelantaba y dejaba atrás sufriendo, sudando y con la autoestima por los suelos. Había sido adelantado por un patinete.

La fiebre del patinete eléctrico es evidente. Es una de las cosas que más me ha llamado la atención al volver a Barcelona. Por unos trescientos euros puedes conseguir uno por internet. La tecnología puede ayudarte a mejorar y a hacer la vida más fácil, pero el orgullo de un ciclista, pese a ser adelantado, humillado y otras demás vejaciones, es insuperable. Vivan las bicis.

Sociología del paraguas

Abril 2017

Era un día lluvioso.

Un día en el que utilizábamos ese complemento llamado paraguas, que tiene el objetivo de protegernos de la lluvia cuando llueve. Aparentemente todo muy sencillo.

Por un lado están los pequeños-plegables, que son más cómodos y se que se pueden llevar en la mochila o en el bolso, pero que cuando hay un poquillo de viento lo puedes dar por perdido ya que se te descuajaringa.

Encima tendemos a comprar los más baratos, los de 2 o 3 euros del chino, que sobreviven como mucho a un par de lluvias, y que encima, no protegen.

Por otro lado está el paraguas de toda la vida. El largo-clásico, que no se suele romper y que protege mejor de la lluvia, pero que resultas bastante incómodo cargar con él, ya que lo tienes que llevar encima tuyo todo el día.

Pero la verdad sobre el paraguas no es protegerse de la lluvia, sino donarlo a la sociedad. En un ejercicio de altruismo, con algún toque de despiste, tendemos a dejar nuestro paraguas en algún lugar público como muestra de regalo social, para que otra persona alegremente se lo lleve.

En mis 23 años de existencia habré donado a la sociedad cientos de paraguas.

Fue un día inspirador

De vez en cuando, también vengo con algún paraguas nuevo que algún otro individuo habrá donado a la sociedad.

Cada vez que llueve dono uno, aunque mi madre se cabree.

+ Martín, ¿por qué donas un paraguas siempre que llueve?

–  Mamá, me gusta donar paraguas a la sociedad, que quieres que haga.

Este refinado análisis nos hace ver el altruismo que caracteriza al ser humano y falsea la hipótesis de que los paraguas sirven para protegernos del agua. El paraguas cumple su función social. 

La sociología del paraguas es inmensamente rica académicamente hablando, y cada vez más están surgiendo estudios que son capaces de determinar las relaciones que existen entre los paraguas y sociedad.

El paraguas tiene la función de regalo social a cualquier individuo aleatorio de nuestro entorno. El despiste es una variable con poca explicación causal.

  Despiste ≠ Donación de paraguas; Altruismo humano = Donación de paraguas.

Las teorías son inspiradoras y hoy me he pasado todo el día pensando en la utilidad social de los paraguas. También representa una auténtica arma de guerra, con la que puedes golpear o pillar del tobillo a cualquiera de tus enemigos. 

Tal es la inspiración que mi paraguas volvió a casa sano y salvo, pero la emoción me llevó a ir a saludar a mi madre corriendo para explicarle la teoría, por lo que el paraguas se me quedó atrancado en la puerta de manera horizontal y se llevó un fuerte porrazo. Intenté abrirlo y no pude, algo pasaba.

Le propiné su propia medicina, a base de porrazos con mi mano, hasta que lo logré, y este es el resultado: un paraguas torcido.

Luego me di cuenta que el paraguas no era de mi casa, sino de mi abuelo, por lo que la hipótesis de que el altruismo humano conlleva a la donación de paraguas quedó verificada.

La adrenalina de la Arrabassada

Una profunda y tenebrosa niebla cubría esa noche el parque natural de Collserola. La humedad, acompañada de la contaminación, hacían de la Arrabassada un lugar fantasmagórico. Esta carretera, que conecta a Barcelona con Sant Cugat del Vallés -de unos 10 kilómetros de recorrido-, es también conocida por ser históricamente un lugar donde se celebraban carreras de coches legales organizadas por la Penya Rhin, un club barcelonés de aficionados a los motores.

Cartel sobre la cuarta cursa realizada. Extraído de Pinterest

Collserola y su niebla se mezclaban con el rugido de los coches que subían a toda pastilla por sus empinadas cuestas y maniobraban en osadas curvas a 80 km/h.  Principalmente viernes y sábados noche se reúnen en la Arrabassada cientos de aficionados a la adrenalina para probar su sutileza y mostrar su ferocidad al volante, situándose en el límite de la vida y la muerte.

El mirador de la Arrabassada, situado a unos pocos kilómetros del Tibidabo, es el punto de reunión, que a la vez ofrece una doble panorámica. Por un lado, muestra la inmensidad de Barcelona, que en ese día era imposible contemplar y apenas se veían luces. Por otro lado, al girar la vista, una carretera por la que constantemente pasan coches a toda velocidad. La gente aparca en el párking se sienta y abre las palomitas. A partir de allí, solamente queda observar que ocurrirá: el entretenimiento está garantizado. Según me contaban, en verano incluso la gente viene con mesas a pasar el día.

Párking de la Arrabassada. Extraía de Google Maps

El comentario que más se escuchaba era “Este se va a matar”; las conversaciones giraban en torno al mundo del motordel cual sé bien poco. Algunos de los asistentes son capaces de reconocer a distancia el modelo del coche solamente basándose en la forma de las luces delanteras. Conocen los precios, los caballos y los motores. Sin embargo, yo ya ni me acuerdo de conducir. Además, los coches suelen tener un estilo kinki tipo Peugeot 206 o Volkswagen Golf, o incluso algún Subaru tipo rally, en los que ver cristales tintados o llantas vistosas es bastante común. Ese tipo de coches de la vieja usanza son ruidosos y potentes.

Detrás del riesgo y la adrenalina hay, inevitablemente, efectos secundarios. Esta concurrida carretera, de mucho tráfico en su día a día, es la más peligrosa de Cataluña según el RACC. Sus curvas son uno de los factores principales, pero la conducción temeraria ayuda bastante. Ha habido reformas para paliar los problemas como el mejoramiento de las infraestructuras o las multas, pero ni las acciones vecinales ni la policía han logrado vencer a este fenómeno.

Tramo de la carretera. Extraído de Google Maps

La Arrabassada es sin duda alguna un mundo aparte de Barcelona, lejos del Mobile World Congress que se ha celebrado estos días de febrero. Desde el año 1922 es escenario de carreras mediante la Pujada de la Arrabassada, una cursa que se celebró durante sesenta años, hasta 1983. A la espera de su próximo centenario esta cultura underground desconocida sigue vigente, marcada por su historia reciente y convertida hoy en día en un santuario para los amantes del vértigo.