Presupuesto mochilero para viajar por los Balcanes

Agosto 2017

Gracias a una contabilidad casi perfectamente llevada, os muestro unas tablas donde podréis encontrar el presupuesto aproximado para viajar durante un mes por los Balcanes, en países como Hungría, Serbia, Bosnia, Montenegro, Albania, Kosovo, Macedonia y Sofía.

Es importante remarcar que el estilo de viaje es mochilero y se incluye noches gratuitas de alojamiento, autostop y comida sencilla.

Estas tablas han de servir para hacerse una idea de los precios en estos países.

Los datos son del año 2017 en pleno agosto (por tanto los precios son más elevados) y están distribuidos de acuerdo a comida, alojamiento, transporte, cultura y ocio.

En líneas generales, los gastos generales por persona fueron los siguientes:

ComidasAlojamientoTransporteCulturaOcioTotal
250,45234,4190,2222,66171,15768,89

El gasto medio diario era alrededor de 24 euros por persona y 100 euros por país, con una estancia de unos 4 días en cada lugar.

Los países que salieron más económicos fueron Montenegro, por la vida tranquila del cámping, y Albania y Kosovo, los dos países posiblemente más baratos de la región.

A continuación, la distribución por países.

HUNGRÍA

Lo más caro fue el alojamiento y lo más barato el transporte.

ComidasAlojamientoTransporteCulturaOcioTotal
Día 18,0015,222,000,004,0029,22
Día 25,5014,050,005,0625,0049,61
Día 33,0013,540,000,003,0019,54
Día 41,500,003,000,002,507,00
Media4,5014,271,251,278,63
Total18,0042,815,005,0634,50105,37

SERBIA

En comida gastamos casi cuarenta euros.

ComidasAlojamientoTransporteCulturaOcioTotal
Día 42,3010,500,000,000,0012,80
Día 56,000,005,500,001,5013,00
Día 67,600,000,000,006,7514,35
Día 710,507,600,000,0012,5030,60
Día 88,5010,500,000,009,0028,00
Día 92,5024,0026,50
Media6,235,724,920,005,95
Total37,4028,6029,500,0029,75125,25

BOSNIA y HERCEGOVINA

Lo más caro fue el alojamiento.

ComidasAlojamientoTransporteCulturaOcioTotal
Día 95,5010,0015,50
Día 1012,6510,003,005,002,5033,15
Día 114,5010,001,0021,2536,75
Día 124,008,007,5019,50
Media6,669,505,253,0011,88
Total26,6538,0010,506,0023,75104,90

MONTENEGRO

Gastamos unos 50 euros en dos días y medio.

ComidasAlojamientoTransporteCulturaOcioTotal
Día 129,005,0014,00
Día 139,505,001,007,0022,50
Día 142,2510,0012,25
Media6,925,0010,001,007,00
Total20,7510,0010,001,007,0048,75

ALBANIA

En Albania fue el lugar donde pasamos más tiempo, un total de seis noches.

ComidasAlojamientoTransporteCulturaOcioTotal
Día 1410,509,0019,50
Día 1521,000,001,5012,6335,13
Día 1610,000,002,004,504,5021,00
Día 175,0011,005,0021,00
Día 187,0012,502,251,0022,75
Día 195,750,005,502,5013,75
Día 200,803,304,10
Media8,585,423,952,755,16
Total60,0532,5015,808,2520,63137,23

KOSOVO

Kosovo fue el país más barato del viaje.

ComidasAlojamientoTransporteCulturaOcioTotal
Día 206,2010,001,0017,20
Día 219,0010,000,7519,75
Día 227,000,002,259,25
Día 233,000,006,709,70
Día 242,305,500,308,10
Media5,505,005,502,20
Total27,5020,005,500,0011,0064,00

MACEDONIA

Macedonia podría ser el ejemplo medio, en cuanto a precios, de un país de la región.

ComidasAlojamientoTransporteCulturaOcioTotal
Día 245,859,000,600,859,0025,30
Día 256,508,004,0018,50
Día 269,2510,006,254,0029,50
Día 274,608,006,253,0021,85
Día 282,002,00
Media5,648,754,375,00
Total28,2035,0013,100,8520,0097,15

BULGARIA

Bulgaria fue la última étapa del viaje, y apenas nos movimos del centro de la capital.

ComidasAlojamientoTransporteCulturaOcioTotal
Domingo 277,609,501,5018,60
Lunes 2810,009,001,5015,0035,50
Martes 299,509,002,4020,90
Miércoles 304,800,825,6211,24
Media7,989,170,826,13
Total31,9027,500,821,5024,5286,24

La identidad de Sarajevo y la globalización

Agosto 2017

La identidad en el mundo postmoderno y globalizado se está convirtiendo en una cuestión cada vez más compleja. El sentimiento de pertenencia a algo es fugaz. Teóricamente, la globalización –entendida en abstracto como un mundo globalmente conectado- debería generar una especie de conciencia planetaria, un “ciudadanismo global” que va más allá de las fronteras de las naciones.

Si bien este fenómeno se produce en cierta manera, también existen reacciones, como el supuesto “nuevo” nacionalismo que está (re)surgiendo en el mundo, como Donald Trump o los nacionalismos europeos. Frente a los desmanes de la globalización, la soberanía -mermada- de los estados se repliega. La crítica a los nacionalismos se basa en abogar por un mundo en el que las identidades nacionales no tengan tanto peso. Y por lo tanto, nos induce a pensar de manera más global.

Lo cierto es que la ingenuidad respecto al “ciudadanismo global” puede ilustrarse mediante el ejemplo balcánico.  Sabemos que la identidad en los Balcanes nos dará muchos dolores de cabeza.

Si creíamos en la unión de los pueblos yugoslavos, ¿Cómo se desencadenó el conflicto? ¿Qué le pasó a la Yugoslavia socialista y multicultural para acabar en cenizas? ¿Y qué ha pasado tras el conflicto? ¿Cómo se pueden reparar las heridas de la guerra y comenzar a construir paz con dicha diversidad?

¿Podríamos aplicar un ciudadanismo abstracto en Yugoslavia con todos esos problemas? Mientras que la globalización prometía ese “ciudadanismo global”, los fantasmas del pasado aparecían. La región balcánica desde ese momento se replegó y la mirada realista apareció con fuerza.

El supuesto “ciudadanismo global” ha creado una especie de sentimiento de identidad en las ciudades, lugares que en el mundo actual  tratan de escapar de los poderes del estado nación. En la antigua Grecia la ciudad -la polis- era la forma de organización social por excelencia, y tras el surgimiento de las naciones y los nacionalismos, el estado emergió con más fuerza.

Desde los años ochenta, momento que coincide con la expansión de la globalización -neoliberal-, las ciudades son cada vez ricas y poseedoras de recursos. Hoy en día las ciudades globales son el motor de la economía mundial, que está sufriendo una urbanización cada vez más acelerada. 

Sarajevo no es ni de lejos una ciudad de importancia en el tablero global, pero su caso es especialmente entrañable. Su identidad ante todo es Sarajevés, antes que bosnio, cristiano o musulmán. El Sitio de Sarajevo hizo que la gente desarrollase ese sentimiento, y en cierta manera me recuerda a la identidad en las ciudades globales modernas.

El “ser de Barcelona” es casi más importante que el ser de Cataluña e incluso el ser de España. Es una especie de “patriotismo posmoderno”; una visión internacional de tu lugar. Por todo ello, ser de Sarajevo escapaba de las denominaciones étnicas o religiosas y su identidad hacía referencia a una ciudad sucumbida al sufrimiento de la guerra.

Sarajevo me supuso un colocón político, en cierta manera obsesivo.  Oír historias de la guerra como el que sale a comprar el pan o ver edificios ametrallados no es algo común en mi vida cotidiana. Pero justamente en esos momentos de borrachera vital siempre ocurren acontecimientos cósmicos que te trastocan los planes y que te hacen vivir de manera aún más pasional y aventurera. Cuando el espíritu mochilero aparece con fuerza.

En este sentido, todo iba con relativa normalidad. Tras tres días en Sarajevo, queríamos partir hacia Mostar, la segunda ciudad más importante de Bosnia. Reservamos mediante una aplicación de móviles.

Mostar se encontraba como punto a visitar en la ruta que íbamos elaborando paulatinamente mientras viajábamos. Es decir, teníamos un camino de alguna manera preestablecido, pero no marcado. Después de visitar Mostar queríamos ir a Kotor, en la costa montenegrina, y desde allí seguir bajando hasta Albania. 

Pero algo pasó y sorprendentemente no fuimos.

Durante el viaje se reproducían constantemente cambios de roles y contradicciones entre mi amigo y yo, lo cual nos permitía un cierto equilibrio para seguir adelante. Una de estas contradicciones, enmarcada dentro de los múltiples debates mochileros, es la cuestión de improvisar y planificar. Por ello, lograr una estabilidad entre esas dos ideas es necesaria para disfrutar realmente. ¿Debíamos haber reservado para Mostar?

Fruto de la experiencia vimos que, por regla general, no es necesario reservar por los Balcanes, debido a que no hay mucho turismo excepto en Croacia o Eslovenia. Por otro lado, hubo veces que el no haber reservado nos repercutió en el precio final o en el alojamiento, aunque el cambio fue mínimo. De todas maneras, ¿Qué pasa con la experiencia que te llevas? En definitiva, perdimos aproximadamente unos 10 euros por cabeza, lo que valía el hostal de Mostar.

Pero no nos supo mal. Ahí radica la importancia del espíritu mochilero para ser capaz de adaptarse a muchos tipos de circunstancias, algunas de ellas muy rocambolescas. Al día siguiente, en vez de estar viendo a los niños bosnios saltando desde el famoso puente de Mostar, nos encontramos en un espectacular y paradisíaco parque natural montenegrino perdido en los confines del mundo ¿Qué nos pasó?

Eran las 22:30 y tras un largo día, íbamos a ir a dormir para el madrugón del día siguiente, en el que teníamos previsto utilizar autostop. Cuando ya estábamos aposentados en el hostal, nuestro colega brasileño nos comentó que había conocido a un francés que tenía coche y planeaba ir hasta Montenegro unos días y, seguidamente, acabar en Tirana, la capital de Albania. 

Cuando recibimos esa información no nos lo pensamos. El plan nos pareció tan apasionante que no dudamos en aceptar. Así que buscamos al francés y comenzamos a hablar con él acerca del futuro viaje. Él tenía previsto salir al día siguiente por la mañana, al igual que nosotros. Concretamos un módico precio por la gasolina del coche y la propuesta tiró hacia adelante, a la que se sumó nuestro amigo brasileño.

Nos fuimos a dormir con los planes totalmente trastocados. Nos sabía mal abandonar Bosnia tan rápidamente, pero el espíritu mochilero venció.

El dilema de la identidad puede abordarse desde el mochilerismo. Aun formar parte de una cultura, el hecho de ver gente y modos de vida diferente te hace ampliar tu punto de miras. No se trata de imponer tus valores y costumbres, sino de entender a la diversidad del mundo, viendo lo que puedes compartir y lo que no. Pero en mi caso renunciando a la noción del ciudadano global, que en realidad esconde una realidad muy desigual. Quién se mueve cual liebre sin preocupaciones forma parte una emergente “clase media global” sin apenas preocupaciones económicas.

Habíamos quedado a una hora decente por la mañana, pero nos lo tomamos con la calma. El francés quería desayunar en un sitio cercano a donde tenía el coche aparcado, por lo que le seguimos por las empinadas cuestas de Sarajevo mientras cargábamos con nuestras grandes mochilas. Comimos un burek (pan yufka con espinacas, queso o carne) acompañados de un café turco. Hicimos un auténtico desayuno balcánico; una de las costumbres heredadas del imperio otomano.

Tras el desayuno revitalizador procedimos a ir a su coche, a unos cinco minutos de la panadería. Llegamos. Se trataba de un BMW Serie 5 de 200 caballos de hace 15 años, con los asientos de cuero y un teléfono al estilo James Bond. Nos quedamos bastante anonadados ya que no nos esperábamos un coche de ese calibre. Además, tenía un gran inconveniente que preocupaba sumamente a su propietario: la primera marcha no funcionaba. 

Eso significaba que el coche no podía arrancar en subidas, o peor aún, que en según qué cuestas podía no tener fuerza para seguir adelante. Ese gran fallo era el motivo del viaje hacia Albania, donde esperaba reparar el coche o en el mejor de los casos venderlo. Sonaba extraño pero resultaba curioso ¿Vender un coche de lujo en uno de los países más pobres de Europa? ¿A quién se le ocurre hacer un viaje de Francia a Albania en coche?

Abandonamos Sarajevo con la misma sensación que Belgrado: con nostalgia y ganas de conocer más. Después de haber visitado las dos ciudades más emblemáticas de la región nos esperaba otro tipo de aventura, adentrándonos en un territorio mucho más desconocido.

Al salir de la capital bosnia algo me llamó especialmente la atención: un cartel que ponía Bienvenido a la República Srpska (Serbia en castellano) en alfabeto cirílico. ¿Qué significa esto? ¿No estábamos en Bosnia y Herzegovina? ¿Será otra parte del país?

Tras los acuerdos de Dayton en 1995 (un acuerdo de paz entre Croacia, Yugoslavia y Bosnia Herzegovina que ponía fin a la guerra), Bosnia quedó dividida en dos mitades separadas por una frontera intraestatal. Dicha República se sitúa en el este y el norte del país, en la que vive prácticamente la mitad del país y está poblada principalmente por habitantes de origen serbio, los llamados serbobosnios. La otra parte del país es llamada Federación de Bosnia y Hercegovina.

Esta división territorial refleja, de nuevo, el carácter multiétnico de la población bosnia. Pero nos recuerda, a la vez, el gran problema actual en Bosnia. Una política ineficaz y corrupta motivada por los intereses – muchas veces contrapuestos- de las tres comunidades mayoritarias.  

Bosnia hoy en día está enfrascada en un complejo sistema político consecuencia de los Acuerdos de Dayton, basado en una presidencia colegiada entre los tres grupos étnicos con una alternancia cada ocho meses, lo que repercute en la estabilidad del país y en la aplicación de políticas comunes. El estancamiento del país también es una lacra para su economía, con una de las tasas de paro más alta de Europa, con porcentajes alrededor del 30%.

IMG_20170811_134802
Siguiendo el río Drina

En el viaje hacia los lagos montenegrinos apenas hubo problemas con el coche. Aun llevando a cuatro personas dio la talla. Luego de dos horas deambulando por la República Srpska en coche, entramos en una zona montañosa, por una carretera que iba paralela al río Drin; nuestra despedida a Bosnia se parecía sumamente a nuestra entrada. Las vistas eran de nuevo espectaculares. 

Nos habían hablado de Montenegro como un lugar precioso, perfecto para descansar y reflexionar. Y más aún después de la borrachera política en Serbia y Bosnia. Estuvimos aproximadamente una hora esperando en la frontera, en la que solamente nos hizo falta sacar los pasaportes.

Cruzamos y nos adentramos en una nueva realidad: la paz montenegrina. Al entrar en el país hicimos una parada delante de un lago. Aprovechamos para miccionar y comer unas nueces. Hacía mucho viento y la boina que me acompañaba voló de manera trágica y filosófica. Fue una despedida romántica.

Historias de pistolas y comadronas

Agosto 2017

Suena el despertador. Mochila equipada, nos espera un día incierto. Llevamos algo de provisiones para aguantar unas horas. Ese algo es una botella de litro y medio de agua, unas almendras y unas galletas. Nos metimos un buen desayuno en el hostal y partimos hacia Belgrado. Tomamos el precioso tranvía –con vistas al Danubio- que nos dejaba en una estación al oeste de Budapest, y desde allí teníamos que coger un bus que nos acercaba a un punto sugerido por el portal hitchwiki.org, la Wikipedia de los autostopistas.

El punto era el siguiente: Gyáli út, situado a las afueras de la ciudad. Llegamos alrededor de las 9:45, hora en la cual el sol comenzaba a molestar bastante.

Al llegar nos dimos cuenta que ya habían dos grupos de mujeres esperando para hacer autostop que, no por casualidad, habían llegado antes que nosotros. Los horarios de los latinos son más lentos y el sentido de la puntualidad no existe, más aun cuando vas con un viajero lento.

Hay cierta solidaridad y ayuda entre mochileros, pero cuando se trata de autostop, se ha de tener en cuenta que no puedes ni debes quitarle los coches a los mochileros que llevan esperando más tiempo que tú. Así que nos pusimos en un lugar intermedio, bajo un sol que te quemaba el cerebro. El brazo se ponía moreno mientras sostenía un cartel que ponía Beograd (Belgrado en serbio) y otro que ponía Serbia. . 

Recogieron a las chicas al rato, pero nosotros seguíamos allí, comiéndonos los mocos. En nuestro caso, dos hombres lo teníamos a priori más complicado. Íbamos de negro, con algo de barba y éramos más morenos que muchos viajeros europeos. La imagen y los estereotipos son claves a la hora de hacer autostop. Hay algunos consejos para mejorar, pero mi truco siempre era sonreír.

Tras esperar una hora y media bajo ese sol, en el que tuvimos que cambiar de cartel a Szeged (ciudad del sur de Hungría) para aligerar, nos recogió una mujer mayor que se dirigía allí. Por lo general, resulta más fácil hacer autostop a nivel nacional, ya que pasar por las fronteras suele costar: la gente quiere evitarse problemas llevándote en el coche y, en general, se hacen muchos menos trayectos de país a país que dentro del mismo.

Subimos al Opel Astra, en el que hacía un calor épico y nos adentramos en la autopista con las ventanas abiertas, para que el viento nos hiciese un efecto más agradable. Estuve hablando la hora y media -con un inglés simple y básico- con la mujer hasta que nos dejó en el centro de Szeged. Y me contó la historia de su vida que era realmente impresionante.

Se trataba de una médica húngara, izquierdosa y en contra de las políticas de Viktor Orban, el primer ministro de Hungría desde 2010. Según ella, Hungría había tenido un retroceso democrático con este hombre y que en la época socialista se vivía mejor. Lo impactante de su historia era que había pasado en sus últimos 20 años.

Estuvo siete en prisión, cinco de arresto domiciliar y actualmente no puede salir del país ni trabajar en ciertos sitios. De hecho, iba a Szeged a cuidar a su madre de 96 años. El delito que cometió fue trabajar clandestinamente de comadrona, en la que en uno de los partos, una criatura pereció y fue denunciada por la madre. Una historia dramática y una vida perdida. Y una mujer condenada por sus errores del pasado. Mientras escuchaba todo esto alucinaba.

Nos dejó en el centro de Szeged, la tercera ciudad más grande de Hungría, con 161.000 habitantes. El calor abrumador nos perseguía y nos refugiamos en supermercado para hidratarnos y comprarnos algo de comer, con el poco dinero que nos sobraba de Budapest. Pusimos el pareo en un parque donde había sombra y comimos un humilde bocata de jamón y queso acompañado de una Xixo Cola (nos hizo gracia el nombre y la pillamos, casualmente mi compañero de viaje llevaba la camiseta de Los Chichos).

Nos quedaban unos 5-6 euros aproximadamente, y aun teníamos que llegar a Serbia. Tomamos un café en un bar, descansamos con aire acondicionado y pillamos Wi-Fi para saber qué hacer. Además, estuvimos hablando con los dos camareros, que eran de origen serbio. Aprovechamos para explicarle nuestro viaje. Sucedió algo curioso, a la par que esperable, y era sobre Albania.

  • Pues verás, en nuestro viaje queremos ir a Serbia, Bosnia, Montenegro, Albania, etc?
  • ¿Albania? ¿Lleváis pistolas? (Dice riendo)

Más allá de los tópicos albaneses que oyes desde fuera, la crítica serbia suele ser bastante furibunda e incluso en muchos casos racista. A Albania se le concibe como un país mafioso, peligroso y no apto para serbios. Existen malas relaciones entre ambos países, sobre todo por el polémico tema de Kosovo, que durante el diario se irá explicando con detenimiento.

Después del café y los “consejos” para Albania, caminamos hasta tomar un bus que nos llevaría al pueblo más cercano a la frontera. Tras 30 minutos en el bus, repleto de gente con maletas, llegamos a Röszke. A partir de allí, teníamos que cruzar la frontera caminando con las mochilas.

Fue un momento bastante épico. Nunca había cruzado una frontera caminando. Eso en Europa era cosa de refugiados, no de clasemedianos occidentales. El policía de las aduanas, tras mirarme la cara de mi pasaporte (parezco salido del Cártel de Sinaloa, ya que fue tomada un día de resaca y espero que no me traiga problemas en un futuro), me comentó lo siguiente:

  • ¿A dónde vas, Martín?
  • Belgrado
  • Okey, ningún problema. Disfrutad(Me puso el sello en el pasaporte y avanzamos)

La frontera entre Hungría y Serbia se militarizó en 2014 cuando Viktor Orban construyó un muro entre los países para evitar la llegada masiva de refugiados. Un muro de alambre de púas de 4 metros que recorre los más de 500 kilómetros de la frontera húngara con Serbia y Croacia. La europa soñada, democrática y libre, dista mucho del viraje húngaro, que con su amigo polaco están poniendo en jaque muchos de los principios europeos.

Budapest nocturno

Agosto 2017

Llegar a una ciudad por la noche es complicado. Cuando algo no te resulta familiar es más difícil adaptarse y orientarse. Y cuando la gran Budapest te come por la noche yendo en solitario, solamente puedes ser apañado y utilizar la gran herramienta del mochilero: la pregunta. Preguntando se consiguen las cosas, muchas más de las que el GPS puede darte.

A veces, las simples preguntas se convierten en actos de gran generosidad por los locales de la zona, que valen más que cualquier algoritmo que te pueda ofrecer google. Mi desorientación, a la vez que emoción, era tal que no sabía ni donde pillar el autobús, así que tuve que preguntar a un funcionario que, mediante señas pudo ayudarme. Casi una hora más tarde llegué al hostal, y en el camino ya me ofrecieron drogas en cada calle. .

Tenía muy buenos recuerdos de Budapest, que en esas épocas destacaba por el extremo calor. Estaba en pleno barrio judío, que coincide con la zona fiestera de la ciudad. El hostal estaba literalmente metido en un bar, como uno que estuve en Cracovia hace años, un party hostel que no me gustó nada.

Enfrente del Danubio. El parlamento detrás.

Llegué, hice el check-in, dormí a duras penas por el ruido, y fui a desayunar, a la vez que conocí a una uruguaya que llevaba un año viajando. Cuando crees que has oído la historia más impresionante, otro nuevo mochilero te cuenta otra que te deja boquiabierto.

En Budapest aproveché para ir al Museo del Terror, en el que se narra el pasado comunista y nazi de Hungría. Por un precio asequible (unos 3 o 4 euros con carnet de estudiante) uno puede visitar el enorme y bien detallado museo, que poseía una gran cantidad de información. No voy a decir que el museo me gustó especialmente, ya que me parece una falta de respeto comparar al nazismo con el comunismo.

Tras el comunismo en en Hungría se impuso la democracia liberal, hoy en día gobernada por el ultraderechista Orban, famoso por sus políticas antirefugiados. A la derecha de Orban está Jobbik, un partido abiertamente nazi. En toda Europa del Este ha habido un auge muy grande del populismo de derechas, y en Europa Occidental está cada vez más presente.

Los otros días estuvieron marcados por una extrema socialización en el hostal en el que nos hospedamos, después de la llegada de mi amigo. Estábamos enfrente del río Danubio. El hostal no estaba muy bien gestionado ya que no tenía ningún tipo de control de entradas y salidas, solamente algunos administrativos que estaban en la parra. Por la noche ponían a un tío con muy mala leche durmiendo en una hamaca fuera del hostal.

Cuando uno está de hostales se harta a conocer gente. En la primera noche el hostal estaba repleto de alemanes, australianos y holandeses, que formaron un guetto anglosajón, formado por blancos de piel, nivel de inglés perfecto y poder socioeconómico elevado.

De hecho, la nacionalidad es clave para la socialización, ya que de ahí sacamos el primer prejuicio. Después, la persona nos podrá sorprender, pero en general, mal que pese, los tópicos de toda la vida se cumplen. Españoles ruidosos, argentinos psicólogos, italianos modernos, australianos egocéntricos, etc.

Al día siguiente el hostal fue dominado por lo latino, con la lengua española como hegemónica. Nos juntamos de bascas, catalanes, argentinos, un canadiense y un ruso. Hubo un desequilibro norte-sur en ese hostal, una pequeña lucha de clases a nivel internacional. La tarde se fue animando y salimos de fiesta por el barrio judío, primeramente a un bar enorme con grafitis y luego a una discoteca.

Pasamos en dicho hostal en Budapest un total de tres noches, hasta que partimos hacia Serbia haciendo autostop. Digamos que aquí comenzó la auténtica aventura, la Odisea Balcánica. Cuando partimos del hostal hacia las afueras de Budapest no teníamos nada en mente, solamente un host que había encontrado por BeWelcome (una aplicación similar a CouchSurfing) que nos dejaba alojamiento gratuito dos días.

Mediante la página web hitchwiki.org, una Wikipedia para autostopitas, localizamos una de las mejores paradas par hacer autostop. Así que fuimos y nos encontramos a otros dos grupos de autostopistas, todo chicas. Dicen por ahí que es más fácil siendo mujer, pero a la vez más peligroso.

En general la gente no suele raptarte y llevarte a casa para descuartizarte. Al revés, seguramente será una experiencia increíble a nivel sociológico, y las historias y la amabilidad que desprenderán te sorprenderán.

Tras 1.30h esperando, una mujer húngara nos recogió. Teníamos un cartelito que ponía Serbia y Szeged. Partimos hacia Belgrado por la mañana y llegamos por la noche al día siguiente. ¿No decían que el autostop era fácil?

Mientras tanto, mi padre me envió un mensaje avisándome de la ola de calor que acaecía en los Balcanes, llegando a cuarenta grados en Belgrado. Pero sí, tras dos días largos y duros, pero increíbles a nivel de anécdotas y aprendizaje vital, llegamos.

Anarquía en Nápoles

Julio 2017

Dentro de cada país uno puede encontrar diferencias radicales. No es necesario irse a una perspectiva de país. Únicamente observando una ciudad veremos profundos contrastes. Véase, por ejemplo, la diferencia entre Pedralbes (barrio de Barcelona) y San Roque (barrio de Badalona), separados por tan solo unos kilómetros. 

Estas son las consecuencias de las disparidades del centro y la periferia, del desarrollo urbano capitalista. El máximo ejemplo de ello debe ser China. Una China rural semifeudal en el Sinkiang y una China de rascacielos de Shanghái más poderosa que Nueva York. Pues bien, en Italia, como en todos los países, regiones, ciudades y demás, las relaciones centro periferia se reproducen. 

Así como hay muchas Españas y muchas Chinas, también hay muchas Italias. Si creemos, de manera casual, que en España hay muchas diferencias entre Norte y Sur (otra teoría para explicar las desigualdades), en Italia se reproduce más aún. Y es que resulta un tema común de conversación sobre Italia. 

Visité Venecia hace dos años y me sorprendió por el lujo, los precios y los turistas. El norte italiano es la región más próspera económicamente hablando, con ciudades como Milán y Turín.  Próximo a la Europa desarrollada continental, el norte de Italia se ha desarrollado mucho más que el Sur. No hace falta ser un experto para conocer esta realidad. El imaginario colectivo del norte de Italia es rico y moderno, el del sur es mafioso, caluroso y pobre. El libro Gomorra (2007), del periodista napolitano Roberto Saviano, me acompañó en el corto pero intenso viaje por Nápoles y Roma, y que por supuesto recomiendo a todos los interesados en la mafia italiana.

En líneas generales Nápoles me encantó. Además de la vida underground que la define, arquitectónicamente hablando tiene zonas muy bonitas y tiene una atmósfera única. Aun así, creo que el término underground queda demasiado forzado para la ciudad. Underground es Berlín, la ciudad libre de Christiania en Copenhague o algunos barrios de las ciudades occidentales. La subcultura napolitana va más allá: es la ciudad sin ley de la Unión Europea. Lo underground allí es lo común. Y no solamente son jóvenes grafiteros y artistas, sino todo el mundo. 

Seguramente, lo que hemos oído de Nápoles hasta el momento es mafia y pizza. Y efectivamente, la camorra es una de las mafias más poderosas de Europa y del mundo y la mejor pizza del mundo es la margarita napolitana, o al menos eso dicen. 

Lo poco que conocía de Nápoles era el Quaertiri Spagnoli (el Barrio Español), del que me habían hablado como la zona más peligrosa de la ciudad, lugar donde nos hospedamos. Durante el día, el Barrio Español (lugar donde residió la armada española en el siglo XVI para evitar las revueltas) desprende una energía increíble. La vida callejera, los vendedores ambulantes, los grafitis, las motos, el tráfico anárquico y la ropa tendida en los balcones. 

El barrio español

Dormimos en un Airbnb de unos hippies napolitanos muy simpáticos, ya que no encontramos ni hostales a precios asequibles ni couchsurfings. Me recordaba a El Raval barcelonés pero sin esa gentrificación galopante que lo arrasa absolutamente todo. 

Llegar al piso costó lo suyo. Un metro laberíntico, con pocas indicaciones y bastante sucio complicaba ubicarse. Todo el mundo se colaba. En alguna que otra entrada estaban incluso las puertas abiertas. Sabíamos la parada donde teníamos que bajarnos, pero luego tocaba callejear por los confines de ese misterioso y apasionante barrio. Hasta que llegamos, después de preguntar con dificultades a algún que otro napolitano. De hecho, no hablan casi nada de inglés, pero entienden más o menos el castellano.

Acompañado siempre de la mochila el local, sea de donde sea, te mirará extraño, preguntándose “¿Qué haces por aquí?”. De hecho, a mí en mi barrio me ocurre lo mismo. Si veo a mochileros paseando por mis calles, me sorprenderé y me haré las mismas preguntas, me resultará extraño. ¿Qué se le habrá perdido en mi barrio?, si no hay casi nada qué hacer, pregunta que me han repetido en más de un lugar.

Pero muchas veces, el mochilero busca eso. Alejarse y meterse en los lugares más recónditos y explorar lo desconocido. Porque como suelo repetir, el mundo es un lugar más seguro del que creemos. Además, el sentimiento de curiosidad que tenemos los locales muchas veces se traslada en hospitalidad, en querer ayudar al que anda perdido.

De Nápoles recomiendan que cuides tus pertenencias mientras paseas por las calles debido a los numerosos ladronzuelos que transitan. No enseñes la cámara, ni el reloj, ni el móvil. En mi caso no suelo tener problema porque mis objetos tecnológicos no suelen ser muy llamativos. Aun así, la sensación de peligro para mí no existió si sabes lo que haces en todo momento. Como en cualquier lugar del mundo, sea Barcelona, sea Nápoles o sea Tirana, hay lugares por donde uno no debe pasar a ciertas horas. Son percepciones y acciones de sentido común. Locos te los puedes encontrar en cualquier sitio.

Callejear por Nápoles, partiendo de la transitada Vía Toledo, es bastante divertido, por la de cosas inesperadas que te pueden pasar. Normalmente tenemos una idea de Europa distorsionada (limpia, democrática, inclusiva, etc) que en realidad suele distar mucho de la realidad. 

Como hay muchas Italias, hay muchas Europas. Pasear por Nápoles implica valentía con los vehículos, en el que si estás acostumbrado a pasar en verde te vas a llevar más de un susto. El ritmo social napolitano es diferente, y cruzar la calle supone no frenarse y confiar en que nadie te atropellará. Una vez uno se adapta a la anarquía ya lo ve como lo común y ya puede desafiar al tráfico napolitano. A la vez que las leyes de la jungla del tráfico, te sorprenderás de los gritos, de la basura en las calles, de los adoquines salidos, de las pescaderías callejeras y de las motos conducidas por niños de 11 años sin casco. Se suele decir que es un territorio sin ley. Hay leyes, pero dominadas por el Sistema.

Además de lo underground, Nápoles dispone de una riqueza arquitectónica importante: iglesias, museos, plazas y lugares emblemáticos. En definitiva, un gran patrimonio histórico-cultural. A tan solo unos kilómetros está el monte Vesubio, un volcán que inundó de lava a la histórica ciudad de Pompeya, que tuve la oportunidad de visitar. El tren –underground, cómo no- cuesta unos pocos euros. Siempre con el carnet de estudiante para los descuentos, visitamos a la enorme ciudad –con un calor apabullante- en la que se mantienen las ruinas de hace prácticamente 2000 años.

Pompeya, la ciudad de lava

La pizza, concretamente, la Margarita, es la comida por antonomasia del millón de napolitanos que residen en la ciudad. A precios bajos, alrededor de los 4-5 euros, uno puede disfrutar de la mejor pizza que probablemente probará en su vida. Como amante de las pizzas extrañas (siempre me gusta pedirme sabores extraños, incluso piña), en Nápoles no había variedad apenas. ¿Cómo podía ser que la ciudad de las pizzas únicamente tuviese Margaritas? 

Lo cierto es que una Margarita napolitana es mejor que cualquier pizza de cualquier sabor que haya probado anteriormente. Una masa sabrosa y crujiente por los bordes, queso y tomate de la región y la particular hoja de albahaca en el centro producían un orgasmo en tus papilas gustativas. La pizzería más famosa, Di Michele, abierta desde hace 150 años, puede suponer una espera de más de 2 horas. Una simple pizza de 5 euros. La experiencia vale la pena. Si no estás en el momento en el que dicen tu número, te quedas sin. Has de estar atento a las llamadas del cerrado italiano de Nápoles, o incluso del idioma napolitano, una lengua hablada en el sur y en el centro de Italia. Casi me quedo sin pizza por un despiste.

También conocía el Secondigliano, el barrio donde reside la mafia napolitana, situado en las afueras de la ciudad. Para echar un vistazo, realice este recorrido por Google Maps o checkea el videoclip Le monde ou rien del grupo de trap francés PNL. Dicen que es el barrio más peligroso de Europa, donde no pueda entrar la policía ni gente que no forme parte de los clanes del Sistema (término acuñado por Saviano para definir al entramado mafioso). El Secondigliano es el centro neurálgico de la mafia, mientras que su producción se realiza en la periferia de la ciudad. Los negocios llegan prácticamente a todos lados del mundo y también poseen relaciones –malas o buenas- con otras mafias, empresas, políticos…

El inmenso puerto de Nápoles, uno de los más grandes de Europa, está sucumbido a la economía china. Saviano explica que “es una peculiaridad difícil de entender, pero las mercancías tienen una extraña magia, consiguen estar sin que estén, llegar aunque no lleguen nunca”, haciendo alusión al vacío legal que existe. En la actualidad, los puertos están totalmente alejados de las ciudades. En un pasado, el puerto era una de las ágoras de la ciudad. Hoy en día, son lugares privatizados en los que operan los barcos de contenedores que se ocupan del transporte de la gran mayoría del comercio mundial. El puerto de Nápoles está dominado por China, siendo uno de sus principales centros de operaciones en Europa.

Para seguir sabiendo sobre Nápoles y la mafia recomendaría seguir con Gomorra, para poder seguir descubriendo los entramados que ocurren. La riqueza del periodismo de investigación de Saviano no deja indiferente. Abruma. Tanto su manera de narrar, muy peliculera pero realista, como en los métodos de la Gomorra. No se sabe con exactitud cuánto % del PIB está en manos de la economía mafiosa en Italia, se habla de entre un 7 y un 10 por ciento. Una mafia basada en el negocio de las armas, los téxtiles y la construcción. El ladrillo domina el sur de Italia, el mejor entramado empresarial que, además de generar unas cantidades estratosféricas de dinero, conlleva a la dependencia de la política frente a la mafia, que permanece sucumbida a los desmanes camorristas.

Además de la economía criminal, las muertes, 4000 en los últimos años, convierten a la mafia camorrista en una de las organizaciones más asesinas de Europa. Disputas entre clanes, civiles colaterales, curas que intentan lidiar los problemas, políticos honestos… todos ellos pueden terminar en la cuneta si hablan o actúan más de la cuenta. La Camorra mantiene lazos con los narcos colombianos, la mafia albanesa, etc. y tiene células en muchos lugares de Europa. Al igual que la cocaína –ZeroZeroZero es otro libro de Saviano que explica el negocio de la coca en el mundo-, la mafia está presente en todos los rincones. En Nápoles se manifiesta con más intensidad. Pero también existen los narcos gallegos, los bussines man de la city londinense, el clan Pujol en Cataluña y un largo etcétera.

Nápoles es todo esto. Una ciudad viva y enérgica, a la vez que anárquica y sin ley, pero con mucho encanto y diversas actividades a realizar. Pizzas increíbles en una parte Italia que sufre de un racismo galopante por parte del norte, que son llamados “moros”. Una muestra de una desigual Italia. Una rica oferta cultural acompañada de interesantes callejeos que dejan perplejo y unos precios más que asequibles en comparación al resto de Italia. En definitiva, la presencia de la Mafia, que no se ve pero se percibe.

La cultura del hachís en Marruecos

Diciembre 2016

La cultura del hachís está ampliamente extendida en Marruecos desde hace siglos, que según un ruso que conocí, se basa en un pacto de hace 250 años entre la monarquía y los señores del hachís. Antiguamente se utilizaba como planta medicinal y se distribuía hacia Francia y otras parte de Europa. 

El negocio del cáñamo es fruto de un pacto secreto entre la monarquía y los señores del hachís.  Aunque esté ilegalizada en todo el país, se consume con naturalidad, sobre todo en el norte del país. Al contrario que el alcohol, prohibido por el Corán, el Cannabis no aparece en el texto sagrado.  

Sol, té y hachís

Marruecos es el mayor productor de hachís del mundo y se encarga de la distribución al resto de Europa. Una gran parte de la droga va hacia España, a las costas andaluzas, donde desembarca. Las vías de llegada son muy variadas, desde lanchas hasta aviones, y se distribuye tanto por mafias locales como por fumadores individuales.

Históricamente, desde España se ha dicho que llega en el “culo del moro”, en el que el marroquí ingiere la droga en una bolsa y luego la defeca al llegar a destino. 

En el valle del Rif, zona mayoritariamente bereber, se produce principalmente el hachís. La droga tiene un gran impacto en el tejido laboral del país, dando empleos a miles de personas. Chefchaouen es la ciudad del hachís por excelencia, donde miles de peregrinos fumetas europeos aparecen por esos lares a disfrutar de los mágicos efectos del THC. 

Vagabundeo por las costas de Pula

Agosto 2015

Después de dos semanas de turismo cultural decidimos ir a la costa croata para relajarnos, gastando el último pasaje que nos quedaba de nuestro Interrail. Esta vez fue un trayecto corto, de unas cinco horas hasta llegar a Pula, ciudad principal de la península de Istria, situada al norte de Croacia. 

Nuestros planes allí contemplaban playa y relax. Caminamos por Pula hasta llegar al coliseo y salimos a las afueras para irnos a Premantura, un pequeño pueblo más al oeste que nos habían recomendado. El autostop fue increíblemente fácil. 

Anduvimos vagabundeando un par de días por las preciosas playas de la zona, disfrutando de esas aguas cristalinas y puestas de sol paradisíacas. Un día durmiendo al lado del bosque vimos un ciervo que nos miró inquietantemente y echó a correr. 

Por las afueras de Premantura, buscando algo.

Más adelante fuimos al pintoresco Rovinj, un pueblo más al norte, ya en dirección a Venecia. También hicimos autostop para llegar. Dormimos en un camping al lado de la playa, y nuestro nivel de precariedad aumentó.   Tenía una necesidad de comer comida más sana y alimentarme decentemente, pero el viaje no me lo permitía y debía calmar mis impulsos. 

Finalmente, un día más tarde emprendimos de nuevo el viaje dirección Venecia. Luego de 40 minutos esperando, un amigable italiano traductor de persa nos recogió en Rovinj. Dio la casualidad que el chico pasaba por Venecia, lo que nos fué de perlas. En principio, nuestra opción era hacer parada en Trieste y allí coger un bus o un tren para ir a Venecia. Pero vista la oportunidad, el amigable conductor nos llevó directamente a la plaza principal de Venecia. Habíamos superado exitosamente el trayecto, superando dos fronteras (300 kilómetros) en un total de cinco horas.