Libros en las fronteras de Europa

Diciembre 2019

Una de las aficiones que consolidé durante el viaje fue acudir a librerías y a bibliotecas.

Las razones son dos.

En primer lugar, para estudiar; estos lugares son tranquilos y hay libros que uno puede leer de manera gratuita.

En segundo lugar, para saber a dónde miran los países; buscaba ediciones en inglés o accesibles para extranjeros. Era una manera de ver como de accesible era el país para los que venían de fuera.

Los libros son mágicos. Son de los mejores acompañantes de viaje (leí varios durante). Me considero un aficionado a los libros.

A continuación se muestran fotografías sobre 15 lugares donde hay libros, en diferentes países a lo largo de las fronteras de Europa.

La biblioteca de El Sueco, en Gotemburgo (Suecia)

Juan, alias «El Sueco», tenía una extensa biblioteca, principalmente situada en su salón. Había libros de todo tipo; historia, novelas y filosofía. Destacaban los libros sobre marxismo. Había una gran cantidad de libros en sueco y en alemán, algunos en francés y ruso, y también muchos en español. Indagué en ellos. Me estuvo enseñando acerca de la revista popular de su pueblo, Quesada, donde había escrito algun que otro artículo (y mi abuelo también). Recuerdo un texto ficticio que leí que Juan escribió y que todo el pueblo le creyó, causando un gran revuelo.

El Sueco me habló de Ángel Ganivet, autor de la generación del 98 y diplomático, siendo el primer español en tener memorias escritas sobre los países nórdicos. Leí «Cartas finlandesas» de finales del siglo XIX y no me pareció que distara mucho de la realidad actual.

Academic Bookstore, en Helsinki (Finlandia)

Tras pasear un rato por Helsinki me fui en busca de una librería, para hacer algo de tiempo mientras esperaba a unos amigos. Academic Bookstore era gigantesca, silenciosa y bien iluminada. En primer lugar me dirigí a la sección de libros en inglés, donde había novelas y libros de historia y política. Todos ellos eran principalmente de ediciones inglesas y estadounidenses, y tenían los mismos precios que en esos países. Tenían muchas estanterías. Los finlandeses hablan muy buen inglés y miran al mundo exterior.

Luego fui a la sección de libros sobre Finlandia, y ojeé alguno de fotografía, hasta que por fin encontré uno de historia general, y estuve leyendo una hora. Había un café en el piso superior pero era muy caro, así que no consumí.

Biblioteca de Marko, Tallin (Estonia)

Marko fue un estonio que me acogió en su apartamento en Tallin. Era un día lluvioso, estaba oscuro y me costó encontrar el lugar. Su piso estaba al lado de un descampado.

Mi host era un tipo especial. Ya casi en sus cuarenta, me explicó que tras una «vida modélica», en la que estudió en Estados Unidos y se dedicó a la comunicación política para un partido, lo dejó todo para estudiar budismo en Tailandia. Así pues, desde hace diez años pasa las épocas invernales en una isla tailandesa, aprendiendo sobre la meditación budista. Hoy en día se dedica al coaching, y ayuda a introducir el mindfulness (la meditación budista para occidentales) en la vida profesional.

Marko era un tipo muy relajado, con una casa humilde, vegetariano, con pareos de budas por la casa y con música trance. Mientras hablábamos sobre religiones y política internacional, me explicó que cualquier persona independientemente de su religión podía adoptar postulados de la meditación budista e incorporarlos a su vida diaria. Me transmitió buenas sensaciones y me recomendó algún libro, por si quería conocer un poco más acerca del budismo.

Librería (no recuerdo el nombre), Riga (Letonia)

Llegué a Riga en autostop; me llevaron unos pastores protestantes que rezaron por mí. Lo primero que hice al arribar fue caminar, comprar unos bollos y un café en una panadería, hasta que encontré esta librería, cercana al centro de la ciudad.

Creo recordar que no había ni un título en inglés. Todo estaba en letón o en ruso. Parecía que había algún libro interesante de historia, pero era inaccesible para mí. Allí comencé a pensar que si quería viajar más libremente por el mundo postcomunista debía aprender ruso.

En Letonia noté un cambio importante. A diferencia de Estonia el inglés estaba menos presente, tanto en la gente como en sus libros. Luego, posteriormente, encontré algun lugar donde había libros en inglés.

Biblioteca Nacional de Letonia, Riga (Letonia)

Me costó llegar a la Biblioteca Nacional. Se encontraba al otro lado del río. Me metí por el lado equivocado y tuve que hacer malabarismos para llegar; no había pasos de peatones y el tráfico era caótico.

Al llegar había una estatua que expresaba calma y tranquilidad. Entré en la biblioteca, la más grande de la país con unos 5 millones de libros y paseé por el vestíbulo ya que no se podía acceder más allá. Estaba limpia y era bonita por dentro, mientras que por fuera parecía demasiado mastodóntica.

Había dos exposiciones gratuitas sobre la historia de la biblioteca, que fue fundada en 1919 tras la parcial independencia del país. Los planes de la nueva biblioteca databan de los años treinta, pero no fue hasta 2014 que se abrió este moderno edificio.

Librería Catarsis, Kaliningrado (Rusia)

Tras una búsqueda exhaustiva en Kaliningrado por fin encontré esta agradable librería, situada en el centro de la ciudad. Parecía la más moderna, o por lo menos la más accesible. Era tipo «hipster» y se podía tomar café en una terraza. Hacían presentaciones de libros.

Sin embargo, no encontré nada en inglés. Estaba todo en ruso. Solamente había algun libro de gramática de otros idiomas. Había muchos libros y parecían muy interesantes. La industria rusa parecía muy potente; era como un universo al que no podía acceder, pero quería. Eran muy baratos en comparación a las ediciones anglosajonas.

El ruso es un idioma poderoso y hegemónico, y la población rusa es principalmente monolingüe. El mundo exterior anglosajón queda más lejos; sus ideas y sus libros cuesta más encontrarlos. Cosas de la política internacional.

Mint Vinetu, Vilnius (Lituania)

En Kaunas conocí a una chica en un hostal, con la cual estuve «tocando» música, que me recomendó algún lugar en Vilnius. Le pregunté por librerías y me dio el nombre de ésta.

Una vez en la capital lituana, junto a una amiga japonesa que hice, fuimos a este café-librería. Era bonito, coqueto, con un buen y caro café. Yuriko, la chica japonesa, estaba enamorada de Cataluña. Su novio era catalán, como yo, y sabía palabras en catalán, cosa que me hizo mucha ilusión.

En otra ocasión volvería a esta librería en solitario.

Bukinist, Minsk (Bielorrusia)

En la capital bielorrusa me costó enormemente encontrar libros. Sobre Bielorrusia apenas había nada, y lo que había estaba en ruso. En aquel entonces solamente buscaba una novela para leer, nada en concreto.

Gracias a mi amiga Lera, que conocí mientras me tomaba una foto enfrente de una estatua de Lenin, logré encontrar algo. Me llevó a Bukinist, cerca del mercado de Minsk, y encontré algunos libros de segunda mano. Me compré uno de una niña esquimal que al final no acabé leyendo. Lo perdí en algún lugar.

Realmente, encontrar información de un país hermético como Bielorrusia era una ardua tarea.

Bookstore Ye, Lviv (Ucrania)

Al llegar a Lviv me fui directamente al centro de la ciudad, paseé y me detuve en una librería llamada Ye, que resultó ser una cadena.

Después de Rusia y Bielorrusia, el material se encontraba mucho más accesible. Había libros sobre Ucrania de ediciones anglosajonas. Ucrania recibe más turistas y pretende acercarse más a Europa. Luego había libros en ucraniano y ruso. Me dijeron que Lviv era la capital cultural de Ucrania.

En concreto, avisté un libro que me llamo la atención llamado «The Gates of Europe: A History of Ukraine». Me senté en un sillón y me puse a leer. Tenía muy buenos mapas y aprendí cosas de Ucrania muy interesantes, como su papel repeliendo a las invasiones nómadas que atravesaban las estepas euroasiáticas o su pasado cosaco.

Cărturești Brașov, Brasov (Rumanía)

Brasov fue una ciudad que no me gustó, ya que más allá de la montaña tenía poco atractivo, además de ser cara y muy turística. Así pues, fui a esta librería en busca de material y encontré un libro sobre Rumanía de Robert Kaplan, uno de mis autores preferidos.

Me pasé unas horas leyendo, fui a cocinarme una sopa de patata y tomate, y a la tarde volví a leer. Me leí el libro entero en un día. Robert Kaplan tenía una pequeña obsesión con el país; para él, que había vivido y visitado varias veces, Rumanía era una especie de experimento que combinaba el «comunismo ortodoxo» con la «latinidad».

Carturesti Carrusel, Bucarest (Rumanía)

En Rumanía la presencia de librerías era mayor que en todos los países que había visitado anteriormente. Encontrabas librerías de segunda mano, otras normales y otras más modernas. Y había libros en inglés, muchos de ellos a precios más accesibles de lo que creía. Además, volvía a ver alfabeto en caracteres latinos, por lo que sea hacía todo más fácil. Parecía que la cultura se promovía más!

Carturesti era una librería espectacular, preciosa, señorial. Tenía una gran bola del mundo colgada en el techo. Me pasé una hora leyendo en unos de sus sillones ojeando libros de política internacional.

Хеликон (Khelicon), Plovdiv (Bulgaria)

Fui a Khelicon a eso de las 5 de la tarde, para hacer tiempo mientras esperaba mi bus hacia Estambul, que salía a media noche. Llovía, estaba muy cansado y resacoso, por lo que busqué refugio allí.

Me puse a buscar libros y encontré algunos, pero finalmente pillé un Atlas y comencé a estudiar sobre la geografía de Turquía. Me senté en un sillón, y al cabo del rato una trabajadora me llamó la atención diciendo que estaba sentado en una mala posición. Me recoloqué para no causar inconvenientes.

Notaba que esa desagradable trabajadora me miraba, como si fuese un gorrón que leía gratuitamente. Media hora más tarde vino hacia mi y me quitó el Atlas de las manos agresivamente, y me invitó a irme de la librería. Protesté efusivamente y me fui muy enfadado. En general, el «servicio» en Bulgaria dejaba mucho que desear.

Mephisto Bookstore & Cafe, Estambul (Turquía)

Ese día en Estambul tenía ganas de estudiar. Primero fui al museo de la casa de Atatürk, pero estaba todo en turco. Era el único visitante, y entré en una pequeña biblioteca con cientos de libros de Atatürk, pero solamente encontré uno en inglés, de un diplomático argentino. Era una biografía muy bondadosa con el fundador del estado turco.

Luego fui a Beşiktaş, un moderno barrio de la ciudad, para visitar otro pequeño museo de Atatürk. Era gratuito y estaba todo, otra vez, en turco, por lo que prácticamente di media vuelta. Luego me tomé un café turco mientras leía el Corán. En Beşiktaş había un ambiente juvenil y progresista.

Mientras caminaba vi por casualidad la librería Mephisto y fui en busca de libros. Quería comprarme uno para que me acompañase en Estambul. Encontré varios, algunos de ediciones anglosajonas y otros turcos, mucho más baratos. Había buenos libros, muchos de ellos en inglés, sobre asuntos turcos. Pillé unos cuantos pero al final no adquirí ninguno; estaba esperando recomendación de algún turco.

Durante ese rato pillé «Chaotic Uncertainty: Reflections on Islam The Middle East and The World System» de Wallerstein, un autor de referencia para mí, y leí los capítulos dedicados a Turquía.

En Estambul se podían encontrar muy buenos libros.

Biblioteca SALT Galata, Estambul (Turquía)

Tenía este centro cultural al lado de mi hostal. Era un lugar señorial, antigua sede bancaria durante el periodo otomano, hoy reformado.

Se tenía que cruzar por un detector de metales. Creía que me pedirían carnet universitario, pero no (en otros lugares me habían rechazado por no poseerlo, como en la universidad). Entré y pillé un libro de una diplomática sueca sobre el paso al autoritarismo de Erdogan. Estuve leyendo un buen rato.

D&R, Ankara (Turquía)

Tras haber subido a Ankara Atakule, una torre desde la cual se contempla a la ciudad, Alex me llevó a esta librería, la mejor de Ankara según ella, situada al lado del lago de los cisnes, el único lugar en la ciudad donde está permitido beber alcohol.

La librería era grande y tenía varios pisos. Había variedad y muchos libros baratísimos en inglés, pero excesivamente propagandísticos del gobierno turco. Pensé que podrían ser interesantes para conocer una visión de Turquía, pero finalmente compré uno del mejor novelista turco contemporáneo, Orhan Pamuk.

Lo importante es que los libros se muevan

Abril 2019

Salí de casa pensando en libros, aunque ninguno en concreto. Hay días que a través de una inspiración divina necesitas darte algún capricho, sea una cena en La Tagliatella o un (o unos) libro. Así que proseguí en mi camino, dirección a la tienda ReRead cercana a Plaza Universidad; es una cadena de librerías de segunda mano, en el cual puedes adquirir libros por dos euros de acuerdo a sus ofertas.

(Seguimos estando muy por debajo otros países en la cuestión de las librerías. En Reino Unido el sistema de libros de segunda mano está mucho más extendido y puedes encontrar auténticas joyas por precios muy módicos; además, los precios suelen ser más bajos.)

Entré en la librería, sin ningún fin concreto, como suelo hacer en ellas. Estuve diez minutos dando vueltas, acercándome a las secciones de política, historia y filosofía, y echando un vistazo más general a la sección de literatura extranjera.

Nunca sabes que libros vas a encontrar.

No encontré nada especialmente interesante para adquirir, así que decidí preguntarle a la trabajadora si tenían libros de Ali Bey, un viajero español gran conocedor del mundo árabe de los siglos XVIII y XIX. No sé en qué momento me vino a la cabeza el nombre de este explorador, pero apareció. Sin embargo, la respuesta fue negativa. Justamente alguien había reservado el último libro de la tienda de este autor.

Seguí buscando, y me fui a la sección de política, lugar donde anteriormente no había encontrado nada. Rebusqué. El primer descubrimiento fue un libro llamado “Asia central” de Gavin Hambly, uno de la edición Historia Universal Siglo Veintiuno. Pese a tratarse de un libro de 1966, decidí seleccionarlo. No tenía libros de Asia Central en mi biblioteca, y es una región sumamente importante en el mundo.

La segunda víctima fue “Cabeza de Turco” de Günter Wallraff. Es uno de mis libros preferidos y la edición que tuve había desaparecido de mi estantería. Trata de las anécdotas de un periodista alemán haciéndose pasar por un turco en Alemania en los años ochenta, mostrando así constantes actos racistas y demás vejaciones. Casualidades de la vida, había estado pensando en ese libro acerca de una experiencia fabril que tuve, y a raíz de eso descubrí el término “Wallrafear”, que hace referencia a adoptar identidades ficticias mientras uno trabaja. Lo escogí pero se lo regalé a mi tío.

Seguidamente, un libro que también conocía apareció de repente, “Colonialismo y neocolonialismo”, del año 1973. Lo había utilizado en la carrera y estaba escrito por mi propio abuelo Mateo Madridejos, el mismo que me lo prestó unos años atrás, y que tuve que devolverle. Hay libros que vuelven y otros que no. Hoy en día debe estar en alguna biblioteca de Jaén.

La sección de política parecía que ya no daba para más, por lo que fui a preguntar a la trabajadora si tenían una apartado de literatura de viajes, otro género que me interesa profundamente. Tras sus amables indicaciones, fui a echar un largo vistazo, aunque en su mayoría eran guías. Luego de una búsqueda intensiva, encontré  “A flag worth dying for” de Tim Marshall, con la edición estadounidense de tapa dura. Un libro de 2016 que cuesta alrededor de 25 euros. Casualmente hacía unos meses me había leído el superventas “Prisioners of Geography” del mismo autor.

Ya llevaba cuatro libros, y para conseguir la oferta de los 10 euros necesitaba uno más, pero no lograba decidirme y no quería más peso en mi mochila, que también cargaba un kimono. Seguí adentrándome hasta que, por casualidades de la vida, encontré un libro de Alí Bey que se llamaba “Viatges d’Ali Bey”. Obviamente era la decisión definitiva y un revés a la información proporcionada por la trabajadora. Este último libro acabó en manos de un amigo al cabo del rato.

Al final, acabé gastándome diez euros en libros, quedándome tres y regalando dos. La aventura librófila fue especial debido a las tremendas casualidades, pero al igual que hacen las librerías de segunda mano, lo importante es que los libros se muevan.

Libros en Albania

Agosto 2017

Dentro de lo que concierne a mi librofilia, me metí en Adrion, una librería situada en la gigantesca plaza de Skanderbeg en Tirana (capital de Albania).

Mientas estaba echando un vistazo a los libros, siempre yéndome a mi pasión –política y relaciones internacionales- encontré varios libros baratos en albanés, desde manuales hasta ensayos.

Conforme avancé por los pasillos llegué a un estante de Estados Unidos y quedé abrumado. Había una cantidad de libros de política exterior norteamericana (en inglés) a precios desorbitados. Todo eran novedades internacionales. 

Uno se debe preguntar el porqué de esto. ¿Qué hacen todos estos libros de Estados Unidos en la librería? ¿En un lugar desconocido como Albania?

Me sorprendió mucho, porque incluso en una librería de Barcelona o en Edimburgo cuesta encontrar todo esto. Efectivamente es una librería que al parecer está “especializada” en ese tipo de libros. Fue instalada en 1994. 

Aún sigo especulando sobre eso, y evidentemente puede haber varias lecturas al respecto. ¿A qué se debe? ¿Acercarte a la cultura de la “globalización”? ¿Abrazar la cultura norteamericana? ¿Nutrirte de sus ideas? ¿Que las elites albanesas aprendan los preceptos norteamericanos…?

Luego, cuando seguí viajando, pude constatar más cosas sobre la relación Albania-Kosovo y Estados Unidos.

EEUU, junto a Alemania, fueron los países que más apoyaron la independencia de Kosovo y le daron un apoyo durante la guerra. En Kosovo está “Camp Bondsteel” -que pertenece a EEUU y es su base geoestratégica en la región-, siendo uno de los complejos militares más grandes del mundo (el más grande construido tras la guerra del Vietnam)

Detrás de cada acto empresarial de este talante siempre hay política detrás, y más allá cuando hay unos 7500 kilómetros de distancia entre ambos países y las relaciones históricas han sido prácticamente nulas.

La política no solamente se impone a base de cañonazos, si no que el poder (blando) también se puede infundir mediante los libros. Los tanques y los libros vienen de la mano.