Presupuesto mochilero para viajar por los Balcanes

Agosto 2017

Gracias a una contabilidad casi perfectamente llevada, os muestro unas tablas donde podréis encontrar el presupuesto aproximado para viajar durante un mes por los Balcanes, en países como Hungría, Serbia, Bosnia, Montenegro, Albania, Kosovo, Macedonia y Sofía.

Es importante remarcar que el estilo de viaje es mochilero y se incluye noches gratuitas de alojamiento, autostop y comida sencilla.

Estas tablas han de servir para hacerse una idea de los precios en estos países.

Los datos son del año 2017 en pleno agosto (por tanto los precios son más elevados) y están distribuidos de acuerdo a comida, alojamiento, transporte, cultura y ocio.

En líneas generales, los gastos generales por persona fueron los siguientes:

ComidasAlojamientoTransporteCulturaOcioTotal
250,45234,4190,2222,66171,15768,89

El gasto medio diario era alrededor de 24 euros por persona y 100 euros por país, con una estancia de unos 4 días en cada lugar.

Los países que salieron más económicos fueron Montenegro, por la vida tranquila del cámping, y Albania y Kosovo, los dos países posiblemente más baratos de la región.

A continuación, la distribución por países.

HUNGRÍA

Lo más caro fue el alojamiento y lo más barato el transporte.

ComidasAlojamientoTransporteCulturaOcioTotal
Día 18,0015,222,000,004,0029,22
Día 25,5014,050,005,0625,0049,61
Día 33,0013,540,000,003,0019,54
Día 41,500,003,000,002,507,00
Media4,5014,271,251,278,63
Total18,0042,815,005,0634,50105,37

SERBIA

En comida gastamos casi cuarenta euros.

ComidasAlojamientoTransporteCulturaOcioTotal
Día 42,3010,500,000,000,0012,80
Día 56,000,005,500,001,5013,00
Día 67,600,000,000,006,7514,35
Día 710,507,600,000,0012,5030,60
Día 88,5010,500,000,009,0028,00
Día 92,5024,0026,50
Media6,235,724,920,005,95
Total37,4028,6029,500,0029,75125,25

BOSNIA y HERCEGOVINA

Lo más caro fue el alojamiento.

ComidasAlojamientoTransporteCulturaOcioTotal
Día 95,5010,0015,50
Día 1012,6510,003,005,002,5033,15
Día 114,5010,001,0021,2536,75
Día 124,008,007,5019,50
Media6,669,505,253,0011,88
Total26,6538,0010,506,0023,75104,90

MONTENEGRO

Gastamos unos 50 euros en dos días y medio.

ComidasAlojamientoTransporteCulturaOcioTotal
Día 129,005,0014,00
Día 139,505,001,007,0022,50
Día 142,2510,0012,25
Media6,925,0010,001,007,00
Total20,7510,0010,001,007,0048,75

ALBANIA

En Albania fue el lugar donde pasamos más tiempo, un total de seis noches.

ComidasAlojamientoTransporteCulturaOcioTotal
Día 1410,509,0019,50
Día 1521,000,001,5012,6335,13
Día 1610,000,002,004,504,5021,00
Día 175,0011,005,0021,00
Día 187,0012,502,251,0022,75
Día 195,750,005,502,5013,75
Día 200,803,304,10
Media8,585,423,952,755,16
Total60,0532,5015,808,2520,63137,23

KOSOVO

Kosovo fue el país más barato del viaje.

ComidasAlojamientoTransporteCulturaOcioTotal
Día 206,2010,001,0017,20
Día 219,0010,000,7519,75
Día 227,000,002,259,25
Día 233,000,006,709,70
Día 242,305,500,308,10
Media5,505,005,502,20
Total27,5020,005,500,0011,0064,00

MACEDONIA

Macedonia podría ser el ejemplo medio, en cuanto a precios, de un país de la región.

ComidasAlojamientoTransporteCulturaOcioTotal
Día 245,859,000,600,859,0025,30
Día 256,508,004,0018,50
Día 269,2510,006,254,0029,50
Día 274,608,006,253,0021,85
Día 282,002,00
Media5,648,754,375,00
Total28,2035,0013,100,8520,0097,15

BULGARIA

Bulgaria fue la última étapa del viaje, y apenas nos movimos del centro de la capital.

ComidasAlojamientoTransporteCulturaOcioTotal
Domingo 277,609,501,5018,60
Lunes 2810,009,001,5015,0035,50
Martes 299,509,002,4020,90
Miércoles 304,800,825,6211,24
Media7,989,170,826,13
Total31,9027,500,821,5024,5286,24

Recuerdos de Kosovo

Agosto 2017

En Kosovo tuve una de las sensaciones más extrañas de mi vida. Tras estar dos días en Prizren, una ciudad encantadora parecida a Sarajevo, podía llegar a creer en alguna esperanza. Vi turismo y ciertos elementos de prosperidad.

Al llegar a Pristina, capital del país, esa visión cambió radicalmente.

El conductor que nos recogió nos dejó en frente del monumento NewBorn, que hacía honor a su reciente declaración de independencia. En frente había un restaurante que se llamaba Ruta 66, y emulaba perfectamente a Estados Unidos. Me comí una hamburguesa.

Tras pasear un rato por la ciudad fuimos a quedar con nuestra anfitriona couchsurfer, una jueza alemana que trabajaba para la Unión Europea, que nos llevó a su elegante y pomposo apartamento. Nos dejó las llaves y se fue a trabajar.

Recuerdo que hacía frío y que llovía algo. Me asome a la terraza y observé el gigantesco parque que estaba en frente, cubierto por una masa oscura de cuervos. Después de descansar ligeramente, seguimos paseando por esa misteriosa ciudad.

Kosovo, lugar donde ella residía desde hacía tres años, había conseguido la independencia en el año 2008. Por tanto, este país no tenía –para cuando lo visité- ni diez años de vida. Es el segundo Estado más joven del mundo después de Sudan del Sur, que se independizó en 2011.

Por la noche estuvimos conversando con nuestra anfitriona unas tres horas seguidas. Según pude entender, ella se dedicaba a determinar los derechos de las tierras kosovares, es decir a privatizar propiedades. ¿A quién pertenecían las propiedades en un estado nuevo?

Escuchaba detenidamente todas sus palabras en su claro inglés. Hablábamos sobre las intervenciones de la comunidad internacional, sobre cómo se desenvolvía en albanés (con muchas complicaciones, comentaba) y de cómo estaba el país.

Nos explicaba lo irrespirable que se convertía el país en invierno debido a la contaminación. Hablamos además del mal sistema educativo existente. Durante los periodos de convulsión las escuelas apenas funcionaban y los padres educaban a los hijos, sin instituciones detrás respaldando.

También me llamó la atención como hablaba de la situación social y económica. Frente a la falta de indicadores económicos, ¿cómo se valoraba la situación de Kosovo, el país más joven y más musulmán de Europa?

La media de edad no llega a los treinta años y el porcentaje de musulmanes es de prácticamente el 95%, correspondiente a la mayoría albanesa-kosovar, y el tanto por ciento restante corresponde a la minoría serbia que habita en el norte del país.

La descomposición de Yugoslavia había llegado consigo al resurgimiento de los nacionalismos étnicos en la federación, en el que albaneses y serbios se enfrentaron y ocurrieron auténticos desastres.

El punto álgido entre 1998-1999, con el estallido del conflicto armado y la puesta en escena de la OTAN. Después de eso, Kosovo quedó bajo la administración de Naciones Unidas mediante el UNMIK hasta la declaración de independencia.

Serbios y albaneses tienen una relación bastante complicada. Los serbios ven a los albaneses como terroristas y violentos, y los albaneses a los serbios como imperialistas y asesinos. Ambos bandos produjeron episodios de limpieza étnica.

Kosovo como estado tiene unos orígenes bastante controvertidos, y existen muchas vinculaciones que lo sitúan como uno de los focos del narcotráfico y del terrorismo en Europa. Pero a la vez es un firme aliado de Occidente.

Turcos y monarcas petrolíferos se pelean por la influencia cultural y religiosa en el país mediante la construcción de mezquitas y otros edificios, pero quien pone realmente dinero es Occidente. 

Los kosovares sueñan con Europa, al igual que la mayoría de países balcánicos, aunque por ahora lo tienen muy complicado. Serbia, que siempre ha estado más vinculado a lo eslavo y a lo ortodoxo, también sueña con Europa.

Pristina parecía una ciudad de diplomáticos. Había multitud de agencias de cooperación de la Unión Europea y de Estados Unidos, y por supuesto hombres trajeados. Se veían banderas de Estados Unidos por todos lados, e incluso una estatua honorando a Bill Clinton. Había también muchas tiendas occidentales a precios occidentales, pero no había gente dentro comprando.

En una ocasión fuimos a ver el mercadillo del centro de la ciudad, que tenía un aspecto muy humilde. Vi a dos policías comprarse un cinturón. Compré un par de discos de música albanesa, algo realmente muy hortera. 

Luego comimos al lado del mercadillo, donde por 1 o 2 euros podías obtener un plato de cevapici y una bebida. Los precios más baratos que había visto nunca.

La sensación seguía siendo muy extraña. Prizren me había dado algo de confianza en Kosovo, pero Pristina me hizo dudar enormemente. Fue literalmente encontrarse con un estado en construcción; en una especie de utopía.

Muchos de sus habitantes conducían Mercedes de alto standing, al igual que en Albania. Tienen fama de aguantar más que otros coches. Y por supuesto, son un símbolo de estatus social, algo importante cuando tienes poco. Las banderas albanesas estaban en todos lados.

De hecho, me planteaba que significa ser kosovar. La identidad nacional es una de las bases de los estados nación moderno, y en este caso la kosovar no existía. Cuando tu pequeño estado se está creando es difícil creer y confiar en él, además de las grandes dificultades que está pasando. 

En otro de los largos paseos, cercano a la estación de tren, caminamos junto a la embajada de Estados Unidos en el país, un gigantesco complejo con aspecto de base militar, situado en el centro de la ciudad.

Biblioteca nacional

Siempre había creído que las embajadas eran lugares administrativos, o por lo menos ese era mi idealismo. Pero en las embajadas están grandes secretos. Bienvenidos a la política internacional.

Que debería significar que el país más poderoso del mundo tuviese una embajada de esa magnitud en la capital de Kosovo, un país con dos millones de habitantes. O que Estados Unidos dispusiese en el territorio del campo Bondsteel, una de las bases militares más grandes del mundo.

Era sin duda alguna la base geopolítica americana en los Balcanes.

Al lado de la embajada había edificios a medio construir y negocios cerrados. Eran ya finales de agosto, y pese a las posibles vacaciones, eso parecía estar completamente parado. Se respiraba un ambiente extraño.

Me preguntaba si era un estado en construcción.

O simplemente qué era y dónde estaba.

Cuanto más tiempo pasaba allí más curiosidad me producía.

Libros en Albania

Agosto 2017

Dentro de lo que concierne a mi librofilia, me metí en Adrion, una librería situada en la gigantesca plaza de Skanderbeg en Tirana (capital de Albania).

Mientas estaba echando un vistazo a los libros, siempre yéndome a mi pasión –política y relaciones internacionales- encontré varios libros baratos en albanés, desde manuales hasta ensayos.

Conforme avancé por los pasillos llegué a un estante de Estados Unidos y quedé abrumado. Había una cantidad de libros de política exterior norteamericana (en inglés) a precios desorbitados. Todo eran novedades internacionales. 

Uno se debe preguntar el porqué de esto. ¿Qué hacen todos estos libros de Estados Unidos en la librería? ¿En un lugar desconocido como Albania?

Me sorprendió mucho, porque incluso en una librería de Barcelona o en Edimburgo cuesta encontrar todo esto. Efectivamente es una librería que al parecer está “especializada” en ese tipo de libros. Fue instalada en 1994. 

Aún sigo especulando sobre eso, y evidentemente puede haber varias lecturas al respecto. ¿A qué se debe? ¿Acercarte a la cultura de la “globalización”? ¿Abrazar la cultura norteamericana? ¿Nutrirte de sus ideas? ¿Que las elites albanesas aprendan los preceptos norteamericanos…?

Luego, cuando seguí viajando, pude constatar más cosas sobre la relación Albania-Kosovo y Estados Unidos.

EEUU, junto a Alemania, fueron los países que más apoyaron la independencia de Kosovo y le daron un apoyo durante la guerra. En Kosovo está “Camp Bondsteel” -que pertenece a EEUU y es su base geoestratégica en la región-, siendo uno de los complejos militares más grandes del mundo (el más grande construido tras la guerra del Vietnam)

Detrás de cada acto empresarial de este talante siempre hay política detrás, y más allá cuando hay unos 7500 kilómetros de distancia entre ambos países y las relaciones históricas han sido prácticamente nulas.

La política no solamente se impone a base de cañonazos, si no que el poder (blando) también se puede infundir mediante los libros. Los tanques y los libros vienen de la mano. 

¿Por qué Albania?

Agosto 2017

Cuando hablo de Albania a alguno de mis allegados suelen comenzar las preguntas y las impresiones. Normalmente, o se trata de un país el cual no saben situar en el mapa, o bien uno del que han oído historias macabras.

  • Hace 30 años, cuando viajé por Yugoslavia, recuerdo que Albania era uno de esos países de los que no podía visitar, ya que no daban visados.

Pero no solamente queda ahí la cuestión. Mucha gente directamente se pregunta porque vas allí.

  • ¿Para qué vas a Albania? ¿Hay algo que ver?

El repertorio continúa cuando llegas al mismo país. Los mismos albaneses nos lo preguntaron constantemente.

  • ¿Qué hacéis aquí? ¿Por qué Albania?

La respuesta más filosófica sería decir que el espíritu viajero va más allá de lo que uno pueda saber o espere de un país. Va sobre lo inesperado. Es decir, sobre esa mística del quenospodrápasar tan apasionante.

La experiencia viajando me ha enseñado que los museos y los monumentos solamente te muestran una pequeña parte de la cultura del lugar, mientras que de la propia gente de los barrios es de donde sacas la quintaesencia, mediante el arte de hablar, escuchar y observar.

Eso es Albania en comparación a Europa Occidental, ya que el quehacer clásico del viajero se ve trastocado. Acostumbrado a ir a grandes ciudades, con espectaculares castillos, monumentos epopéyicos, barrios modernos, zonas financieras… en Albania, de alguna manera, la cosa cambia.

Esas infraestructuras turísticas que el viajero suele tener, desde un buen sistema de hostales u hoteles hasta buenas comunicaciones, existen en menor medida.

Aunque el turismo cada vez crece más en el país, aún sigue siendo escaso a pesar de la zona costera cercana a Grecia, con Sarande como ciudad referente. Cualquiera que viaje se puede dar cuenta del poco turismo que se percibe. 

De hecho, en nuestro segundo día en Tirana (la capital), nos ocurrió una anécdota curiosa. Fuimos a preguntar a la oficina turística para que nos orientasen sobre qué hacer. Al realizar la pregunta, la trabajadora se quedó pasmada y vergonzosa, con cara de “hay poco que hacer aquí”. Nos dio un pequeño mapa y ahí quedó la conversación.  

En los diarios que había leído ponía algo parecido. La mayoría de bloggers hablaban de las cosas a hacer en la ciudad, pero destacando siempre que no valía mucho la pena para estar mucho tiempo. 

Afirmaciones que en cierta manera secundo, pero a la vez critico, ya que Albania me produjo unas vibraciones especiales, pese a lo extravagante que resultaba. En total dormimos cuatro noches en Tirana, pero nos faltaron cosas a hacer. Realmente pasamos muy buenos días allí.

Sin embargo, pese a Tirana, no significa que en un país como Albania no haya atracciones turísticas. Tiene una costa extensa con playas, una zona montañosa que hace frontera con Montenegro, varios parques naturales, ciudades preciosas como Berat y un largo etcétera. 

Todo ello en un país poblado por 3 millones de habitantes. Resulta curioso porque hay más albaneses fuera de Albania que dentro. Una auténtica diáspora distribuida por países de sus alrededores, desde Kosovo, con 1.8 millones de albaneses, hasta Italia, Grecia o Turquía, ambos con más de 500.000. 

Mis experiencias con los albaneses, que duraron nada más y nada menos que 10 días, me produjeron un gran impacto, un choque cultural inédito que me hizo obsesionarme ligeramente con el país, sobre todo en lo que concierne a la política y a las relaciones internacionales. Pero como comentaba anteriormente, todo estaba en el aire. No sabía casi nada del país, pero tenía ganas de saber.

Así que cruzamos la frontera y dijimos adiós a Yugoslavia. La cola era impresionante, y una vez entrabas en Albania la carretera no estaba asfaltada. En general la situación era bastante caótica. Conforme el coche avanzaba estábamos cada vez más expectantes sobre qué podría pasar y qué podríamos ver. Seguíamos bordeando el río.

Las primeras impresiones fueron observar una zona poca poblada, con construcciones a medias.  Pocos coches, y los que había de gama alta, especialmente de la marca Mercedes, algunos muy nuevos y otros de hace cincuenta años. También vimos a un niño y a una abuela  haciendo autostop.

Hicimos una pequeña parada en Shkoder, la primera ciudad tras la frontera, en la que pudimos palpar ligeramente atisbos de la sociedad albanesa. Curioseando por google maps encontré esta imagen, lugar por el cual pasamos.

La fotografía a primera instancia es una calle normal, pero denota algo muy característico albanés: la conducción. Se observa cierta anarquía, distintos medios de transporte e incluso una moto en la que van dos personas sin casco. Y no olvidemos, una bandera ondeando a lo lejos. La primera imagen del país fue extraña, ya que notamos un ritmo social diferente. 

Aprovechando la parada, estuvimos en una cafetería a unos minutos tomamos algo de comer y una cocacola por módicos precios. Entendernos para pagar fue complicado, y nuestro ticket fue el siguiente. 

Tras la pausa en Shkoder proseguimos con el viaje hacia Tirana. Tomamos la autopista. Los destacados mencionados se seguían reproduciendo. Mercedes y coches de lujo. Muchos concesionarios. 

La conducción era ciertamente temeraria y había adelantamientos por el arcén, incluso bicicletas en las autopistas. También había muchos coches de boda por la carretera, bastante horteras a mi parecer. Además había gran cantidad de banderas albanesas. Pero sorprendentemente también había multitud de banderas de Kosovo y de Estados Unidos. Y de la Unión Europea. Se notaba un cierto fanatismo.

Entramos en Tirana hasta llegar al hostal, al cual fuimos con nuestro amigo francés. Nos hospedamos una noche en el Zig Zag hostel. Era pequeño y coqueto, con una bonita y agradable zona común. No estaba repleto de gente, por lo que lo hacía más apacible. Disponía de una limitada cocina y estaba administrado por voluntarios.

Había un costarricense recién llegado que iba bastante perdido. El hecho de que los voluntarios tengan poca idea del qué hacer suele ser algo típico en los hostales, haciendo el funcionamiento más natural, pero a la vez más caótico y divertido. Olvidemos las formalidades de Occidente.

Seguidamente nos duchamos y nos relajamos. Dejamos nuestras mochilas en la habitación. Sin candado ni nada, ya que nos dio mucha confianza el hostal. Dormíamos en la habitación más económica, la cual compartíamos con la dueña del hostal y el costarricense. 

Luego de aposentarnos fuimos a dar una vuelta al centro de la ciudad, pasando por una enorme iglesia ortodoxa, además de ir a la famosa pirámide la cual se puede escalar. Seguíamos alucinando con los coches y la concepción de seguridad en la calle era total.

Recogimos a nuestra colega francés y le invitamos a cenar a un restaurante cercano a nuestro hostal, en el que pedimos el típico cevapici balcánico, pero con nombre albanés. Se podía llamar al camarero mediante un botón que había en la pared. Cenamos barato y de calidad. Tras eso, tomamos unos postres en una pastelería cercana y definitivamente acabamos en un bar viendo la vuelta de la supercopa de España entre el Barça y el Madrid. La gran mayoría estaba con el Barcelona.

Timbre para llamar al camarero

Las primeras impresiones de Albania fueron estas. Una realidad chocante pero emocionante, con cientos de misterios por descubrir. La curiosidad nos invadía y queríamos seguir conociendo. ¿Por qué conducen de manera tan agresiva? ¿Por qué hay esos coches de lujos? ¿Por qué, a priori, resulta un país tan caótico?

Rumbo a Albania

Agosto 2017

Albania fue una especie de leyenda a lo largo del viaje. Las historias que habíamos oído hablar del país giraban en torno a la mafia y a los coches de lujo.

En nuestro imaginario colectivo el término “albano-kosovar” está totalmente corrompido, el cual hace referencia a gente delincuente que roba chalets en la Costa Brava. Sin embaro, la experiencia de diez días con la sociedad albanesa fue la mejor ayudante para conocer que ocurre y evitar caer en tópicos racistas y clasistas.

La visita al país supuso un punto de inflexión. Estábamos diciendo adiós –de manera temporal, ya que a posteriori íbamos a ir a Kosovo y a Macedonia- a la antigua Yugoslavia. Nos adentrábamos en un sistema y una sociedad totalmente distintos.

Pese a las diferencias existentes entre eslovenos, croatas, bosnios, serbios, montenegrinos y macedonios, todos ellos comparten un origen étnico común: el eslavo o sur eslavo. Por contraste, Albania y Kosovo son étnicamente albaneses, constituyendo un pueblo muy alejado de Yugoslavia.

El idioma también cambia de manera radical. Mientras que el serbo-croata tiene un origen eslavo y se habla –con variantes- por Eslovenia, Croacia, Bosnia, Serbia, Montenegro y Macedonia, el idioma albanés es completamente diferente. Forma parte de uno de esos idiomas con orígenes desconocidos como el vasco, el húngaro y el finlandés, entre otros.

Por último, la religión también ejerce un papel fundamental. En Albania, al igual que en Bosnia, conviven las tres religiones principales de la zona: la cristiana católica, la cristiana ortodoxa y el islam. La mayoritaria, con más del 50% de población, es el islam, concentrada sobre todo en el centro y este del país. El sur, cercano a la frontera griega, es más cristiano ortodoxo. El norte oriental se muestra más católico. Pese a todo esto, Albania es un país poco religioso en comparación a los demás balcánicos, debido a la influencia comunista de Enver Hoxha.

Nos encontramos, pues, tres grandes diferencias respecto a Yugoslavia: etnia, religión y lengua. Estamos hablando de pueblos completamente distintos, separados por tan solo unos kilómetros.

El caso de Kosovo, sin embargo, se trata de un caso especial. Aunque formase parte de la antigua Yugoslavia era un territorio menos desarrollado y olvidado, habitado principalmente por albaneses y una minoría serbia en el norte del país.

En general las experiencias en el país fueron muy positivas, en la que la hospitalidad y curiosidad del albanés te inundaba y te convertía en un apasionado de la observación y la búsqueda de lo atípico.

Abandonamos Montenegro con mucha tranquilidad. Nuestro colega francés estaba alarmado por si su coche no era capaz de llegar a Albania debido a sus problemas con las marchas. Pero soportó nuestro peso. Nos fuimos alejando paulatinamente de la zona montañosa montenegrina, pasando con el coche por Podgorica, la capital de Montenegro. Se trata de una ciudad muy poco popular en el turismo balcánico. Prácticamente todos los viajeros me habían dicho que no valía la pena, que era una especie de Albacete (con todo el respeto a los albaceteños): una ciudad con poca cosa que hacer y sin placeres estéticos.

Siguiendo por la carretera principal llegamos al lago Shkodër (Skadarsko Jezero en serbo-croata) que hace frontera con Albania. En el norte de Montenegro, debido a la montaña, hay escasez de carreteras, por lo que para ir Albania es recomendable ir desde el sur. Para los apasionados de los mapas, echar un vistazo a las conexiones es sumamente importante a la hora de viajar por la región ya que las zonas montañosas ejercen de barreras naturales y dificultan las conexiones entre países.

Estuvimos bordeando ligeramente el lago hasta que llegamos a la zona fronteriza, con un tráfico abrumador que nos supuso prácticamente dos horas de espera. Los primeros atisbos de Albania comenzaron a aparecer. El ambiente era diferente. En primer lugar, había una gran cantidad de italianos, los cuales bajaban desde su país para disfrutar de las vacaciones en el sur de Albania con económicos precios. En segundo lugar destacaban los coches, en los que había Mercedes, Land Rover, BMW’s, Audis y un largo etcétera de coches de lujo.

La cola avanzaba lentamente, mientras el calor atacaba. Íbamos moviendo el coche por la fuerza bruta porque le costaba mucho arrancar. Era una situación bastante divertida. En el transcurso de la espera se produjo alguna pelea y varios gritos, por gente que intentaba colarse o hacer triquiñuelas. 

Justo antes de entrar al control fronterizo, vimos a lo lejos un Land Rover de lujo con niños siendo registrado, del cual salió el típico hombre de negocios. El coche fue registrado al completo. El puesto fronterizo no daba una gran sensación de seguridad. Había cierta dejadez. Cruzar fronteras se convertía en algo cada vez más divertido y anecdótico.

En Sarajevo, cuando los ríos separan y los puentes unen

Agosto 2017

El primer vistazo a Sarajevo es el río Miljacka, que destaca por partir la ciudad en dos y por sus diversos y reconocidos puentes. Uno de ellos es el Latinska ćuprijav, conocido como el Puente del Príncipe o el Puente Latino, debido a que fue el escenario donde se asesinó al archiduque Francisco Fernando de Austria y se desencadenó la Primera Guerra Mundial. También hay otro llamado Skenderija, que fue diseñado por Gustavo Eiffel (el diseñador de la Torre Eiffel), repleto de candados amorosos que dañan su infraestructura y le dan un toque romántico.

El Miljacka es probablemente lo más representativo de Sarajevo. Durante el Sitio de Sarajevo, el asedio más largo de los últimos 300 años, el río ejercía como uno de los principales campos de batalla en esos 44 meses infernales de conflicto bélico. Hay un puente especialmente simbólico, el de Suada y Olga, basado en las dos primeras víctimas de la guerra. Y más aún, es muy conocida la historia de Admira y Bosko, una pareja formada por una bosníaca (bosnios musulmanes) y un serbobosnio (serbios que viven en Bosnia), que fueron asesinados en 1993 con tan solo 25 años. Su leyenda amorosa aún perdura; la historia de Romeo y Julieta versión balcánica.   

Antes de la contienda  bélica Sarajevo tuvo un periodo de esplendor. Los Juegos Olímpicos de Invierno de 1984 se realizaron en la ciudad, lo que permitió una modernización de las infraestructuras.  Entre otras cosas, se construyó una espectacular pista de Bobsleigh en una de las montañas que la rodean. Una pista que, ocho años después, era utilizada en la guerra como un lugar para atrincherarse y para colocar la artillería de las fuerzas serbobosnias. 

Hoy en día sirve de atractivo turístico alternativo en Sarajevo. Me hablaron de ello unos portugueses que conocí en Zagreb, así que una visita a las pistas en nuestra estancia en Sarajevo se convirtió en una particular obsesión.  

Tras no haber podido empezar el free tour por la lentitud de mi compañero, decidimos, junto a un amigo brasileño que habíamos conocido en el hostal, ir al Museo de los Crímenes contra la Humanidad y el Genocidio 1992-1995en el que aprendimos lo acontecido durante esos años, viendo las dramáticas historias, desde campos de concentración hasta atrocidades desgarradoras como la famosa matanza de Srebrenica, con episodios de limpieza étnica.  

Después de eso fuimos a visitar la pista de Bobsleigh, esta vez acompañados también de una chica turca que habíamos conocido en el bus a Sarajevo. De acuerdo a Google maps -un fiel compañero de viaje y un peligroso controlador- nos indicaba que ir en bus era posible. Pero cuando preguntábamos a los bosnios nos decían que no, que la mejor idea era tomar un taxi y que nos dejase allí directamente.

Así que aceptamos y fuimos en taxi a un precio muy económico. Subimos por las cuestas empinadas hasta llegar a la cima de la montaña. Allí, seguimos las indicaciones y nos metimos de lleno a pasear por el interior de las pista de Bobsleigh, lleno de grafitis y con un aspecto muy deteriorado.  

Estuvimos disfrutando de las pistas underground durante un buen rato, además de las fabulosas vistas a la ciudad que ofrecía. Cuando el sol ya comenzaba a resultar muy molesto y el estómago rugía, decidimos volver de nuevo al centro de Sarajevo, esta vez mediante autostop. Los taxis desde allí nos querían cobrar una millonada, por lo que la técnica del dedo fue la elegida. Y fue exitosa, como en la mayoría de ocasiones. Nos dividimos en dos grupos y en menos de media hora ya estábamos subidos a algún coche. Llegamos al hostal y nos preparamos algo de comer. Aprovechamos para descansar.

En la pista de Bobsleigh

Hasta el momento, en los diarios de viaje se ha hablado de los orígenes de los pueblos sudeslavos y de su historia contemporánea, hasta la constitución de la Yugoslavia socialista bajo el liderazgo de Tito.

Lamentablemente, los intentos de lograr a estos pueblos unidos pereció, desencadenando en una de las peores guerras modernas que se recuerda. Nada más y nada menos que 200.000 muertos en diez años. Con el fin de Yugoslavia y la URSS, los años noventa fueron el fin de la utopía iniciada en 1917 con la Revolución Rusa.

Los inicios de la hecatombe son difíciles de saber y no existe un consenso al respecto, pero digamos que las confrontaciones existen prácticamente desde los orígenes de su constitución como país después de la Segunda Guerra Mundial. 

Las razones son variadas: el auge de los nacionalismos, la diversidad étnica-religiosa, la dependencia del liderazgo de Tito y la injerencia internacional. La clave posiblemente nace en Kosovo, el origen del pueblo serbio. Como dice Bernard Féron: “Esta historia empieza y acaba en Kosovo: la cuna de Serbia se ha convertido en la tumba de Yugoslavia”.

Eran finales de los años sesenta y las tensiones en el seno de Yugoslavia se hacían cada vez más intensas, por lo que se olían nuevas reformas políticas, hasta que llegó la nueva Constitución de 1974, en la que se otorgaba más autonomía tanto a las repúblicas (Croacia, Eslovenia, etc.) como a las regiones autónomas (Kosovo y Voivodina).

En este sentido, desde 1968 los ciudadanos de Kosovo (principalmente de etnia albanesa), se manifestaban contra el poder serbio y se mostraban favorables al sistema comunista ortodoxo albanés de Enver Hoxha.

Kosovo estaba cada vez más enfadado, hasta que en 1981 comenzaron unas revueltas estudiantiles que acabaron convirtiéndose en un problema de primer orden en Yugoslavia, declarando incluso el estado de emergencia en Pristina, la capital del país.

 Durante los años ochenta, las diferencias entre la mayoría albanesa y la minoría serbia (que habitaba principalmente en el norte del país) se fueron acrecentando, produciendo una situación en la que los serbios de Kosovo se veían discriminados y atacados.

En Croacia y en Eslovenia también comenzaba a resurgir el nacionalismo, con el objetivo de seguir descentralizando a Yugoslavia y demandar más autonomía. Los problemas se hacían cada vez mayores y para acabar, Josip Broz “Tito” falleció el 4 de mayo de 1980. 

El sistema se estaba empezando a desestabilizar, acrecentado por una fuerte crisis económica. Entre el 1990 y el 1991 la economía yugoslava cayó un 23% de su Producto Interior Bruto y sufría una inflación del 2.500%. El conflicto estaba al caer. La llegada al poder de Milosevic en Yugoslavia fue la guinda del pastel, desencadenando en una mayor tensión entre las diferentes repúblicas yugoslavas, ya que tuvo la iniciativa de unificar a los serbios en un único país, bajo la idea de la Gran Serbia.  

En Eslovenia y en Croacia los partidos nacionalistas iban emergiendo, hasta que a partir de 1991 comenzaron a declarar las declaraciones unilaterales de independencia. 

En primer lugar, Eslovenia realizó en 1990 un referéndum por su independencia con una abrumadora victoria, y la disputa finalizó con la Guerra de los Diez Díasque se saldó con aproximadamente 200 muertos. La guerra en Eslovenia fue fugaz y no causó tanto dolor. Por su posición geoestratégica no interesaba tantos a los serbios y, además, tenía la composición étnica y religiosa más homogénea de todas las repúblicas. 

El caso croata fue sumamente distinto, durando cuatro años y llevándose a decenas de miles de soldados y civiles, produciendo también desplazamientos masivos. Después de que Croacia declarase la independencia los serbios entraron en escena. La parte este del país (Krajina), habitada por una gran cantidad de serbios, se constituyó como la República Serbia de Krajina. Al terminar la guerra, Croacia se quedó con los territorios.

Via EntretantoMagazine

Pero, ¿qué ocurría con Bosnia a todo esto? El país, el más diverso en términos religiosos, se encontraba en medio del conflicto, mientras que Croacia y Serbia disputaban una rampante guerra. Los bosníacos, étnicamente eslavos pero musulmanes, junto a la ayuda interesada de los bosniocroatas, declararon la independencia. 

Sin embargo, en Bosnia y Herzegovina había un 30% de serbobosnios, que se aliaron con Serbia. A partir de allí, todo empezó, y los bosníacos, huérfanos de apoyos externos, sufrieron fatídicos episodios, destacando la masacre de Srebrenica y el Sitio de Sarajevo.

El pasado y el presente no pueden entenderse únicamente mediante lo escrito en libros, sino que deben vivirse y palparse. Keynes, el ilustrado economista británico, era un gran experto en temas relacionados con la India. Sin embargo, nunca llegó a estar allí ni tuvo un amigo indio. Creo que es importante saber que el contacto con la persona local, el auténtico individuo que ha vivido el pasado y vive el presente, es imprescindible y mucho más valioso que lo que encontrarás en libros o en historias de juglares.

En este sentido, durante todo el viaje estuve pensando en entrenar jiu jitsu brasileño, una de mis pasiones. Creo que es una buena manera de conocer a la gente de un lugar, aunque sea limitado y en un tatami. Así pues, contacté mediante Facebook con un par de academias de Sarajevo y les envié un mensaje.

Las dos me respondieron y me dijeron que estaban encantados, y que incluso me dejaban un kimono para entrenar con ellos. Acepté y este mismo día me fui a entrenar con los bosnios del Ferrari BJJ Team Sarajevo. Tomé el bus, que me dejó en una zona más alejada del centro y fui hacia el gimnasio, que se encontraba en el Pabellón Olímpico Juan Antonio Samaranch. Dicho pabellón fue bombardeado durante la guerra, por lo que el aspecto estaba bastante descuidado. De hecho, una de las primeras cosas que me dijo el entrenador era que aquí habían caído bombas de los serbobosnios.

Este tipo de experiencias son realmente muy gratificantes, ya que permiten un intercambio cultural bastante curioso y enriquecedor. ¿En qué se pueden llevar un viajero barcelonés y un grupo de luchadores de jiu jitsu bosnios? En compartir una pasión y pasar horas luchando, haciendo volar a la fraternidad entre seres humanos, más allá de fronteras y naciones, aprendiendo así nuevas técnicas y, sobre todo, gente que piensa y actúa diferente.

Después de haber estado unas horas con los bosnios jiujitseros, me dirigí de nuevo al centro, al cual me llevaron amablemente un chico y su padre. Me duché y fuimos a tomar una pizza a un restaurante al lado del hostal, con un grupo que habíamos formado de manera improvisada. Seguidamente estuvimos disfrutando del ocio nocturno a base de la Sarajevska, la mejor cerveza de los Balcanes, o por lo menos la que mejor recuerdo. Muchas de esas cervezas fueron pagadas por un emiratí llamado Sultan –nunca mejor dicho-, al cual el dinero le salía por las orejas y no escatimaba en invitar, llevar relojes de oro y pagar noches en el hotel más caro de la ciudad.

Barrio turco

La historia de Sultan es cada vez más casual en Bosnia, ya que el turismo de países musulmanes se está haciendo un hueco. Los Balcanes es una región en disputa donde diferentes países proyectan su política exterior. Por ejemplo, sorprende la influencia turca en Bosnia, marcada por una trayectoria histórica y cultural, además de las petromonarquías del golfo, que han incrementado su presencia. Carteles en turco y numerosos burkas, más de los que vi en Marruecos.

Los orígenes de los pueblos sudeslavos

Agosto 2017

A la gran mayoría de las capitales centroeuropeas les gusta vanagloriarse de su situación geográfica y de su heroica historia. Si vas a Berlín, Praga o Budapest, en las guías o explicaciones te harán alusión constante de su ventajosa situación estratégica. Belgrado también cumple con esos aspectos: ha sido históricamente una ciudad en disputa por diferentes grupos, países e imperios y bebe de las orillas del río Danubio en toda su plenitud, acompañado de su afluente el Sava.  

Belgrado es y ha sido la ciudad históricamente más grande de los Balcanes. Las leyendas cuentan que ha sido reconstruida más de 40 veces, tras siglos de constantes guerras. Los orígenes de los primeros asentamientos humanos datan de hace miles de años.

Situémonos en el fin del imperio romano de Occidente, en el siglo VI, cuando los bárbaros aparecieron. En esos andares, los eslavos, venidos del Nordeste europeo, aparecieron en la región y formaron pueblos y ciudades; es decir, asentaron su civilización.

Eslavos orientales: verde bosque; Eslavos occidentales: verde menta; Eslavos meridionales; verde esmeralda.
Fuente: Wikipedia.

El término de Yugoslavia se basa en la combinación entre Yugo, haciendo referencia al sur, y Slavi, haciendo referencia a los pueblos eslavos. Se distinguen en el mundo tres pueblos eslavos: los occidentales (checos, polacos, etc), los orientales (rusos, ucranianos, etc) y los meridionales (Eslovenia, Croacia, Serbia, Montenegro, Bosnia y Hercegovina, Macedonia, Bulgaria).

Dentro de eso llamado Balcanes, complicado de por sí de definir y de delimitar sus fronteras geográficas, los pueblos sudeslavos fueron los predominantes, junto con otros como los albaneses. Cuando hablamos de Balcanes entendemos, a priori, montañas y guerra, pero la realidad es mucho más compleja.

Tras la aparición de los bárbaros, se fueron originando las culturas propias en la región del sudeste europeo, como los eslovenos, los croatas y los serbios. El reino de Serbia, originado en Kosovo, llegó a dominar un gran territorio en su reinado del XII hasta el XV, hasta que el Imperio Otomano, venido desde Turquía, apareció.

En la histórica batalla de Kosovo en el 15 de Junio de 1389 el Reino de Serbia comienza su proceso de descomposición. Una batalla que, con el paso del tiempo, se convirtió en un importante componente de la identidad nacional serbia. Concretamente, esta reivindicación de la batalla de Kosovo es especialmente importante en el acto que realiza Milosevic (presidente de Yugoslavia desde el 1989 al 1997) en 1989, pronunciando un discurso patriótico por los 600 años de la histórica derrota frente a los otomanos.

Los otomanos conquistaron los Balcanes y anduvieron allí cinco siglos, en lo que llegaron hasta Serbia y Bosnia, e incluso superando más allá de Budapest en su época de pleno apogeo. Su periodo de máximo expansión aconteció desde finales del siglo XVII hasta principios del XIX, hasta que empezó su declive mediante la pérdida cada vez más gradual de territorios. Concretamente, los Serbios protanizaron diversas insurrecciones, consolidando un Principado (un semiestado serbio) y posteriormente un estado independiente, formalizado en 1878 mediante el Congreso de Berlín. Situándonos, además, en la guerra entre el Imperio Otomano y el Imperio Ruso (1877-1878), que ganaron los segundos.

Los rusos lograron defender a los cristianos ortodoxos de los Balcanes –sus pueblos “hermanos” de los Balcanes, los serbios- y logrando el acceso al mar Mediterráneo.

El reino de Serbia en 1882. Fuente: filatelia.uy.

La historia balcánica plagada de conquistas, guerras, imperios y religiones sumamente complicada y en constante evolución, que acabó dibujando un complejo mosaico cultural-religioso en los inicios del siglo XX. Toda esta explicación, recogida de libros, conversaciones con Milan e Internet, me ayudó y me ha ayudado a entender cuestiones que me sorprendieron estando en Belgrado.

Una cuestión que nos llamó especialmente la atención fue el sentimiento pro-rusia existente. Más allá de las conversaciones, el carácter serbio y el alfabeto cirílico, nos sorprendió ver en los mercadillos camisetas de Vladimir Putin de souvenir, de todos los tipos y colores.

Partida de ajedrez previa a irnos de casa de Milan. Parece que tenga dieciocho años. Me afeié tras un arrebato y además se me ve excesivamente delgado. La cerveza que no falte. Milan me retó y le gané.

Todo esto pasó tras habernos establecido en el hostal por el módico precio de ocho euros, que aun así intentamos regatearlo. El hostal estaba francamente bien. Barato, agradable, con un toque hippy-moderno. Se dividía entre dos edificios, uno para el hall y la recepción y otro para las habitaciones. E incluso tenía una piscina hinchable en el patio, que a cuarenta grados era un auténtico lujo. Era curioso porque había como 5 o 6 personas trabajando mediante work away, es decir, con un contrato por el cual el hostal ofrecía alojamiento y desayuno gratuito a cambio de trabajar para ellos. Es una práctica bastante extendida en el mundo hostalero.

Seguidamente, fuimos a pasear por fin por el centro de Belgrado. Después de prácticamente dos días en Svezdara, apenas habíamos visitado el centro de la ciudad. A Milan no le apetecía bajar. En cierta manera, me recordó a mí a veces con la relación que tengo yo con el centro de Barcelona. ¿Para qué ir al centro si ya lo tienes todo en tu barrio?

Una cosa curiosa y divertida en Belgrado era el tema de los buses y tranvías. No pagamos ninguno porque interpretamos que así funcionaba. No veíamos a nadie pagar y cuando preguntábamos a la gente nos decía simplemente que no sabían nada. Era una cultura de colarse bastante divertida, ya que pillamos la costumbre de movernos por Belgrado mediante el bus, cogiendo buses sin mirar nada prácticamente, solamente intuyendo que íbamos hacia el centro.  

Tras las impactantes camisetas de Putin y el agradable centro de la ciudad, nos dirigimos Kalemegdan, la fortaleza de Belgrado, rodeado de unos bonitos parques. Se trata del lugar más antiguo de la ciudad, con miles de años de historia y de reconstrucciones constantes.

El nombre viene del turco y significa “fortaleza del campo de batalla”. Es enorme y posee cientos de atractivos: museos, galerías, vistas panóramicas espectaculares, restaurantes, actividades, etc. Tras nuestro primer contacto con el centro belgradense, fuimos a tomar unas cervezas con Milan y dos amigas suyas, una serbia y otra brasileña. El intercambio cultural resulta siempre muy beneficioso.

Cuando llegamos al hostal por la noche nos encontramos con una grata sorpresa. Estaba el aire acondicionado puesto a toda pastilla. A 17 grados. En comparación al exagerado calor sufrido los días anteriores, el aire se agradece. Pero nos asustamos. Aun así, durmiendo bien abrigados no pasó nada. Era un maldito congelador.