Dubrovnik, la ciudad amurallada

Julio 2017

Aterrizamos sobre las nueve de la mañana en Dubrovnik, recogimos las maletas y nos dirigimos hacia la concurrida ciudad. Antes de todo era necesario cambiar euros a la moneda croata, la kuna (1 euro = 7 kunas), para disponer de dinero en efectivo. En los aeropuertos el tipo de cambio suele estar peor, aunque la variación normalmente es mínima.

Nunca me ha gustado el hecho de estar cambiando dinero en cada país, pero por otra parte es una de las gracias de viajar fuera de la zona euro: cuando cruzas la frontera, la moneda cambia.

Dubrovnik es una ciudad situada en la Dalmacia, el sur de Croacia, con salida al mar. Hoy en día es uno de los grandes atractivos turísticos de un país que está en pleno apogeo. Un porvenir que parece positivo para Croacia, y que le ha permitido recuperarse rápidamente de la Guerra de los Balcanes, sobre todo en su zona costera.

Perdido en alguna isla croata

Croacia es un país con forma de C y con múltiples islas a su alrededor. Su población es de 4.3 millones de habitantes y su capital es Zagreb. Formó parte de la antigua Yugoslavia, pero se independizó en 1992. Dieciséis años después, en el 2008, el país lograba entrar en la Unión Europea. Dentro del territorio yugoslavo, Croacia fue la región más desarrollada después de Eslovenia y su renta por habitante es de unos 15.000 euros anuales.

Respecto a la diversidad religiosa, el 88% se declaran católicos, el 4% ortodoxos y el 1% musulmanes, unas diferencias que se han ido pronunciado con cada vez más estupor en todos los Balcanes. De hecho, en la región están los tres únicos estados europeos con mayoría musulmana: Bosnia, Albania y Kosovo.

En Dubrovnik hay turistas de todos lados, sobre todo alemanes y japoneses, que inundan las calles de la Old Town, una auténtica reliquia arquitectónica. Dubrovnik es la ciudad más bonita de toda Croacia y, posiblemente, de todos los Balcanes, destacando sus impresionantes murallas (20 euros cuesta pasear por ellas) y por sus casas de color piedra y tejados rojos, una combinación que produce un brillo típico mediterráneo.

Sin embargo, los precios y los turistas quitan gran parte de ese encanto de eso que algún día fue una gran urbe costera al estilo de Venecia, una ciudad comercial y marítima que permaneció independientemente durante varios siglos.

La serie televisiva Juego de Tronos se ha rodado en Dubrovnik, siendo ésta la capital ficticia de Los Siete Reinos, ciudad donde se asienta el trono de hierro (el poder político) al cual quieren acceder las aristocráticas familias de la serie. La publicidad al respecto es masiva. Hay merchandising por todos lados y múltiples guías, lo que convierte a Dubrovnik en un parque temático para los adictos a la serie. Para sus fieles, en los que me incluyo, se hace imposible no hacer paralelismos entre lo que vi y las batallitas de la serie.

Más allá de la ciudad uno puede disfrutar de las playas que hay, bastante bonitas y de fácil acceso. El turismo es muy variado, pasando por el festivo, familiar y de pareja, pero sobre todo destacaba de manera abrumadora el crucerista, que invade la ciudad hasta las 15.00 de la tarde desembarcando 8.000 personas que se dedican a pasear por el barrio viejo con un calor abrumador.

Las pistas underground de waterpolo que hay montadas en las playas me parecieron un gran acierto, ya que junto al fútbol es el deporte nacional. El waterpolo se practica muchísimo en los Balcanes. La sensación era que la fisionomía croata era más grande que la ibérica, derivado de esos orígenes eslavos. La mezcla entre el tamaño centroeuropeo y los sudeslavos hacían que uno se sintiese pequeño.