Barcelona, ciudad rebelde y global

Abril 2015

El barcelonés común de los barrios populares, así como una gran parte de las habitantes de las ciudades y pueblos vecinos, han visto disminuir su nivel de vida desde el inicio de la crisis económica en 2008.

Es famoso el artículo publicado por El País en 2013, titulado Crece la Barcelona pobre, en el que se explica con la ayuda del siguiente mapa los cambios producidos en la renta de los habitantes barceloneses. La brecha social y la desigualdad entre clases, se hace más grande tras el estallido de la crisis y se acentúa con el paso de los años: los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres.

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A todo esto Barcelona, y España, crecieron de manera disparatada desde la década del 2000, cuando comenzaron los buenos tiempos de la construcción que fue formando una burbuja inmobiliaria que desembocó en la crisis económica capitalista que nos mantiene en la miseria y que apenas hay grandes signos de recuperación.

No obstante, Barcelona comenzó, gracias al boom de la construcción -íntimamente ligado al sector del turismo- a albergar masivamente a turistas y ha creado en la ciudad un centro de negocios internacionales.

Barcelona se ha convertido en un centro de inversiones a nivel mundial. Hoy en día es la quinta ciudad más turística de Europa. Se ha establecido el turismo masivo como fuente de crecimiento económico.

De los 7,5 millones de turistas que visitaron Barcelona en 2014, el 80% fueron extranjeros. En el 2000 visitaban la ciudad 3,1 millones, prácticamente la mitad.  En la actualidad, más del 50% de los turistas son procedentes de Europa, frente a un 25% de otros países y un 20% del Estado español.

Barcelona también es una de las capitales mundiales en cuanto a celebración de reuniones internacionales, ocupando el cuarto lugar. Se celebran alrededor de 2000 reuniones, como por ejemplo el Mobile World Congress, el más importante en comunicación móvil, o el Salón del Automóvil.

Nos encontramos con que: 1) el sector de servicios ocupa casi el 90% de los trabajos de los barceloneses; 2) es una de las ciudades con más consulados del mundo con un total de 98; 3) hay una tasa de paro de 16,4%, inferior a la media española y catalana; 4) es la ciudad mediterránea líder en destinación de pasajeros de cruceros, con un total de 2,6 millones; 5) es la 9º ciudad del mundo en cuanto a reputación global según el Reputation Institute.

Las ciudades se han convertido -más que nunca- en los grandes centros económicos del mundo. El término ciudad global, acuñado por la socióloga neerlandesa Saskia Sassen, hace referencia a aquellas ciudades plenamente globalizadas y urbanizadas que comparten unas determinadas características, enmarcadas en 5 variables que la consultora mundial A.T Kearney estipula que son: 1) el compromiso político, 2) la experiencia cultural, 3) el intercambio de información, 4) el capital humano y 5) la actividad de los negocios.

La ciudad se encuentra en la actualidad en el puesto 24, con un total de 26.7 puntos según los indicadores de A.T Kearney. Por tanto, Barcelona es una ciudad importante a escala mundial. 

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Pese a todo esto, 

¿Cuál debe ser el “modelo Barcelona”?

¿Un modelo basado en el turismo masivo y la degradación del medioambiente?

¿Un modelo en el cuál se margina a la clases populares cada vez más?

¿Un modelo de turismo de sex, drugs and alcohol?

¿Un modelo en el cuál la brecha social es cada vez más grande?

¿Un modelo basado en la desmantelación de los Centros Sociales?

¿Un modelo basado en la gentrificación?

¿Un modelo con una fuerte dependencia externa?

¿Un modelo no diversificado?

La gentrificación según Wikipedia es un proceso de transformación urbana en el que la población original de un sector o barrio deteriorado y con pauperismo es progresivamente desplazada por otra de un mayor nivel adquisitivo a la vez que se renueva. Barcelona no está exenta de la gentrificación; el caso del Raval es explicativo.

Dicho barrio, que forma parte del casco antiguo barcelonés, se ha convertido en un lugar de emprendedores para las clases medias creativas, fenómeno que ha provocado una subida de precios al alza en la zona y a obligado a la población autóctona a irse. En el Raval encontramos por una parte esta clase media creativa, y por otro lado a una creciente inmigración, principalmente asiática (50% del total) que vive en unas condiciones de vida muy bajas. 

¿Regeneración urbana o regeneración neoliberal? ¿Donde queda el barcelonés de toda la vida que no puede pagar el alquiler?

Los vecinos de la Barceloneta están hartos del “modelo Barcelona”. Lo han vivido en primera persona. Se ha establecido una lucha vecinal contra el turismo masivo que ensucia, no deja dormir y se aposenta en pisos turísticos irregulares. Los vecinos proponen un decrecimiento económico, un cambio en el “modelo Barcelona” del turismo. Un turismo sostenible y respetuoso con los ciudadanos.

Otro ejemplo es Torre Baró, posiblemente el barrio más marginado de Barcelona. Situado en la periferia de Barcelona, dentro del distrito más pobre (Nou Barris), sus vecinos sienten un olvido por parte del ayuntamiento. Apenas tienen servicios públicos y viven una realidad completamente distinta.

Las ciudades, sin embargo, responden con rebeldía.

El influyente geógrafo marxista David Harvey considera a las ciudades como objetos de reflexión utópica y revolucionaria. En el libro Ciudades rebeldes: del derecho de la ciudad a la revolución urbana, Harvey plantea el dilema de las ciudades, en el que explica que además de ser históricamente subversivas son también grandes centros de acumulación capitalistas.

Para ello, el autor plantea las siguientes preguntas ¿A quién corresponde el control de la urbe, a los financieros y promotores inmobiliarios, o al pueblo? ¿Cómo podemos convertir a las ciudades en urbes socialmente más justas y ecológicamente más sanas?

Barcelona ha sido históricamente una ciudad revolucionaria. Un ejemplo lo tenemos ochenta años atrás, en el 1936, cuando la ciudad condal estaba dominada por la autogestión y el comunitarismo, como explica Orwell en Homenatge a Catalunya.

Por un lado existe una red asociativa importante, desde asociaciones de vecinos y asambleas hasta los centros sociales ocupados. Por otro lado, Barcelona es una ciudad con una gran acumulación capitalista basada en el turismo masivo y los negocios internacionales.

Barcelona se ha convertido en una ciudad excesivamente dependiente de la economía extranjera.

¿Qué pasará con el “modelo Barcelona”?

Lo principal sería aprovechar los recursos y la situación, y poner los intereses de la gente en primera fila.

Un modelo ecológico sostenible, evitando catástrofes como el Hotel Vela. Un modelo con tejido asociativo, que no cierre CSO’s. Un modelo más diversificado, que no dependa tanto del turismo. Un modelo que cree ocupación digna y no precaria. Un modelo donde todos los ciudadanos tengan los mismos derechos. Un modelo alejado de la estrategia neoliberal privatizadora que beneficia al gran capital. Un modelo donde no se margina a los pobres y a la periferia. Un modelo sin especulación urbanística.  

La protesta política del independentismo catalán

Septiembre 2017

Hace aproximadamente un año y medio acabé mi Trabajo Final del grado de Ciencias Políticas, en el que colaboré con un grupo de investigación para elaborar una base de datos sobre la protesta política en la ciudad de Barcelona.

Mi trabajo trató de analizar el ciclo de protesta del independentismo durante los años 2009-2016. Sin duda alguna, la investigación debería volver a actualizarla debido a los últimos acontecimientos sucedidos en el panorama político catalán, llegando a su foco de máxima de tensión en el último año.

A grandes rasgos, mi trabajo pretendía dar una perspectiva histórica de las protestas del independentismo desde el 2009, viendo así como las masivas manifestaciones afectaban al proceso político.

Basándome en la teoría del ciclo de protesta de Charles Tilly –que me encantaría desarrollar en un futuro con más precisión-, argumentaba que el independentismo catalán había seguido los esquemas de la protesta, logrando un importante aumento tanto en el apoyo en las encuestas como en el número diputados en el Parlamento Catalán.

Cuando las protestas eran más masivas y más impactos tenían sobre la opinión pública, más poderoso se iba haciendo el independentismo en Cataluña.

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El gráfico que elaboré, a modo de síntesis del trabajo, era el siguiente (para ver con claridad, ampliar el clicando encima). Se analizaban las encuestas del CEO de apoyo al independentismo (línea azul), los asistentes a las manifestaciones (línea naranja), los diputados independentistas en el Parlamento Catalán (columnas amarillas) y acontecimientos políticos (los números del 1 al 13). Bajo mi punto de vista, aun faltarían algunas variables a analizar con posibilidad de impacto, como los diputados independentistas en las elecciones generales.

Desde la realización del trabajo han ocurrido muchos cambios cambios y acontecimientos en Cataluña

  • Nace el Partit Demòcrata Europeu Català como refundación de Convergencia Democràtica en junio de 2016.
  • Manifestación del 11 de septiembre de 2016, con una asistencia aproximada de entre 800.000 y 1.000.000 personas.
  • Actuaciones de la justicia contra Artur Mas y más políticos en marzo de 2017.
  • Anuncio de celebración del referéndum (en junio de 2017) sobre la independencia del 1 de octubre.
  • Aprobación de la celebración del referéndum y la ley de transitoriedad jurídica entre el 6 y el 7 de setiembre de 2017.
  • Suspensión del TC de las leyes emanadas del Parlamento Catalán.
  • Manifestación del 11 de septiembre de 2017, con una asistencia aproximada 1.000.000 de personas.

Si prosiguiera con el gráfico el apoyo en las encuestas al independentismo sigue más o menos estable (línea azul, a la espera de las encuestas del Centro de Estudios de Opinión) y el número de asistentes se mantendría con valores inferiores (línea naranja), aun estando alrededor de 1.000.000 de personas.

Los ciclos de protesta tienen principalmente tres fases: una fase ascendente, una fase clímax y un descenso. Como observamos en el gráfico anterior, la fase ascendente y la fase clímax se superaron, y el independentismo se quedó en una fase de estancamiento o de “parálisis política”. E

Lo que en un inicio fueron protestas con poco apoyo como en 2009 o 2010 (así como en las encuestas y el número de diputados que también se encontraban en número bajos), luego el independentismo logró ascender rápidamente y lograr una mayoría de diputados en el Parlamento Catalán, lo que le daban legitimidad legal –socialmente dudosa y aun a debate-.

Al ciclo de protesta del independentismo catalán, actualmente alejándose de la fase de parálisis política, le pueden ocurrir dos cosas.

En primer lugar, el éxito para el independentismo sería, después de la institucionalización del mismo (lograda en los últimos años, con la llegada de diputados independentistas al Parlamento Catalán), la ruptura con España y la proclamación de la República Catalana.

En segundo lugar, un descenso parcial o definitivo del apoyo al independentismo, por ejemplo como perdiendo el posible referéndum o con acciones represivas por parte del Estado español.

En el primer caso, el ciclo de protesta resultaría exitoso. En el segundo caso, resultaría fallido. Lógicamente, estas dos opciones son tipos ideales de lo que podría pasar y la realidad es sumamente compleja y está condicionada por muchos factores.

Cataluña y el fin de la historia

Octubre 2017

Todos los grandes libros clásicos del pensamiento social se caracterizan por marcar épocas, generando así nuevas ideas y nuevos debates.

Con el inicio de la posguerra fría se publicaron dos obras –El fin de la historia de Francis Fukuyama en 1992 y El choque de civilizaciones de Samuel Huntington en 1996-  que tuvieron un enorme impacto en las agendas académicas, políticas, económicas y de toda índole.

De manera resumida, podríamos decir el fin de la historia dominó el panorama en los años noventa, tras la caída del comunismo, y el choque de civilizaciones emergió a partir del ataque terrorista a la Torres Gemelas en 2001.

Estas dos obras podríamos enmarcarlas en aquello que se llama “Sociologías de la Globalización”, es decir, todas esas teorías que pretenden explicar los principales acontecimientos mundiales en la era de la globalización. Si Fukuyama aboga por un futuro estable y pacífico mediante la consolidación del capitalismo y de la democracia liberal, Huntington se muestra más pesimista dibujando un mundo caracterizado por los conflictos entre civilizaciones, basados en una diferencia cultural-religiosa.

Más allá de las ideologías, es necesario entender que estas macro teorías son ante todo modelos teóricos. No pretenden –o deberían pretender- dar la respuesta a los problemas del mundo, sino ofrecer herramientas para una mejor comprensión. Lo mismo podríamos decir de la mano invisible de Adam Smith o el capital de Karl Marx. Hoy en día, cada vez son más recurrentes este tipo de macro teorías, como la sociedad líquida de Zygmunt Bauman o la sociedad del riesgo de Ulrich Beck.

Tanto Fukuyama como Huntington parten de una orientación claramente occidentocéntrica. Tradicionalmente, Occidente ha impuesto mediante diversos procesos históricos sus maneras de hacer y pensar, aunque la implantación real ha sido, en muchos casos, desastrosa. El mundo que funcionaría, de manera reduccionista, sería un mundo cristiano, democrático-liberal y con un capitalismo de libre mercado.

¿Qué pasa con los demás entonces? Ni en América Latina, ni en Oriente Medio, ni en el África Subsahariana, ni en el Sudeste Asiático.

La teoría del fin de la historia y la del choque de civilizaciones podrían ser adaptadas a nuestra realidad actual. ¿A qué se debe, por ejemplo, la creciente reacción islamófoba occidental? Podríamos interpretarlo de acuerdo al choque: mundo islámico versus mundo occidental. Hoy en día, parece que Huntington está más de moda.

La retórica del fin de la historia la situaríamos más con el auge del llamado “populismo” y “nacionalismo” en Europa y Estados Unidos. Diversos partidos, desde la izquierda hasta la derecha, han sido llamados populistas, siendo éstos la mayor amenaza para la democracia liberal.

Es decir, más allá del eje izquierda-derecha, se ha añadido uno que aparece de forma vertical: los partidarios o detractores de la globalización. Así pues, tanto el populismo como el nacionalismo serían reacciones a la globalización y amenazas para la democracia liberal y el capitalismo de libre mercado, las dos bazas principales de Fukuyama.

¿Qué tiene que ver Cataluña con esto?

Pues realmente, muchas cosas. Comúnmente, hemos centrado el debate sobre la independencia con argumentos históricos, económicos, culturales, políticos y sentimentales.

Pero uno más obviado, que ha aparecido en escena cuando los actores internacionales se han comenzado a pronunciar y a actuar en el conflicto que acontece en el estado español, es el análisis en relaciones internacionales.

Las doctrinas realistas ven a una violación de soberanía la separación de Cataluña y un debilitamiento internacional. Los neoliberales (hablando en terminología de Relaciones Internacionales) verían un jaque a los mercados y a la Unión Europea. También podríamos estudiar la comunicación acaecida (la diplomacia del tuit, los videos de la represión, etc.) desde una visión constructivista, la amenaza de la separación mediante la teoría de la securitización e incluso visiones más marxistas, que nos permitirían ver elementos de emancipación, autodeterminación, etc.

La llamada “geopolítica”, lógicamente, también es útil. Nos sirve para ver las relaciones entre los recursos, el territorio y los estados, analizando las relaciones entre estados, la consolidación de bloques estratégicos y los intereses en la independencia de Cataluña, por poner un ejemplo.

Todas estas teorías son muy necesarias para comprender lo que está pasando. Sin duda alguna, ya no podríamos decir que lo ocurrido es un conflicto interno. En un territorio como Cataluña es imposible que no intervengan, de manera tenue, actores internacionales. Desde Rusia hasta la Comisión Europea. Desde The Guardian hasta RT actualidad.

El choque de civilizaciones no es muy relevante en el conflicto, pero tiene matices. Cataluña y España no tienen diferenciación étnica ni religiosa, por lo que el problema resulta menor. Pero en Cataluña hay una gran cantidad de musulmanes. Quinientos mil, un 25% de todos los que viven España. La securitización de ciertas élites, sabiendo cómo está Europa frente al terrorismo, está en alerta por Cataluña debido al número de musulmanes y a lo que podría pasar mientras se construye un estado.

Es un tema del que no se habla pero es sin duda alguna mucho más relevante de lo que creemos. El choque de civilizaciones podría aplicarse a más casos: las vallas de Ceuta y Melilla, las migraciones africanas a Europa y el drama de los refugiados. España está miedosa y securitizada frente a problemas externos.

El fin de la historia de momento no ha llegado. De acuerdo a los estándares democráticos, el mundo está sufriendo un retroceso y China, el adalid del sistema autoritario, está resultando ser el modelo exitoso y el abanderado de la globalización.

Esta es la historia que se repite desde hace tiempo y que no paramos de oír: Brexit en Gran Bretaña, Trump en Estados Unidos, Le Pen en Francia, Alternative für Deutschland en Alemania, Orban en Hungría. Mil ejemplos más. Añadiendo también los retos del terrorismo y del nacionalismo. Una Europa -aparentemente unida pero dominada casi exclusivamente por Alemania y Francia- que alenta de los peligros de los nacionalismos que tantas veces han llevado al continente a la Guerra.

Lo que está pasando en Cataluña es el miedo y la incertidumbre de las clásicas élites –socialistas y conservadoras- europeas y españolas, que se están confrontando con unas nuevas élites con otra orientación que plantean desafíos a sus privilegios y a su estatus quo.

España teme a una Yugoslavia 2.0 y Europa también. Las comparaciones son odiosas pero necesarias, y el estado español en este caso juega el papel de Serbia, es decir, el del estado que no quiere descomponerse. Ya que si Cataluña lo consigue, otros lo demandarán. Si Eslovenia y Croacia lo consiguieron, ¿por qué los demás no?

Evidentemente, Yugoslavia y España se parecen bien poco. Y un factor esencial es el interés internacional que había detrás. El nacionalismo serbio, con el afán de conservar su poder, cometió atrocidades. Pero la descomposición estuvo incentivada por Alemania y Estados Unidos principalmente.

En el caso de España no hay actores internacionales poderosos interesados en desestabilizar en exceso. Incluso Rusia, pese a las constantes acusaciones, no tiene tanto interés. En el caso yugoslavo se demuestra que Fukuyama no funciona. Si la democracia liberal traería el progreso, solamente hace falta ver lo que son los Balcanes hoy en día. Los únicos países que avanzan son Croacia y Eslovenia: católicos y en la Unión Europea.

Por todo ello, las ideas de Fukuyama están muy presentes en las élites contrarias a la independencia, que harán lo que sea para frenar a una Europa en descomposición cada vez más autoritaria, en la que la democracia liberal que propugnaban en los clásicos estados-nación está siendo puesta en cuestión por minorías culturales.

Nos aproximamos a un mundo en el que el estado es cada vez es más débil, y por ende, más pequeño y con menos fuerza.

El nacionalismo español frente a la prensa internacional

Noviembre 2017

El periodista británico John Carlin, asentado en España desde hace décadas, fue despedido recientemente de El País por no seguir la línea editorial del periódico.

Unas semanas más tarde Carlin ha comenzado a escribir para La Vanguardia, con una columna llamada “Desde Londres con amor”, en la que relata su amor hacia España pero también sus discordancias por la actitud del Estado español frente a los desafíos a su soberanía territorial  que le acechan.

Tan solo unas horas después, Nacho Torreblanca, jefe de opinión del país, publicó una respuesta indirecta a Carlin mediante el título de “Anglocondescencia”. En dicha columna se hace alusión al constante paternalismo que se hace desde el mundo anglosajón –Estados Unidos y Reino Unido principalmente- hacia la tardía democracia española. Incluso lo llama “orientalismo aplicado al sur de Europa” y dice “sentimos haberos decepcionado. Pero a lo mejor es que nos hemos hecho mayores y nos hemos cansado de lecciones.”

Es decir, El País, el diario más poderoso y con más proyección internacional de España se ha mostrado totalmente crítico con el independentismo catalán. Cada editorial  o incluso alguna tribuna que leía de El País era una razón más para no seguirlo leyendo. Se atreven a decir que tanto Reino Unido como Estados Unidos tienen “un grosero reality populista protagonizado por las derechas más rancias, los políticos más mediocres y los medios más mentirosos”.

Como cualquiera conectado a las redes, El País ha sido víctima y verdugo de las paparruchas que nos han inundado estos dos últimos meses. La acusación de El País y, en general, de los partidos que están en contra del independentismo, a la visión que ha ofrecido la prensa internacional es cínica y alejada de la realidad.

Todo era una conspiración que apoyaba a los catalanes a conseguir sus fines, ayudado por los hackers rusos y la mosca cojonera de la política internacional llamada Vladimir Putin. El relato independentista sobre la represión caló de lleno en muchas mentes a lo largo del mundo y, lógicamente, causó rabia y estupor.

La prensa internacional legitimó, en cierta manera, a la causa democrática independentista. ¿Cómo un estado democrático enviaba a las policía a evitar que se votase? La prensa se hizo eco y captó los golpes de los guardias civiles y los policías nacionales.

Sabiendo en el mundo en el que vivimos, en el que internet es un poderoso medio de propaganda, ¿por qué se sorprendían los políticos españoles y negaban constantemente las realidades? El gobierno negó la represión mientras se publicaban vídeos e imágenes.

Allí es cuando la tesis de Carlin, representando a eso llamado “prensa internacional”, marca el gol sin estar en fuera de juego. ¿Cómo una democracia “joven” cómo la española no acepta una solución política al conflicto? Es decir, el objetivo de los independentistas era conseguir un referéndum legal y pactado con el Estado siguiendo los pasos del Quebec y Escocia.

Y este objetivo también era el objetivo del famoso 80% de la sociedad catalana que quería decidir las cosas votando. El Estado español siempre ha tenido miedo a celebrar un referéndum en Cataluña, pero, ¿a qué se debe y por qué los políticos son tan reacios a ello? 

Nacho Torreblanca, amparado en el relato europeo de la paradójica lucha contra los nacionalismos que dividieron al continente (sobre los nacionalismos intentaré escribir otro día), se muestra patriótico y orgulloso de la actitud del Estado español frente al independentismo.

Pero lo que deberíamos saber es que, la retórica populista y autoritaria bebe, con mucha más intensidad y magnitud a nivel mundial, de la fuente del nacionalismo céntrico (en este caso, el nacionalismo español) y no de los nacionalismos periféricos. La ola autoritaria que acarrea al mundo ocurre en Estados Unidos y en el Reino Unido, en Francia y en Alemania, y también, cada vez con más intensidad, en España, con el mayor ejemplo de la represión hacia el independentismo.

Pan y aceite

Corrían los años cuarenta. España estaba sumida a la pobreza tras la guerra civil. El país estaba desolado, la comida escaseaba y los jóvenes tenían que ponerse a trabajar a una edad muy temprana. A los diez años, mis abuelos, de un pequeño pueblo de Córdoba, tuvieron que ponerse manos a la obra. No había opción, era una cuestión de supervivencia.

La comida era un lujo que no todo el mundo se podía permitir. Mediante una cartilla de racionamiento podías acceder a ciertos bienes, como pan, aceite y aceitunas. La dieta era básica. En aquellas épocas, un kilo de pan costaba 18 pesetas, lo equivalente al salario que se ganaba en un día. Aun así, encontrar pan era una tarea sumamente complicada.

Los años transcurrieron y la situación en Andalucía mejoró, a la vez que muchos de sus habitantes, entre ellos mis abuelos, emigraron a zonas más prósperas como Cataluña. Una vez allí, lograron avanzar y vivir dignamente. Sin embargo, la dieta no cambió especialmente. Eran los años sesenta y seguían desayunando pan, aceite y aceitunas.

Pan y aceite

Mi madre nació, y a temprana edad empezó también con la dieta del pan y aceite. Hubo un traspaso generacional de esta costumbre culinaria. En el caso de mi madre, al igual que en de mis abuelos a partir de la emigración, no se basa ya únicamente en una cuestión de poquedad, sino de costumbre.

En España, el pan por costumbre se compra todos los días. Y el que sobra simplemente se utiliza al día siguiente, calentándolo ligeramente. Mi madre sigue haciendo lo mismo que hacía cuando era una niña, es decir, desayuna pan y aceite, y a veces, aceitunas. Gracias a la costumbre histórica derivada de la necesidad, yo, la tercera generación, también reproduzco este quehacer.

Algo tan sencillo como el pan y aceite te enseña que realmente, para sobrevivir, necesitamos en general mucho menos de lo que creemos. Y que además, nuestras costumbres vienen de muy lejos y se transmiten con mucha intensidad.

Adentrándose en Occitania

Noviembre 2018

Tras cruzar la frontera –inexistente debido a Schengen– los carteles, los comercios y las infraestructuras comenzaban a cambiar de lengua. De hecho, conforme avanzabas por el pueblo fronterizo El Pertús, veías que al lado derecho los letreros estaban en catalán y al lado izquierdo en francés. Las fronteras son siempre apasionantes.

Para evitar los elevados peajes franceses tomamos la carretera nacional, que se encontraba en muy buen estado. Cuando llevábamos unos pocos kilómetros recorridos unos policías nos pararon.

“Moveos hacia la derecha. Es un control anti droga” nos dijeron.

Sorprendidos por que hablasen castellano, más atónitos nos quedamos después que otro de los policías nos dijese:

“Que feu per aquí? On aneu?” (¿Qué hacéis aquí? ¿Dónde vais?), con un pronunciado acento francés.

Podíamos ser un blanco perfecto para la policía: dos chicos (uno rapado al cero y medio y otro con gafas de sol y perilla a lo Walter White) en un coche con matrícula española conduciendo por la nacional francesa. Nos registraron, prosiguiendo con la inspección y la conversación en catalán.

Y es que efectivamente, nos encontramos en Occitania, una región histórica del sur de Francia donde antiguamente se hablaba occitano, un idioma muy parecido al catalán. Hoy en día, esta lengua es hablada por unos dos millones de personas, principalmente situados en el sur de Francia. De hecho, el aranés – una de las lenguas hablada en la Vall d’Aran- es un descendiente directo del occitano.  Seguramente algunos de nosotros la habremos oído poniendo el 3/24 después de comer.

Paseando por Perpinyán

La Occitania, además de ser un concepto cultural, es también una de las 13 regiones de la Francia metropolitana, sin contar las 5 restantes que forman parte de sus territorios de ultramar. Hasta el 2014 el número de regiones metropolitanas era 18, pero tras la reforma acaecida descendió a 13. En este sentido, Occitania fue el resultado de la unión entre Languedoc-Rosellón y Mediodía-Pirineos. La reforma administrativa estuvo marcado por las protestas de los 450.000 catalanes del norte que habitan en la región.  

Seguidamente, nos dirigimos a Perpinyán, la primera gran ciudad del camino, donde estuvimos dando un agradable paseo por sus calles y parques. Perpinyán, como gran parte de la Occitania en general, comparte grandes rasgos históricos con Cataluña y España. En Perpinyán existe un barrio céntrico llamado Sant Jaume, habitado principalmente por gitanos que hablan catalán,  siendo prácticamente el único lugar donde se habla esa lengua. Este barrio parecía una especie de Raval, mal conservado, sucio y con algunos andamios sosteniendo a los edificios, pero con esa esencia de antigüedad y degradación que hacen a estos sitios misteriosamente agradables.

Tras salir de Perpinyán hicimos una pequeña parada en Salses, donde se encuentra el inicio de la construcción cultural Països Catalans, aquellos lugares donde se habla catalán. En ese pequeño pueblo se encuentra la Porta dels Països Catalans, un edificio folklórico que representa simbólicamente la entrada a los Països Catalans por el norte. Además, de esa escultura, el Rosellón y parte de la Occitania conservan cierto simbolismo de la catalanidad. Dentro de Salses está su respectivo castillo, perteneciente a la Corona de Aragón hasta 1659, cuando se firmó el Tratado de los Pirineos con Francia. La identidad, en el caso de la Cataluña Norte, está más marcada por un arraigo cultural que por una lengua.

La Junquera, un lugar especial

Noviembre 2018

A las 8 de la mañana llegó mi amigo a recogerme a Montcada. Hacía frío, se notaba que el tiempo estaba cambiando. Nos metimos en el coche y partimos hacia el norte.

La primera parada fue en el pueblo catalán La junquera para poner gasolina, ya que al entrar en Francia el precio sube bastante. Por lo visto, todo el mundo para a poner gasolina en La junquera, ya que hay 15 gasolineras en un pueblo de 3000 habitantes. Situado a unos pocos kilómetros de Francia, esta pequeña urbe tiene varias peculiaridades. La descripción en francés de Wikipedia es la más desarrollada, más que en catalán o español ¿Casualidad? Efectivamente no. Personalmente, más allá del tema de los prostíbulos (que había oído varias veces) apenas conocía nada.

Más allá de su casco histórico, La junquera oculta muchas cosas. Al estar tan cerca de la frontera francesa, las interacciones con el país de arriba son más que frecuentes. A veces, estos sitios se convierten en una especie de parques temáticos, donde las diferencias legislativas marcan grandes pasos.

Ya sabéis, en Francia hay más dinero que en España y los bienes de consumo son más caros. Pues avispadamente, los franceses vienen a La junquera a comprar estos tipos de bienes. Casos de estos hay miles en el mundo, en los que cruzas la frontera para beneficiarte. Como los extranjeros que viven en Suiza y van a comprar pescado y carne a Alemania, o los suecos que van en barco a Estonia a beber alcohol. O el caso típico en Cataluña: el alcohol y el tabaco de Andorra. Pequeñas triquiñuelas de la vida cotidiana.

Así pues, la magnitud de La Junquera es tal que es la principal puerta de mercancías por tierra de Europa a España, en la que 11.000 camiones de diferentes procedencias para diariamente. Dicen incluso que se ha convertido en una pequeña Andorra, en la que los franceses vienen en masa –hasta en autobuses- a pasar un día de compras. Al aparcar para ver el gigantesco centro comercial vimos un autobús del que salían jubilados franceses. Al caminar por ahí, solo se escuchaba el glamuroso francés.

El Paradise, vía elespaño.com

Además de ser un motor económico es también un gran centro de prostitución, en el que se encuentra el puticlub más grande de Europa, el Paradise. Dicho recinto tiene 2700 metros cuadrados y ochenta habitaciones. Y, como curiosidad, casi sufre un atentado debido a la guerra abierta que hay por el control de los prostíbulos.

La Junquera es realmente un caso muy paradigmático. De esos que los gobiernos y los poderosos conocen pero no quieren tocar. Grandes vacíos legales y misterios existentes en este pequeño pueblo catalán con complejo de paraíso fiscal. Ya no es únicamente un paraíso francés, sino una mezcolanza extremadamente bizarra que deja boquiabierto.