Cuando me hablaron inglés en Barcelona

Noviembre 2018

Hoy, en el centro de Barcelona, he entrado a una tienda y he preguntado a una dependienta por el precio de unas chaquetas, a lo que me ha respondido “Please, could you speak in English?”, a lo que yo, con mi sosegada educación he respondido en inglés y finalmente me ha comentado el precio.

Personalmente, no he tenido ningún problema; ni me ha molestado ni me sentido indefenso con la lengua. 

Ha sido una escena ciertamente curiosa, poco habitual a lo que uno no está acostumbrado. Normalmente, de acuerdo a cómo funcionan los negocios, el cliente se tiene que adaptar a la lengua del consumidor. Con la relación catalán y castellano pasa lo mismo, ya que muchas veces se pregunta en castellano y se responde en catalán y viceversa.

Vestía elegantemente.

Tradicionalmente, me he acostumbrado a responder en la lengua en la que me hablaban, sea castellano o catalán, y en los últimos tiempos inglés. Siempre me enseñaron o me dijeron que eso era educación. Aunque la educación no existe. Al final y al cabo, ser capaz de comunicarse en dos, tres lenguas o las que sean debería ser un motivo de orgullo.  Es increíble la de debates que pueden suscitar las lenguas y la de condicionamientos culturales, sociales, de clase y etcétera que hay. 

La gente hablará como quiera y cuando quiera, teniendo motivos políticos, culturales, educativos, comunicativos y de todo tipo. Lo importarse es comunicarse, pero cuando estás en tu “tierra” se te hace raro que te respondan en una lengua “extranjera” (aunque en realidad cada vez lo sea menos). Me hizo recordar en cierta manera a cuando estaba en Edimburgo.

Al principio, mi nivel no era muy fluido y tenía problemas para entender a los escoceses, pero obviamente no les iba a decir “Podrías hablarme en español?”, porque básicamente no me iban a entender y a ellos les sentaría mal que en su “tierra” les respondan en el idioma de los españoles-groseros-lava-platos-camareros-y-limpia-váteres. 

La lengua es el principal mecanismo de adaptación e integración para los migrantes. Soy incapaz de terminar este post, como los sistemas de comunicación humanos…que son interminables.

Adentrándose en Occitania

Noviembre 2018

Tras cruzar la frontera –inexistente debido a Schengen– los carteles, los comercios y las infraestructuras comenzaban a cambiar de lengua. De hecho, conforme avanzabas por el pueblo fronterizo El Pertús, veías que al lado derecho los letreros estaban en catalán y al lado izquierdo en francés. Las fronteras son siempre apasionantes.

Para evitar los elevados peajes franceses tomamos la carretera nacional, que se encontraba en muy buen estado. Cuando llevábamos unos pocos kilómetros recorridos unos policías nos pararon.

“Moveos hacia la derecha. Es un control anti droga” nos dijeron.

Sorprendidos por que hablasen castellano, más atónitos nos quedamos después que otro de los policías nos dijese:

“Que feu per aquí? On aneu?” (¿Qué hacéis aquí? ¿Dónde vais?), con un pronunciado acento francés.

Podíamos ser un blanco perfecto para la policía: dos chicos (uno rapado al cero y medio y otro con gafas de sol y perilla a lo Walter White) en un coche con matrícula española conduciendo por la nacional francesa. Nos registraron, prosiguiendo con la inspección y la conversación en catalán.

Y es que efectivamente, nos encontramos en Occitania, una región histórica del sur de Francia donde antiguamente se hablaba occitano, un idioma muy parecido al catalán. Hoy en día, esta lengua es hablada por unos dos millones de personas, principalmente situados en el sur de Francia. De hecho, el aranés – una de las lenguas hablada en la Vall d’Aran- es un descendiente directo del occitano.  Seguramente algunos de nosotros la habremos oído poniendo el 3/24 después de comer.

Paseando por Perpinyán

La Occitania, además de ser un concepto cultural, es también una de las 13 regiones de la Francia metropolitana, sin contar las 5 restantes que forman parte de sus territorios de ultramar. Hasta el 2014 el número de regiones metropolitanas era 18, pero tras la reforma acaecida descendió a 13. En este sentido, Occitania fue el resultado de la unión entre Languedoc-Rosellón y Mediodía-Pirineos. La reforma administrativa estuvo marcado por las protestas de los 450.000 catalanes del norte que habitan en la región.  

Seguidamente, nos dirigimos a Perpinyán, la primera gran ciudad del camino, donde estuvimos dando un agradable paseo por sus calles y parques. Perpinyán, como gran parte de la Occitania en general, comparte grandes rasgos históricos con Cataluña y España. En Perpinyán existe un barrio céntrico llamado Sant Jaume, habitado principalmente por gitanos que hablan catalán,  siendo prácticamente el único lugar donde se habla esa lengua. Este barrio parecía una especie de Raval, mal conservado, sucio y con algunos andamios sosteniendo a los edificios, pero con esa esencia de antigüedad y degradación que hacen a estos sitios misteriosamente agradables.

Tras salir de Perpinyán hicimos una pequeña parada en Salses, donde se encuentra el inicio de la construcción cultural Països Catalans, aquellos lugares donde se habla catalán. En ese pequeño pueblo se encuentra la Porta dels Països Catalans, un edificio folklórico que representa simbólicamente la entrada a los Països Catalans por el norte. Además, de esa escultura, el Rosellón y parte de la Occitania conservan cierto simbolismo de la catalanidad. Dentro de Salses está su respectivo castillo, perteneciente a la Corona de Aragón hasta 1659, cuando se firmó el Tratado de los Pirineos con Francia. La identidad, en el caso de la Cataluña Norte, está más marcada por un arraigo cultural que por una lengua.