Rumbo a Tartaria, de Robert Kaplan

Enero 2019

“Rumbo a Tartaria” de Roberto J. Kaplan es el libro que me ha acompañado estas navidades, en las cuales he estado en Atenas (2 semanas) y en el norte de Marruecos (5 días). Me esperaba literatura de viajes pero me he encontrado un tratado geopolítico de alto nivel. Hacía tiempo que no me leía un ensayo de 500 páginas al completo. La mayoría de libros se suelen dejar a la mitad.

Su obsesión por la democracia, el libre mercado y el sistema de valores occidental marcan la ideología neorrealista de Kaplan que, junto a extensas referencias bibliográficas, precisos análisis de contexto histórico y testimonios de alto nivel, retrata un panorama bastante desolador para Oriente Próximo.

Portada del libro

El estadounidense pasa por Rumanía, Bulgaria, Turquía, Siria, Líbano, Jordania, Israel, Georgia, Armenia, Azerbaiyán y Turkmenistán.

Sus descripciones me dejaban boquiabierto. Dibujaba a Rumanía como un pueblo inculto y sin innovación debido al comunismo, y a Bulgaria como un estado dominado por las mafias de chulos. A Turquía como un estado anticuado y a Siria como una extrema dictadura pro Assad. De Jordania habla bastante bien, y de Israel hace un ejercicio casi biográfico. Luego relata las disputas del Cáucaso y acaba cruzando el Caspio hasta llegar a Turkmenistán.

Robert Kaplan es un autor de resonancia internacional. Ha sido nombrado en 2011 y en 2012 como una de las personas más influentes del mundo según Foreign Policy y ha publicado libros como “La anarquía que viene” o “La venganza de la geografía”.

Kaplan visitó estos países a finales de los años noventa. Hoy en día la situación ha cambiado enormemente.

Los Balcanes y el Cáucaso se han recuperado parcialmente. Sin embargo, Siria ha quedado destrozada, tal y como pronosticaba el autor por esas épocas.

El libro me ha despertado muchas inquietudes y ahora espero embarcarme en clásicos de los exploradores del pasado, como Herodoto, Tucídides, Marco Polo y Batuta, entre otros.

Presupuesto mochilero para viajar por los Balcanes

Agosto 2017

Gracias a una contabilidad casi perfectamente llevada, os muestro unas tablas donde podréis encontrar el presupuesto aproximado para viajar durante un mes por los Balcanes, en países como Hungría, Serbia, Bosnia, Montenegro, Albania, Kosovo, Macedonia y Sofía.

Es importante remarcar que el estilo de viaje es mochilero y se incluye noches gratuitas de alojamiento, autostop y comida sencilla.

Estas tablas han de servir para hacerse una idea de los precios en estos países.

Los datos son del año 2017 en pleno agosto (por tanto los precios son más elevados) y están distribuidos de acuerdo a comida, alojamiento, transporte, cultura y ocio.

En líneas generales, los gastos generales por persona fueron los siguientes:

ComidasAlojamientoTransporteCulturaOcioTotal
250,45234,4190,2222,66171,15768,89

El gasto medio diario era alrededor de 24 euros por persona y 100 euros por país, con una estancia de unos 4 días en cada lugar.

Los países que salieron más económicos fueron Montenegro, por la vida tranquila del cámping, y Albania y Kosovo, los dos países posiblemente más baratos de la región.

A continuación, la distribución por países.

HUNGRÍA

Lo más caro fue el alojamiento y lo más barato el transporte.

ComidasAlojamientoTransporteCulturaOcioTotal
Día 18,0015,222,000,004,0029,22
Día 25,5014,050,005,0625,0049,61
Día 33,0013,540,000,003,0019,54
Día 41,500,003,000,002,507,00
Media4,5014,271,251,278,63
Total18,0042,815,005,0634,50105,37

SERBIA

En comida gastamos casi cuarenta euros.

ComidasAlojamientoTransporteCulturaOcioTotal
Día 42,3010,500,000,000,0012,80
Día 56,000,005,500,001,5013,00
Día 67,600,000,000,006,7514,35
Día 710,507,600,000,0012,5030,60
Día 88,5010,500,000,009,0028,00
Día 92,5024,0026,50
Media6,235,724,920,005,95
Total37,4028,6029,500,0029,75125,25

BOSNIA y HERCEGOVINA

Lo más caro fue el alojamiento.

ComidasAlojamientoTransporteCulturaOcioTotal
Día 95,5010,0015,50
Día 1012,6510,003,005,002,5033,15
Día 114,5010,001,0021,2536,75
Día 124,008,007,5019,50
Media6,669,505,253,0011,88
Total26,6538,0010,506,0023,75104,90

MONTENEGRO

Gastamos unos 50 euros en dos días y medio.

ComidasAlojamientoTransporteCulturaOcioTotal
Día 129,005,0014,00
Día 139,505,001,007,0022,50
Día 142,2510,0012,25
Media6,925,0010,001,007,00
Total20,7510,0010,001,007,0048,75

ALBANIA

En Albania fue el lugar donde pasamos más tiempo, un total de seis noches.

ComidasAlojamientoTransporteCulturaOcioTotal
Día 1410,509,0019,50
Día 1521,000,001,5012,6335,13
Día 1610,000,002,004,504,5021,00
Día 175,0011,005,0021,00
Día 187,0012,502,251,0022,75
Día 195,750,005,502,5013,75
Día 200,803,304,10
Media8,585,423,952,755,16
Total60,0532,5015,808,2520,63137,23

KOSOVO

Kosovo fue el país más barato del viaje.

ComidasAlojamientoTransporteCulturaOcioTotal
Día 206,2010,001,0017,20
Día 219,0010,000,7519,75
Día 227,000,002,259,25
Día 233,000,006,709,70
Día 242,305,500,308,10
Media5,505,005,502,20
Total27,5020,005,500,0011,0064,00

MACEDONIA

Macedonia podría ser el ejemplo medio, en cuanto a precios, de un país de la región.

ComidasAlojamientoTransporteCulturaOcioTotal
Día 245,859,000,600,859,0025,30
Día 256,508,004,0018,50
Día 269,2510,006,254,0029,50
Día 274,608,006,253,0021,85
Día 282,002,00
Media5,648,754,375,00
Total28,2035,0013,100,8520,0097,15

BULGARIA

Bulgaria fue la última étapa del viaje, y apenas nos movimos del centro de la capital.

ComidasAlojamientoTransporteCulturaOcioTotal
Domingo 277,609,501,5018,60
Lunes 2810,009,001,5015,0035,50
Martes 299,509,002,4020,90
Miércoles 304,800,825,6211,24
Media7,989,170,826,13
Total31,9027,500,821,5024,5286,24

La identidad de Sarajevo y la globalización

Agosto 2017

La identidad en el mundo postmoderno y globalizado se está convirtiendo en una cuestión cada vez más compleja. El sentimiento de pertenencia a algo es fugaz. Teóricamente, la globalización –entendida en abstracto como un mundo globalmente conectado- debería generar una especie de conciencia planetaria, un “ciudadanismo global” que va más allá de las fronteras de las naciones.

Si bien este fenómeno se produce en cierta manera, también existen reacciones, como el supuesto “nuevo” nacionalismo que está (re)surgiendo en el mundo, como Donald Trump o los nacionalismos europeos. Frente a los desmanes de la globalización, la soberanía -mermada- de los estados se repliega. La crítica a los nacionalismos se basa en abogar por un mundo en el que las identidades nacionales no tengan tanto peso. Y por lo tanto, nos induce a pensar de manera más global.

Lo cierto es que la ingenuidad respecto al “ciudadanismo global” puede ilustrarse mediante el ejemplo balcánico.  Sabemos que la identidad en los Balcanes nos dará muchos dolores de cabeza.

Si creíamos en la unión de los pueblos yugoslavos, ¿Cómo se desencadenó el conflicto? ¿Qué le pasó a la Yugoslavia socialista y multicultural para acabar en cenizas? ¿Y qué ha pasado tras el conflicto? ¿Cómo se pueden reparar las heridas de la guerra y comenzar a construir paz con dicha diversidad?

¿Podríamos aplicar un ciudadanismo abstracto en Yugoslavia con todos esos problemas? Mientras que la globalización prometía ese “ciudadanismo global”, los fantasmas del pasado aparecían. La región balcánica desde ese momento se replegó y la mirada realista apareció con fuerza.

El supuesto “ciudadanismo global” ha creado una especie de sentimiento de identidad en las ciudades, lugares que en el mundo actual  tratan de escapar de los poderes del estado nación. En la antigua Grecia la ciudad -la polis- era la forma de organización social por excelencia, y tras el surgimiento de las naciones y los nacionalismos, el estado emergió con más fuerza.

Desde los años ochenta, momento que coincide con la expansión de la globalización -neoliberal-, las ciudades son cada vez ricas y poseedoras de recursos. Hoy en día las ciudades globales son el motor de la economía mundial, que está sufriendo una urbanización cada vez más acelerada. 

Sarajevo no es ni de lejos una ciudad de importancia en el tablero global, pero su caso es especialmente entrañable. Su identidad ante todo es Sarajevés, antes que bosnio, cristiano o musulmán. El Sitio de Sarajevo hizo que la gente desarrollase ese sentimiento, y en cierta manera me recuerda a la identidad en las ciudades globales modernas.

El “ser de Barcelona” es casi más importante que el ser de Cataluña e incluso el ser de España. Es una especie de “patriotismo posmoderno”; una visión internacional de tu lugar. Por todo ello, ser de Sarajevo escapaba de las denominaciones étnicas o religiosas y su identidad hacía referencia a una ciudad sucumbida al sufrimiento de la guerra.

Sarajevo me supuso un colocón político, en cierta manera obsesivo.  Oír historias de la guerra como el que sale a comprar el pan o ver edificios ametrallados no es algo común en mi vida cotidiana. Pero justamente en esos momentos de borrachera vital siempre ocurren acontecimientos cósmicos que te trastocan los planes y que te hacen vivir de manera aún más pasional y aventurera. Cuando el espíritu mochilero aparece con fuerza.

En este sentido, todo iba con relativa normalidad. Tras tres días en Sarajevo, queríamos partir hacia Mostar, la segunda ciudad más importante de Bosnia. Reservamos mediante una aplicación de móviles.

Mostar se encontraba como punto a visitar en la ruta que íbamos elaborando paulatinamente mientras viajábamos. Es decir, teníamos un camino de alguna manera preestablecido, pero no marcado. Después de visitar Mostar queríamos ir a Kotor, en la costa montenegrina, y desde allí seguir bajando hasta Albania. 

Pero algo pasó y sorprendentemente no fuimos.

Durante el viaje se reproducían constantemente cambios de roles y contradicciones entre mi amigo y yo, lo cual nos permitía un cierto equilibrio para seguir adelante. Una de estas contradicciones, enmarcada dentro de los múltiples debates mochileros, es la cuestión de improvisar y planificar. Por ello, lograr una estabilidad entre esas dos ideas es necesaria para disfrutar realmente. ¿Debíamos haber reservado para Mostar?

Fruto de la experiencia vimos que, por regla general, no es necesario reservar por los Balcanes, debido a que no hay mucho turismo excepto en Croacia o Eslovenia. Por otro lado, hubo veces que el no haber reservado nos repercutió en el precio final o en el alojamiento, aunque el cambio fue mínimo. De todas maneras, ¿Qué pasa con la experiencia que te llevas? En definitiva, perdimos aproximadamente unos 10 euros por cabeza, lo que valía el hostal de Mostar.

Pero no nos supo mal. Ahí radica la importancia del espíritu mochilero para ser capaz de adaptarse a muchos tipos de circunstancias, algunas de ellas muy rocambolescas. Al día siguiente, en vez de estar viendo a los niños bosnios saltando desde el famoso puente de Mostar, nos encontramos en un espectacular y paradisíaco parque natural montenegrino perdido en los confines del mundo ¿Qué nos pasó?

Eran las 22:30 y tras un largo día, íbamos a ir a dormir para el madrugón del día siguiente, en el que teníamos previsto utilizar autostop. Cuando ya estábamos aposentados en el hostal, nuestro colega brasileño nos comentó que había conocido a un francés que tenía coche y planeaba ir hasta Montenegro unos días y, seguidamente, acabar en Tirana, la capital de Albania. 

Cuando recibimos esa información no nos lo pensamos. El plan nos pareció tan apasionante que no dudamos en aceptar. Así que buscamos al francés y comenzamos a hablar con él acerca del futuro viaje. Él tenía previsto salir al día siguiente por la mañana, al igual que nosotros. Concretamos un módico precio por la gasolina del coche y la propuesta tiró hacia adelante, a la que se sumó nuestro amigo brasileño.

Nos fuimos a dormir con los planes totalmente trastocados. Nos sabía mal abandonar Bosnia tan rápidamente, pero el espíritu mochilero venció.

El dilema de la identidad puede abordarse desde el mochilerismo. Aun formar parte de una cultura, el hecho de ver gente y modos de vida diferente te hace ampliar tu punto de miras. No se trata de imponer tus valores y costumbres, sino de entender a la diversidad del mundo, viendo lo que puedes compartir y lo que no. Pero en mi caso renunciando a la noción del ciudadano global, que en realidad esconde una realidad muy desigual. Quién se mueve cual liebre sin preocupaciones forma parte una emergente “clase media global” sin apenas preocupaciones económicas.

Habíamos quedado a una hora decente por la mañana, pero nos lo tomamos con la calma. El francés quería desayunar en un sitio cercano a donde tenía el coche aparcado, por lo que le seguimos por las empinadas cuestas de Sarajevo mientras cargábamos con nuestras grandes mochilas. Comimos un burek (pan yufka con espinacas, queso o carne) acompañados de un café turco. Hicimos un auténtico desayuno balcánico; una de las costumbres heredadas del imperio otomano.

Tras el desayuno revitalizador procedimos a ir a su coche, a unos cinco minutos de la panadería. Llegamos. Se trataba de un BMW Serie 5 de 200 caballos de hace 15 años, con los asientos de cuero y un teléfono al estilo James Bond. Nos quedamos bastante anonadados ya que no nos esperábamos un coche de ese calibre. Además, tenía un gran inconveniente que preocupaba sumamente a su propietario: la primera marcha no funcionaba. 

Eso significaba que el coche no podía arrancar en subidas, o peor aún, que en según qué cuestas podía no tener fuerza para seguir adelante. Ese gran fallo era el motivo del viaje hacia Albania, donde esperaba reparar el coche o en el mejor de los casos venderlo. Sonaba extraño pero resultaba curioso ¿Vender un coche de lujo en uno de los países más pobres de Europa? ¿A quién se le ocurre hacer un viaje de Francia a Albania en coche?

Abandonamos Sarajevo con la misma sensación que Belgrado: con nostalgia y ganas de conocer más. Después de haber visitado las dos ciudades más emblemáticas de la región nos esperaba otro tipo de aventura, adentrándonos en un territorio mucho más desconocido.

Al salir de la capital bosnia algo me llamó especialmente la atención: un cartel que ponía Bienvenido a la República Srpska (Serbia en castellano) en alfabeto cirílico. ¿Qué significa esto? ¿No estábamos en Bosnia y Herzegovina? ¿Será otra parte del país?

Tras los acuerdos de Dayton en 1995 (un acuerdo de paz entre Croacia, Yugoslavia y Bosnia Herzegovina que ponía fin a la guerra), Bosnia quedó dividida en dos mitades separadas por una frontera intraestatal. Dicha República se sitúa en el este y el norte del país, en la que vive prácticamente la mitad del país y está poblada principalmente por habitantes de origen serbio, los llamados serbobosnios. La otra parte del país es llamada Federación de Bosnia y Hercegovina.

Esta división territorial refleja, de nuevo, el carácter multiétnico de la población bosnia. Pero nos recuerda, a la vez, el gran problema actual en Bosnia. Una política ineficaz y corrupta motivada por los intereses – muchas veces contrapuestos- de las tres comunidades mayoritarias.  

Bosnia hoy en día está enfrascada en un complejo sistema político consecuencia de los Acuerdos de Dayton, basado en una presidencia colegiada entre los tres grupos étnicos con una alternancia cada ocho meses, lo que repercute en la estabilidad del país y en la aplicación de políticas comunes. El estancamiento del país también es una lacra para su economía, con una de las tasas de paro más alta de Europa, con porcentajes alrededor del 30%.

IMG_20170811_134802
Siguiendo el río Drina

En el viaje hacia los lagos montenegrinos apenas hubo problemas con el coche. Aun llevando a cuatro personas dio la talla. Luego de dos horas deambulando por la República Srpska en coche, entramos en una zona montañosa, por una carretera que iba paralela al río Drin; nuestra despedida a Bosnia se parecía sumamente a nuestra entrada. Las vistas eran de nuevo espectaculares. 

Nos habían hablado de Montenegro como un lugar precioso, perfecto para descansar y reflexionar. Y más aún después de la borrachera política en Serbia y Bosnia. Estuvimos aproximadamente una hora esperando en la frontera, en la que solamente nos hizo falta sacar los pasaportes.

Cruzamos y nos adentramos en una nueva realidad: la paz montenegrina. Al entrar en el país hicimos una parada delante de un lago. Aprovechamos para miccionar y comer unas nueces. Hacía mucho viento y la boina que me acompañaba voló de manera trágica y filosófica. Fue una despedida romántica.

En Sarajevo, cuando los ríos separan y los puentes unen

Agosto 2017

El primer vistazo a Sarajevo es el río Miljacka, que destaca por partir la ciudad en dos y por sus diversos y reconocidos puentes. Uno de ellos es el Latinska ćuprijav, conocido como el Puente del Príncipe o el Puente Latino, debido a que fue el escenario donde se asesinó al archiduque Francisco Fernando de Austria y se desencadenó la Primera Guerra Mundial. También hay otro llamado Skenderija, que fue diseñado por Gustavo Eiffel (el diseñador de la Torre Eiffel), repleto de candados amorosos que dañan su infraestructura y le dan un toque romántico.

El Miljacka es probablemente lo más representativo de Sarajevo. Durante el Sitio de Sarajevo, el asedio más largo de los últimos 300 años, el río ejercía como uno de los principales campos de batalla en esos 44 meses infernales de conflicto bélico. Hay un puente especialmente simbólico, el de Suada y Olga, basado en las dos primeras víctimas de la guerra. Y más aún, es muy conocida la historia de Admira y Bosko, una pareja formada por una bosníaca (bosnios musulmanes) y un serbobosnio (serbios que viven en Bosnia), que fueron asesinados en 1993 con tan solo 25 años. Su leyenda amorosa aún perdura; la historia de Romeo y Julieta versión balcánica.   

Antes de la contienda  bélica Sarajevo tuvo un periodo de esplendor. Los Juegos Olímpicos de Invierno de 1984 se realizaron en la ciudad, lo que permitió una modernización de las infraestructuras.  Entre otras cosas, se construyó una espectacular pista de Bobsleigh en una de las montañas que la rodean. Una pista que, ocho años después, era utilizada en la guerra como un lugar para atrincherarse y para colocar la artillería de las fuerzas serbobosnias. 

Hoy en día sirve de atractivo turístico alternativo en Sarajevo. Me hablaron de ello unos portugueses que conocí en Zagreb, así que una visita a las pistas en nuestra estancia en Sarajevo se convirtió en una particular obsesión.  

Tras no haber podido empezar el free tour por la lentitud de mi compañero, decidimos, junto a un amigo brasileño que habíamos conocido en el hostal, ir al Museo de los Crímenes contra la Humanidad y el Genocidio 1992-1995en el que aprendimos lo acontecido durante esos años, viendo las dramáticas historias, desde campos de concentración hasta atrocidades desgarradoras como la famosa matanza de Srebrenica, con episodios de limpieza étnica.  

Después de eso fuimos a visitar la pista de Bobsleigh, esta vez acompañados también de una chica turca que habíamos conocido en el bus a Sarajevo. De acuerdo a Google maps -un fiel compañero de viaje y un peligroso controlador- nos indicaba que ir en bus era posible. Pero cuando preguntábamos a los bosnios nos decían que no, que la mejor idea era tomar un taxi y que nos dejase allí directamente.

Así que aceptamos y fuimos en taxi a un precio muy económico. Subimos por las cuestas empinadas hasta llegar a la cima de la montaña. Allí, seguimos las indicaciones y nos metimos de lleno a pasear por el interior de las pista de Bobsleigh, lleno de grafitis y con un aspecto muy deteriorado.  

Estuvimos disfrutando de las pistas underground durante un buen rato, además de las fabulosas vistas a la ciudad que ofrecía. Cuando el sol ya comenzaba a resultar muy molesto y el estómago rugía, decidimos volver de nuevo al centro de Sarajevo, esta vez mediante autostop. Los taxis desde allí nos querían cobrar una millonada, por lo que la técnica del dedo fue la elegida. Y fue exitosa, como en la mayoría de ocasiones. Nos dividimos en dos grupos y en menos de media hora ya estábamos subidos a algún coche. Llegamos al hostal y nos preparamos algo de comer. Aprovechamos para descansar.

En la pista de Bobsleigh

Hasta el momento, en los diarios de viaje se ha hablado de los orígenes de los pueblos sudeslavos y de su historia contemporánea, hasta la constitución de la Yugoslavia socialista bajo el liderazgo de Tito.

Lamentablemente, los intentos de lograr a estos pueblos unidos pereció, desencadenando en una de las peores guerras modernas que se recuerda. Nada más y nada menos que 200.000 muertos en diez años. Con el fin de Yugoslavia y la URSS, los años noventa fueron el fin de la utopía iniciada en 1917 con la Revolución Rusa.

Los inicios de la hecatombe son difíciles de saber y no existe un consenso al respecto, pero digamos que las confrontaciones existen prácticamente desde los orígenes de su constitución como país después de la Segunda Guerra Mundial. 

Las razones son variadas: el auge de los nacionalismos, la diversidad étnica-religiosa, la dependencia del liderazgo de Tito y la injerencia internacional. La clave posiblemente nace en Kosovo, el origen del pueblo serbio. Como dice Bernard Féron: “Esta historia empieza y acaba en Kosovo: la cuna de Serbia se ha convertido en la tumba de Yugoslavia”.

Eran finales de los años sesenta y las tensiones en el seno de Yugoslavia se hacían cada vez más intensas, por lo que se olían nuevas reformas políticas, hasta que llegó la nueva Constitución de 1974, en la que se otorgaba más autonomía tanto a las repúblicas (Croacia, Eslovenia, etc.) como a las regiones autónomas (Kosovo y Voivodina).

En este sentido, desde 1968 los ciudadanos de Kosovo (principalmente de etnia albanesa), se manifestaban contra el poder serbio y se mostraban favorables al sistema comunista ortodoxo albanés de Enver Hoxha.

Kosovo estaba cada vez más enfadado, hasta que en 1981 comenzaron unas revueltas estudiantiles que acabaron convirtiéndose en un problema de primer orden en Yugoslavia, declarando incluso el estado de emergencia en Pristina, la capital del país.

 Durante los años ochenta, las diferencias entre la mayoría albanesa y la minoría serbia (que habitaba principalmente en el norte del país) se fueron acrecentando, produciendo una situación en la que los serbios de Kosovo se veían discriminados y atacados.

En Croacia y en Eslovenia también comenzaba a resurgir el nacionalismo, con el objetivo de seguir descentralizando a Yugoslavia y demandar más autonomía. Los problemas se hacían cada vez mayores y para acabar, Josip Broz “Tito” falleció el 4 de mayo de 1980. 

El sistema se estaba empezando a desestabilizar, acrecentado por una fuerte crisis económica. Entre el 1990 y el 1991 la economía yugoslava cayó un 23% de su Producto Interior Bruto y sufría una inflación del 2.500%. El conflicto estaba al caer. La llegada al poder de Milosevic en Yugoslavia fue la guinda del pastel, desencadenando en una mayor tensión entre las diferentes repúblicas yugoslavas, ya que tuvo la iniciativa de unificar a los serbios en un único país, bajo la idea de la Gran Serbia.  

En Eslovenia y en Croacia los partidos nacionalistas iban emergiendo, hasta que a partir de 1991 comenzaron a declarar las declaraciones unilaterales de independencia. 

En primer lugar, Eslovenia realizó en 1990 un referéndum por su independencia con una abrumadora victoria, y la disputa finalizó con la Guerra de los Diez Díasque se saldó con aproximadamente 200 muertos. La guerra en Eslovenia fue fugaz y no causó tanto dolor. Por su posición geoestratégica no interesaba tantos a los serbios y, además, tenía la composición étnica y religiosa más homogénea de todas las repúblicas. 

El caso croata fue sumamente distinto, durando cuatro años y llevándose a decenas de miles de soldados y civiles, produciendo también desplazamientos masivos. Después de que Croacia declarase la independencia los serbios entraron en escena. La parte este del país (Krajina), habitada por una gran cantidad de serbios, se constituyó como la República Serbia de Krajina. Al terminar la guerra, Croacia se quedó con los territorios.

Via EntretantoMagazine

Pero, ¿qué ocurría con Bosnia a todo esto? El país, el más diverso en términos religiosos, se encontraba en medio del conflicto, mientras que Croacia y Serbia disputaban una rampante guerra. Los bosníacos, étnicamente eslavos pero musulmanes, junto a la ayuda interesada de los bosniocroatas, declararon la independencia. 

Sin embargo, en Bosnia y Herzegovina había un 30% de serbobosnios, que se aliaron con Serbia. A partir de allí, todo empezó, y los bosníacos, huérfanos de apoyos externos, sufrieron fatídicos episodios, destacando la masacre de Srebrenica y el Sitio de Sarajevo.

El pasado y el presente no pueden entenderse únicamente mediante lo escrito en libros, sino que deben vivirse y palparse. Keynes, el ilustrado economista británico, era un gran experto en temas relacionados con la India. Sin embargo, nunca llegó a estar allí ni tuvo un amigo indio. Creo que es importante saber que el contacto con la persona local, el auténtico individuo que ha vivido el pasado y vive el presente, es imprescindible y mucho más valioso que lo que encontrarás en libros o en historias de juglares.

En este sentido, durante todo el viaje estuve pensando en entrenar jiu jitsu brasileño, una de mis pasiones. Creo que es una buena manera de conocer a la gente de un lugar, aunque sea limitado y en un tatami. Así pues, contacté mediante Facebook con un par de academias de Sarajevo y les envié un mensaje.

Las dos me respondieron y me dijeron que estaban encantados, y que incluso me dejaban un kimono para entrenar con ellos. Acepté y este mismo día me fui a entrenar con los bosnios del Ferrari BJJ Team Sarajevo. Tomé el bus, que me dejó en una zona más alejada del centro y fui hacia el gimnasio, que se encontraba en el Pabellón Olímpico Juan Antonio Samaranch. Dicho pabellón fue bombardeado durante la guerra, por lo que el aspecto estaba bastante descuidado. De hecho, una de las primeras cosas que me dijo el entrenador era que aquí habían caído bombas de los serbobosnios.

Este tipo de experiencias son realmente muy gratificantes, ya que permiten un intercambio cultural bastante curioso y enriquecedor. ¿En qué se pueden llevar un viajero barcelonés y un grupo de luchadores de jiu jitsu bosnios? En compartir una pasión y pasar horas luchando, haciendo volar a la fraternidad entre seres humanos, más allá de fronteras y naciones, aprendiendo así nuevas técnicas y, sobre todo, gente que piensa y actúa diferente.

Después de haber estado unas horas con los bosnios jiujitseros, me dirigí de nuevo al centro, al cual me llevaron amablemente un chico y su padre. Me duché y fuimos a tomar una pizza a un restaurante al lado del hostal, con un grupo que habíamos formado de manera improvisada. Seguidamente estuvimos disfrutando del ocio nocturno a base de la Sarajevska, la mejor cerveza de los Balcanes, o por lo menos la que mejor recuerdo. Muchas de esas cervezas fueron pagadas por un emiratí llamado Sultan –nunca mejor dicho-, al cual el dinero le salía por las orejas y no escatimaba en invitar, llevar relojes de oro y pagar noches en el hotel más caro de la ciudad.

Barrio turco

La historia de Sultan es cada vez más casual en Bosnia, ya que el turismo de países musulmanes se está haciendo un hueco. Los Balcanes es una región en disputa donde diferentes países proyectan su política exterior. Por ejemplo, sorprende la influencia turca en Bosnia, marcada por una trayectoria histórica y cultural, además de las petromonarquías del golfo, que han incrementado su presencia. Carteles en turco y numerosos burkas, más de los que vi en Marruecos.

Los orígenes de los pueblos sudeslavos

Agosto 2017

A la gran mayoría de las capitales centroeuropeas les gusta vanagloriarse de su situación geográfica y de su heroica historia. Si vas a Berlín, Praga o Budapest, en las guías o explicaciones te harán alusión constante de su ventajosa situación estratégica. Belgrado también cumple con esos aspectos: ha sido históricamente una ciudad en disputa por diferentes grupos, países e imperios y bebe de las orillas del río Danubio en toda su plenitud, acompañado de su afluente el Sava.  

Belgrado es y ha sido la ciudad históricamente más grande de los Balcanes. Las leyendas cuentan que ha sido reconstruida más de 40 veces, tras siglos de constantes guerras. Los orígenes de los primeros asentamientos humanos datan de hace miles de años.

Situémonos en el fin del imperio romano de Occidente, en el siglo VI, cuando los bárbaros aparecieron. En esos andares, los eslavos, venidos del Nordeste europeo, aparecieron en la región y formaron pueblos y ciudades; es decir, asentaron su civilización.

Eslavos orientales: verde bosque; Eslavos occidentales: verde menta; Eslavos meridionales; verde esmeralda.
Fuente: Wikipedia.

El término de Yugoslavia se basa en la combinación entre Yugo, haciendo referencia al sur, y Slavi, haciendo referencia a los pueblos eslavos. Se distinguen en el mundo tres pueblos eslavos: los occidentales (checos, polacos, etc), los orientales (rusos, ucranianos, etc) y los meridionales (Eslovenia, Croacia, Serbia, Montenegro, Bosnia y Hercegovina, Macedonia, Bulgaria).

Dentro de eso llamado Balcanes, complicado de por sí de definir y de delimitar sus fronteras geográficas, los pueblos sudeslavos fueron los predominantes, junto con otros como los albaneses. Cuando hablamos de Balcanes entendemos, a priori, montañas y guerra, pero la realidad es mucho más compleja.

Tras la aparición de los bárbaros, se fueron originando las culturas propias en la región del sudeste europeo, como los eslovenos, los croatas y los serbios. El reino de Serbia, originado en Kosovo, llegó a dominar un gran territorio en su reinado del XII hasta el XV, hasta que el Imperio Otomano, venido desde Turquía, apareció.

En la histórica batalla de Kosovo en el 15 de Junio de 1389 el Reino de Serbia comienza su proceso de descomposición. Una batalla que, con el paso del tiempo, se convirtió en un importante componente de la identidad nacional serbia. Concretamente, esta reivindicación de la batalla de Kosovo es especialmente importante en el acto que realiza Milosevic (presidente de Yugoslavia desde el 1989 al 1997) en 1989, pronunciando un discurso patriótico por los 600 años de la histórica derrota frente a los otomanos.

Los otomanos conquistaron los Balcanes y anduvieron allí cinco siglos, en lo que llegaron hasta Serbia y Bosnia, e incluso superando más allá de Budapest en su época de pleno apogeo. Su periodo de máximo expansión aconteció desde finales del siglo XVII hasta principios del XIX, hasta que empezó su declive mediante la pérdida cada vez más gradual de territorios. Concretamente, los Serbios protanizaron diversas insurrecciones, consolidando un Principado (un semiestado serbio) y posteriormente un estado independiente, formalizado en 1878 mediante el Congreso de Berlín. Situándonos, además, en la guerra entre el Imperio Otomano y el Imperio Ruso (1877-1878), que ganaron los segundos.

Los rusos lograron defender a los cristianos ortodoxos de los Balcanes –sus pueblos “hermanos” de los Balcanes, los serbios- y logrando el acceso al mar Mediterráneo.

El reino de Serbia en 1882. Fuente: filatelia.uy.

La historia balcánica plagada de conquistas, guerras, imperios y religiones sumamente complicada y en constante evolución, que acabó dibujando un complejo mosaico cultural-religioso en los inicios del siglo XX. Toda esta explicación, recogida de libros, conversaciones con Milan e Internet, me ayudó y me ha ayudado a entender cuestiones que me sorprendieron estando en Belgrado.

Una cuestión que nos llamó especialmente la atención fue el sentimiento pro-rusia existente. Más allá de las conversaciones, el carácter serbio y el alfabeto cirílico, nos sorprendió ver en los mercadillos camisetas de Vladimir Putin de souvenir, de todos los tipos y colores.

Partida de ajedrez previa a irnos de casa de Milan. Parece que tenga dieciocho años. Me afeié tras un arrebato y además se me ve excesivamente delgado. La cerveza que no falte. Milan me retó y le gané.

Todo esto pasó tras habernos establecido en el hostal por el módico precio de ocho euros, que aun así intentamos regatearlo. El hostal estaba francamente bien. Barato, agradable, con un toque hippy-moderno. Se dividía entre dos edificios, uno para el hall y la recepción y otro para las habitaciones. E incluso tenía una piscina hinchable en el patio, que a cuarenta grados era un auténtico lujo. Era curioso porque había como 5 o 6 personas trabajando mediante work away, es decir, con un contrato por el cual el hostal ofrecía alojamiento y desayuno gratuito a cambio de trabajar para ellos. Es una práctica bastante extendida en el mundo hostalero.

Seguidamente, fuimos a pasear por fin por el centro de Belgrado. Después de prácticamente dos días en Svezdara, apenas habíamos visitado el centro de la ciudad. A Milan no le apetecía bajar. En cierta manera, me recordó a mí a veces con la relación que tengo yo con el centro de Barcelona. ¿Para qué ir al centro si ya lo tienes todo en tu barrio?

Una cosa curiosa y divertida en Belgrado era el tema de los buses y tranvías. No pagamos ninguno porque interpretamos que así funcionaba. No veíamos a nadie pagar y cuando preguntábamos a la gente nos decía simplemente que no sabían nada. Era una cultura de colarse bastante divertida, ya que pillamos la costumbre de movernos por Belgrado mediante el bus, cogiendo buses sin mirar nada prácticamente, solamente intuyendo que íbamos hacia el centro.  

Tras las impactantes camisetas de Putin y el agradable centro de la ciudad, nos dirigimos Kalemegdan, la fortaleza de Belgrado, rodeado de unos bonitos parques. Se trata del lugar más antiguo de la ciudad, con miles de años de historia y de reconstrucciones constantes.

El nombre viene del turco y significa “fortaleza del campo de batalla”. Es enorme y posee cientos de atractivos: museos, galerías, vistas panóramicas espectaculares, restaurantes, actividades, etc. Tras nuestro primer contacto con el centro belgradense, fuimos a tomar unas cervezas con Milan y dos amigas suyas, una serbia y otra brasileña. El intercambio cultural resulta siempre muy beneficioso.

Cuando llegamos al hostal por la noche nos encontramos con una grata sorpresa. Estaba el aire acondicionado puesto a toda pastilla. A 17 grados. En comparación al exagerado calor sufrido los días anteriores, el aire se agradece. Pero nos asustamos. Aun así, durmiendo bien abrigados no pasó nada. Era un maldito congelador. 

Zagreb y las relaciones rotas

Julio 2017

Llegamos a la capital de Croacia, Zagreb, el centro politico, económico y cultural del país, que alberga un total de un millón de habitantes. La ciudad es relativamente desconocida comparación a otras centroeuropeas como Viena, Budapest o Praga.

Zagreb realmente me sorprendió. Mucho encanto y mucha vida social, acompañado de una arquitectura preciosa que combinaba lo imperial con lo balcánico.

Realizamos un free tour muy interesante por el centro, la opción más recomendable para conocer de un primer vistazo a la ciudad y recibir datos y anécdotas de la misma. Pese a su esplendor creciente sufrió una guerra hace 20 años.

Arte urbano en Zagreb

En el momento en el que llegamos a la plaza donde se ubicaba el Parlamento croata, Luka, el guía, nos hizo una pequeña reseña de la historia política reciente del país, pero sin mojarse y evitando el debate. Sin duda alguna, la guerra de los Balcanes está presente aun, causando estragos y recuerdos a las diferentes comunidades que componen a la región. En Croacia se enfrentaron serbios y croatas tras la proclamación de la independencia de Croacia en el 1991, y la guerra duró cinco años, suponiendo masacres en ambos lados y el exilio de miles de serbios (residentes en Eslavonia, la zona del este de Croacia).

Los días en Zagreb transcurrieron con calma, así que aproveché para leer y visitar tranquilamente la ciudad. Mis padres se habían ido por la mañana y me esperaban un par de días en solitario hasta fuese a Budapest. Tuve una serie de infortunios menores en aquel día, desde la pérdida de mi cepillo de dientes y de mi cantimplora, así como el ataque masivo de mosquitos que sufrí haciendo la siesta en la jardín botánico y la (creo que se lo llevó mi madre).

Después de esto fui al museo de las Relaciones Rotas, un museo único en el mundo. Me quedé un par de horas leyendo las profundas historias rotas que explicaba el simple museo, que consistía en una serie de escritos y objetos que hablaban de rupturas amorosas, familiares, de amistades y un largo etcétera. El museo funcionaba en base a donaciones reales, así que si alguien tenía una relación rota a explicar, podía donar su historia a este particular museo, que por unos cuatros euros nos podía hacer recordar alguna relaciona así que todos tenemos.

Seguí dando vueltas por el centro y me dí cuenta del apogeo del música reggaeton, presente en todos lugares y con ganas de desterrar al pop en inglés. La hegemonía anglosajona de la música va de capa y caída y ya hay expertos que comienza a decir que Despacito de Luis Fonse está marcando un hito en la historia de la música. Y es que resulta muy difícil escapar de esta pegadiza música que está llegando a todos los rincones del planeta, incluido a Croacia.

Lo latino ha llegado al mercado occidental, véase por ejemplo la versión de Justin Bieber de despacito. El reggaeton está comenzando a ser aceptado por las sociedades occidentales, que ya no lo ven únicamente como una cosa de pobres negros que hacen apología del machismo.

Al día siguiente partí hacia Budapest a las 17.00 de la tarde. El bus partió con cierto retraso, y además, en la frontera estuvimos una hora por la revisión de pasaportes. Las fronteras dan para muchas historias, de todos los colores. En la zona Schengen no existen. Sin embargo, en el resto del mundo no es así, e incluso la libre circulación se está poniendo al debate en la actualidad debido a las alertas de terrorismo.

El bus repleto de mochileros cruzó la frontera y tres horas más tarde llegamos a Budapest. Fue un pequeño infierno, siete horas de bus solo, aburrido, y sin poder dormir por la incomodidad. Y aunque no sé cómo, desperté en la estación de Budapest desubicado.

El porvenir de Croacia

Julio 2017

Tras visitar a Dubrovnik nos dirigimos a Split, la segunda ciudad más poblada de Croacia después de Zagreb, también con costa y con un importante puerto. A diferencia de Dubrovnik, se respira un ambiente más juvenil y fiestero, así como una infraestructura urbana menos cuidada. Split es conocido por sus fiestas y festivales, a la vez que posee un bonito centro histórico de la época romana. Me sorprendió lo bien cuidado que estaba Dubrovnik en general en comparación al resto del país.

Desde Split se puede ir Hvar, una isla tipo Menorca de 20 km para relajarse, con un ambiente bastante pijo y elitista en la que se pueden visitar bonitos pueblos costeros.

El verano croata es bastante caluroso, y alcanzábamos con facilidad los 34 grados durante el mediodía.

En general, la costa croata es muy apta para bañarse y disfrutar de las pequeñas calas con aguas cristalinas. Sin embargo, sería muy recomendable pillarse una cangrejeras y una esterilla para poder estar cómodo en las calas, ya que prácticamente todas son de piedra. La masificación de la costa está en aumento, con Dubrovnik y Split como máximo exponente.

Un turismo playero muchas veces hace que el coche sea imprescindible, si se quiere llegar a lugares más recónditos.

Me llamaba la atención la alemanización del turismo, lógico por la proximidad y por la influencia política y ecónomica. Acompañado de la novela que leía sobre la antigua Yugoslavia, me era imposible no imaginarme las vacaciones yugoslavas, en las que el serbio disfrutaba de sus preciadas vacaciones en Croacia, pero a que ahora han sido sustituidos por los alemanes.

Calas de piedras

Luego fuimos a Zadar, otra bonita ciudad de la costa croata, pero no tan turística. También tiene un barrio viejo muy bonito y los precios eran más bajos. En Zadar destacaba el órgano, una especie de escaleras situadas en el malecón de la ciudad que hacen un sonido musical con el agua del mar. Después de eso nos cayó una tormenta tropical y nos cogió frío, que acabamos paliando con comida típica croata.

En la costa croata se puede comer muy bien, y los platos más típicos son el pescado y el marisco, los arroces y la pasta, y la pizza, todo con un toque muy mediterráneo. Es recomendable parar en restaurantes croatas cercanos al mar y aprovechar el pescado fresco que suelen vender.

Seguidamente llegamos a Plivitce, el parque nacional más famoso de toda Croacia. La categoría parque nacional es la más alta dentro de la legalidad de los estados, lo que significa que son zonas casi vírgenes en las que está prohibido edificar.

El turismo que genera Plivitce es impresionante, haciendo un negocio increíble a pueblos que están incluso a 20 kilómetros del parque, justamente donde nos hospedamos, en un pueblucho rural con vacas y prados rodeándote. Nos encontrábamos con la tranquilidad del campo después de la simpatía playera. Incluso nos bajó la temperatura, llegando a 13 grados a las 6 de la mañana, momento en el que uno se tiene que despertar para ir a Plivitce si quiere disfrutar con tranquilidad los lagos que lo atesoran sin hordas de turistas.

Lagos de Plivitce

Los lagos de Plivitce son una visita obligatoria para cualquier turista o viajero que desee conocer otra Croacia. En un trayecto de unas 4 o 5 horas, realizas un camino, en la que puedes coger un barquito y un bus, viendo la inmensidad de los paisajes, una combinación de lagos, cascadas y montañas verdes increíble. Un paisaje difícil de superar, posiblemente de lo más bonito que he visto junto al lago Bojinh en Eslovenia. El precio son alrededor de 20 euros, con descuentos para niños y estudiantes.

A lo largo del viaje iba estudiando acerca de la historia del país, y cada ciudad por la que pasábamos tenía algo que decir a la reciente Guerra de los Balcanes. Croacia sufrió bombardeos por parte de la aviación serbia en varias ciudades, como en Zadar, y en ciudades como Karlovacko, que paramos para pasear un rato y nos pareció una ciudad desértica y sin ambiente, con una gran cantidad de edificios con disparos de la guerra.

Mientras que en algunos lugares se han podido reparar los daños de la guerra, en Karlovacko, una ciudad más empobrecida, se observa otra realidad completamente diferente. La costa croata se nutre del turismo, pero otras zonas no tienen esa suerte.

Con el fin de la Guerra Fría estallaron muchos conflictos armados. Acostumbrados a pensar que Europa es un continente pacífico y democrático, cuesta creer que  hace tan solo 20 años hubiese una guerra de tal magnitud e incluso genocidios. El análisis de conflictos es realmente interesante, a la vez que frustrante y decepcionante, y la paz se sigue construyendo, lentamente. Aprovechando su historia política me pillé un libro sobre la antigua Yugoslavia en una librería de Zagreb, que espero que me sirva para comprender un poco mejor todo lo sucedido.

En esos momentos intentamos descifrar la psicología croata, que me resultaban serios y grandes, con una fisiomanía tirando a rusia pero menos rubios, con esa fama de ser directos y hablar sin tapujos, o eso decían las guías.