La ciénaga de Zapata, parque nacional de Cuba

Agosto 2016

El viaje hacia Santa Clara transcurrió con tranquilidad, aunque sabe mal perder un día entero viajando. El agotamiento que produce tantas horas de bus se acaba haciendo insoportable.

Recuerdo una anécdota curiosa. Me estaba meando y fui al baño, en plena autopista. Cuando estaba en proceso, me digné a mirar hacia abajo y veía literalmente el suelo. Estaba orinando directamente al suelo. ¿Ecología o guarrería?

Después de tantas horas llegamos a Santa Clara y desde allí fuimos hasta la Ciénaga de Zapata, el parque natural por excelencia de Cuba y la zona más deshabitada de la isla.

Es una zona pantanosa de Cuba, con miles de especies animales y con unos paisajes preciosos, llenos de bosques, playas y manglares. Los tres días que estuvimos en la Ciénaga nos sirvieron para descansar.

El primer día fuimos a ver cocodrilos y estuvimos relajándonos en la playa, ya que teníamos la casa de alquiler a tan solo unos metros del mar. Pero en la Ciénaga, y concretamente donde dormimos, en Playa Larga, los mosquitos abundan. Mira que yo no soy propenso a las picaduras, pero eso no tenía nombre. Cuando comenzaba a anochecer, salían de caza y te acribillaban. Ni con el espray podías evitarlos. Recuerdo levantarme a medianoche para ir al lavabo y en menos de minuto me picaron como 15 mosquitos en las piernas. Literalmente acabamos huyendo de los molestos insectos al cabo de tres días.

La Ciénaga, más allá de lo bonito y lo natural que es, tiene una historia muy interesante, clave en la Revolución. En ella se desarrolló la invasión de Bahía cochinos, uno de los episodios más emocionantes y heroicos. Dos años después de la Revolución, en 1961, grupos de exiliados cubanos, con el apoyo y la organización de los estadounidenses, hicieron un ejercicio militar contra Cuba.

Durante cuatro días, las tropas revolucionarias y los mercenarios tuvieron una encarnizada batalla. Tuvimos el testimonio de un anciano que vivía a nuestro lado y que nos estuvo explicando con detalle los acontecimientos. Él participó con 13 años.  La contraofensiva del ejército de Fidel, que tuvo que movilizar tropas de toda la isla en poco tiempo, logró vencer a la invasión americana.

El siguiente día estuvimos en la Caleta buena. Pagabas 15 CUC y tenías barra libre de comida y bebida en una cala preciosa con aguas cristalinas. Estaba muy bien y no era únicamente para extranjeros. Al irnos de allí nos cayó una tormenta terrible y tuvimos que volver a casa con el taxista, un cubano llamado Chuchi que se mostró muy majo con nosotros.

Por la noche nos “colamos” en una fiesta cubana, en un sitio que se llamaba El bosque. Era un recinto abierto con mesas y un escenario, donde primero vimos un monólogo y luego vino un cantante cubano.

La experiencia del monólogo fue divertida. Nos costaba pillar las bromas, sea por el desconocimiento de su cultura o por el léxico que usaban. El monólogo trataba los temas típicos, como relaciones y fiestas, incluso estuvieron imitando a un árabe. Pero otra cosa que me llamó la atención fue la sátira política, ya que ironizaban sobre el hecho de que no podían viajar por el precio, que tampoco podían comprar carne de ternera y que cobraban poco.

Al día siguiente, después de dos borracheras, fuimos a la cueva de los peces, una lago de 70 metros de profundidad que conectaba con el mar. Había tantos mosquitos que tuvimos que irnos pronto. Estuvimos alargando el día en una playita al lado hasta que definitivamente decidimos volver a La Habana, a el Vedado, al barrio.