Rustavi postsoviética

Febrero 2019

El curso se realizaba en Rustavi, una ciudad situada a unos cuarenta minutos al sur de Tbilisi y con unos 130.000 habitantes.

Estábamos hospedados en el International Scout Centre Rustavi, un albergue financiado por Caucasus Cooperation Foundation for Youth Development, una ONG suiza que se dedica a promover el desarrollo juvenil en el Cáucaso sur. 

Rustavi es una ciudad llamativa para los ojos del curioso.

Está claramente dividida en dos mitades por el río Kura. Por un lado, la ciudad vieja, que se encuentra prácticamente abandonada. Por otro lado, la parte nueva de la ciudad, en periodo de renacimiento.

El albergue estaba situado en la parte vieja, aunque hacía frontera con el río. El ambiente invernal, la pronunciada contaminación y la sensación de soledad hacían de Rustavi una ciudad fantasmagórica y depresiva, pero con un toque único postsoviético que hacía imaginar y revivir el pasado. 

Fábrica abandonada cercana al albergue.

Tras el colapso de la Unión Soviética a principios de los años noventa el país tuvo que afrontar una grave crisis económica.

Rustavi fue una de los lugares en las que la catástrofe se agudizó con más intensidad, en la que cerraron la gran mayoría de fábricas relacionadas con el sector metalúrgico. Rustavi era el centro industrial más grande del país.

Este masivo cierre produjo el desempleo instantáneo de miles de personas. La ciudad ha ido perdiendo aceleradamente habitantes desde la casi desaparición del tejido empresarial. 

Pasear por Rustavi era inquietante. En los alrededores del albergue había edificios en muy mal estado, una estación de trenes abandonada y una iglesia ortodoxa en la que ondeaba la bandera georgiana. No había mucha densidad de población y el ritmo era lento.

Parecía que el tiempo estuviese parado. 

Las caminatas por Rustavi tenían su gracia para aquellos que disfrutan con el espectáculo visual de la decadencia postindustrial.

Había pocos coches y un par de grandes avenidas. En unos de sus supermercados probé por primera vez la churchkhela, los quesos ahumados y las sabrosas limonadas de colores.

En líneas generales, Rustavi tiene pocos atractivos turísticos más allá de la plaza central y el mercado, que se encuentra prácticamente escondido), pero puede resultar interesante para conocer otra realidad.